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Baila miserable

No es circunstancial que los momentos más interesantes en la música de Los Miserables estén dados por la casualidad. En este caso, dentro de su última placa, “Alegría y subversión”, el ejemplo es la versión de “La cotorra”, original de Perucho Conde. Y es que luego de casi 20 años de escuela punk, rock y la manoseada música con contenido, la banda liderada por Claudio García no hace esfuerzo alguno por reinventarse. Sin embargo impregna suficiente energía y descontento en canciones que no superan los 3 minutos y que, aunque a muchos les guste: llenan fácil un lanzamiento; y convierte un reducto tan inapropiado para el beat agitado de los de La Cisterna, en una auténtica caldera.

El show realizado en la SCD de La Florida el pasado 23 de junio, fue un repaso exacto del álbum publicado bajo Feria Music hace pocos meses. Doce canciones contingentes, amenizadas por el tono humorístico de Pedro Ruminot. Miembro de “El Club de la Comedia”, el popular “Hombre ardiente” participó además como presentador del show y efectuando breves apariciones entre canciones, con sus conocidos monólogos.

Con Mariano Pavéz y Javier Silvera, -amigos invitados en el escenario-, Los Miserables mostraron dominio sobre sus estilos, con guiños frecuentes al ska heredado de los vascos Kortatu. Y aún con los integrantes históricos que cedieron ante el instrumento contrario, Oscar “Amapola” Silva en guitarra; Patricio Silva en bajo, la fórmula funciona. Y lo hace porque las letras continúan reflejando lo peor de las noticias y las conductas más despreciables de la gente. El sello miserable. Por eso parece tan lógico oír canciones como “Suicidio habitacional”. Y, a la vez, hace tan innecesaria la cumbia “Nadie entiende”.

La rabia miserable continúa atrayendo a un público fiel. Los fanáticos que repletaron la sala son la explicación por la que los autores de “Progreso” siguen trabajando luego de casi una veintena de discos. Porque son una necesidad. Repetida dirán algunos. Cansadora dirán otros. Pero finalmente, un núcleo infaltable de músicos enojados, que esta vez quisieron ver lo malo a través del humor. Que aunque ignoren el virtuosismo a la hora de tocar los Dos Gallos o El Origen de la Violencia, con luces rojas y los niveles a mil, hacen su trabajo como obreros del rock…y cumplen.

Texto: Francisco Padilla, integrante de Drakos
Foto: Evelyn Cazenave
Onda Corta
El Ciudadano

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