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Brújula

Probablemente las siguientes palabras que se infiltren en tu mente no tendrán el más mínimo impacto en el acontecer humano. Eso de que el vuelo de una mariposa  en África puede generar una tormenta en América parece ser que no es cierto,  o al menos no se percibe como verdadero, en el acotado tiempo disponible para experimentar todo lo que de humano tengamos. Un fantasma desolado, harapiento y que ya ha abandonado toda esperanza, como siguiendo las instrucciones puestas por Alighieri en las puertas del infierno,  recorre mi alma. No sirve de nada  teclear  hasta que el pulpejo se desangre o alcanzar un atisbo de verdad al intentar desnudar una idea superando el pudor que nos inmoviliza. Lo que se escribe no tiene utilidad, es un desecho de la vanidad y un relave de nuestra ansia de inmortalidad. Clarificado este punto, me siento libre para conectarme con mis profundidades y si en este camino  logro rozar por azar, el ánimo inquieto de alguien o logro abrir una puerta a una sensibilidad no descubierta, se abrirán tantas posibilidades que finalmente nadie sabrá si terminarán en buen puerto. A navegar, entonces con las velas desplegadas, sin rumbo fijo y solo como brújula la escurridiza verdad.

Creo en lo relacionado que están las cosas, incluso que cada elemento tiene en su interior su contrario y que deben estar ambos opuestos para que puedan existir, sin embargo  pensar que un texto, una pintura o una obra musical, pueda generar  un cambio en la sociedad, es ir por el camino equivocado y un poco a ciegas voy tanteando las rutas alternativas. Pienso en las grandes obras de la literatura universal, desde la biblia hasta el Quijote o desde el tao hasta el principito y ellas no han evitado la calamidad de un futuro amenazado por el desquicio del capital y la podredumbre espiritual que nos tiene viendo en Chile los vestidos de unas modelos en la gala de un festival musical.  Se me viene a la memoria el  “Guernica” pintado por  Picasso en el año 1937, como una forma de representar el horror de la masacre  provocada por  la aviación alemana  en el indefenso poblado  durante la guerra civil española. Este colosal cuadro no ha impedido desde esa fecha hasta el presente  las innumerables guerras que asolan como epidemia a la tierra y que cada vez en forma más descubierta han tenido como principal objetivo  apoderarse de los recursos e imponer un lucrativo sistema que privilegie a los de siempre.  Y en el área musical que pena ir a escuchar la extraordinaria obra de Roger Waters “The Wall” y pensar como un bello grito lleno de melodías rockeras insultantes contra la alienación del consumo, se convierte ella misma y absorbida por el sistema, en un producto más del consumo cultural, llegando a una masa que sueña con consumir latas de cerveza y nuevos espectáculos musicales, al estilo Simpson,  sin profundizar en lo más mínimo en las radicales canciones de este genio musical.

Rodando por la cuesta, intento aferrarme a una hierba del camino que me da tiempo para sentir que afortunadamente la razón no lo abarca todo y que desde ese espacio ubicado más allá del horizonte de mi mente, surgen oleadas vibratorias que pueden frenar el desconcierto del sin sentido del actuar humano. Una espuma sutil y delicada, como una nota sostenida en la fragilidad de la noche y que en mágicas ocasiones se transforma en un beso al despertar.

Es raro y contradictorio pensar que pueda existir un camino que se nutra con lo que no abarca el pensamiento. Es como pensar sobre qué cosa se expande el universo. Sumidos en este oscuro misterio, podemos atisbar, desde nuestra caverna y a pesar de nuestra miopía, un espacio para las emociones y para buscar en las profundidades de nuestro ADN ancestral o mitocondrial algo parecido a lo que emana del corazón.

Todo se lo lleva el tiempo, incluso el universo como lo conocemos, puede tener sus días contados. Los bienes materiales, la fama y la belleza externa también se van con el viento, bien lo sabemos y lo vivimos, pero eso no significa que en el aquí y en el ahora nos sigamos revolcando en el lodo. Entonces  ¿Cómo detengo este aluvión que me funde con la nada? ¿A qué ilusoria idea podemos aferrarnos?  O ¿De qué pozo sacamos la energía necesaria para continuar? Buscar  la belleza en todas las cosas, como un camino platónico, para luego sumergirnos en la belleza interna hasta poder contemplar o acercarnos a la belleza en sí, fue el bonito camino sugerido por los filósofos clásicos, en los tiempos de la destruida acrópolis de Atenas,  sin embargo, algo no cuadra y choca con la realidad al reflejar estas ideas con el prisma de la historia. Por un lado el contradictorio fluir y de que nada permanece, cambiando continuamente la belleza su rostro, por lo tanto imposible de amarrarnos a ella en forma permanente y por otro como seguimos tranquilamente este camino hacia la belleza, mientras la sociedad se eclipsa en su injusticia y se extingue la flora y fauna de lo que nos rodea.

Estas dudas impulsan  mi caída y antes de estrellarme con el fondo del abismo, rescato de los griegos, que lanzan sus salvavidas de la borda, una sola cosa, el ansia o el deseo de encontrar la belleza, la justicia, la virtud y hasta esa temida palabra amor,  en cada piedra y recodo de mi despeñadero.

Por Álvaro Pizarro Quevedo

25 de febrero 2013

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