Arrimos a la Poesía de Sonido: la idea de componer

Reflexiones en torno a las artes sonadas

Por Pia

01/06/2015

Publicado en

Artes / Cultivos Chilenos

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Esta fecundación de la idea de contemplar y componer por medio de la escucha experimental, explorando tanto los sonidos naturales, como electrónicos y musicales, se traduciría en esta proliferación de muestras sobre el sonido en el arte y sus arrimos a la poesía fonética, ahora, visualmente: en no utilizar las notaciones simbólicas del alfabeto musical en la construcción de piezas sonoras; tales como llaves, compases, alturas o el propio pentagrama de cinco líneas. Porque se trata de morfemas libres en la página, de un tipo de alfabeto cantado que deambula entre la improvisación, la ruptura de la sintaxis, el happening y cierta estructura que se desarticula una y otra vez sobre sí misma al momento de su ejecución.

So-no-ri-dad y visión en la ciudad. Producción de sonido en el campo, a orillas del mar, sobre una duna. Sonoridad y visualidad artificial, natural, extraviada, como al parecer el sonido se pierde entre los recovecos. Semántica audible, capturada y manipulada en el ordenador, acústica de bajo volumen permanente; silencio aparente, memoria como resonancia.

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Qué oímos, cómo oímos, qué decimos, cómo lo decimos; el sonido casi en su generalidad y también en poesía fonética, se transmite a partir de un movimiento físico, de uno, de dos y de tres movimientos corporales del intérprete, por medio de su voz o bien activando una máquina, una grabación, de forma que desplaza su cuerpo entre la materia, generando el espectro audible, arrancando la conciencia del sujeto como postula Deleuze y Guattari en razón de abrirse a la producción del deseo: Así como nuestro desplazamiento corporal dice algo al declamar, son también la percepción intelectual y sentimental, que a través de la evolución de ondas de esta triangular, ingresan y salen del cuerpo, dicen algo, comunican una y otra voz.

Composiciones, Movimiento corporal, experimento humano imprevisible, composiciones destempladas: como si el instrumento vocal desde ya nos proporcionara esa posibilidad de componer una pieza sonora amenazada que implica la desorganización de todo ritmo, melodía y armonía en cuanto aparece este interés de componer poesía sonada: un inventario de signos, al menos, ese es y será el ejercicio: una contemplación errática del paisaje, coherencia ruidísta, frecuencias moduladas que se anotan a través de un imaginario que es poético. ¿Y cómo han cambiado los empates de reproducción y recepción de la onda sonora en poesía? Y ¿Cómo entonces influye en la forma de “la escucha” en nuestras composiciones? Entonces… ¿Cómo se compone hoy en poesía de sonido? ¿Por qué esta ¿evolución? de la ¿gráfica? fonética? Estamos parados frente a un viento sin clavijas en el contexto de un tiempo inquieto y desarticulado.

Duración y desarticulación, temporalidad y torsión vocal, duración, como el único rasgo musical que abraza al sonido y al silencio, pues ni la altura ni el timbre, ni la intensidad están presentes en ambas cualidades. Desarticulación, como la vivencia misma; el cuerpo se manifiesta y resiste en la época actual.

De allí esta interpretación del mundo, que nos parece de tal sublimación, como si estuviéramos oyendo la entonarruidos de Luggi Russolo detrás una cascada. Que se parece al mundo reencontrado con el ruido, donde basta con pulsar la tecla de un piano en pleno tráfico y sentir la plenitud de esa nota en la bulla más desorganizada: hay que levantar nuevas propuestas por medio de la composición desvinculada, ida de ese espectáculo anunciado por Debord.

Por Pía Sommer

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