BUFÉ, Carlos Basso: “La historia de Chile tiene intriga y misterios sin resolver”

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Como si fuera una tema de una de sus novelas, le acaban de bajar sus dos sitios de investigación periodística: Documentomedia y el diario electrónico W5, pero Carlos Basso prefiere no hablar del tema por ahora.

El periodista y escritor nacido en Osorno disfruta del éxito de best seller “Código Chile” y le gusta explayarse sobre este texto y sobre otros temas que lo apasionan como el mal, el crimen organizado, la historia y la ficción que ha plasmado en libros como “América nazi”, “Los pasos perdidos de Shakespeare”, “La CIA en Chile (1970-1973)”, “El último secreto de Colonia Dignidad”, “Los enigmas del caso Matute Johns”, “De Sarajevo a Nueva York. Breve historia del terrorismo”, entre otros.

Sus héroes de infancia en la lectura son Julio Verne, Arthur C. Doyle y Emilio Salgari y más tarde, Umberto Eco a quien le hizo un guiño en uno de sus libros. Y en el género negro admira a James Ellroy, la francesa Fred Vargas, Phillip Kerr y su serie sobre el policía alemán Bernie Gunther.

“Código Chile” va a la tercera edición con más de diez mil ejemplares vendidos, prepara para octubre una nueva novela con algunos de los personajes de ese texto. Este verano anduvo viajando por Perú, Argentina y Uruguay, en medio de la preparación del nuevo libro. Agitado comienzo de año para Basso.

DEL PERIODISMO A LA CALLE

Tu camino parecía estar en el periodismo de investigación pero de pronto diste un vuelco hacia la ficción ¿Por qué se produjo este cambio o ambas cosas están directamente relacionadas y finalmente todo es un relato?

No hay ningún cambio, creo, ni tampoco tengo la ambición de construir un “relato”, una “obra” o algo así. Soy un simple escribidor compulsivo que, como tal, escribe de todo. La ficción es algo que vengo experimentando hace más de 10 años y “Código Chile” es mi tercera novela, y en ese transitar por distintos géneros he hecho de todo, y me interesa todo: la no ficción, por cierto, pero también el thriller, la novela épica, la ciencia ficción, etc.

Develar una verdad parece ser una ética de tu trabajo que ahora se ha vuelto una estética. ¿Hasta dónde te interesa llegar?

Nunca he tenido la ambición de llegar a alguna verdad irredargüible ni de iluminarle el camino a alguien, así es que en ese sentido lo que me interesa es escribir y mi ética de trabajo dice relación con tratar de hacerlo lo mejor que pueda, dentro de mis escasas capacidades, pero insisto en que no soy el poseedor de ninguna verdad, así es que malamente podría querer imponerle algo así a alguien.

Por la cercanía y localidad ¿Hay aún temas pendientes con La Colonia Dignidad o el caso Matute?

Colonia Dignidad sigue siendo un tema absolutamente vigente y que a la mayoría de los medios ya no le interesa, pero a mí sí y por ende sigo trabajando en ella y, de hecho, tengo pendiente la publicación de un libro sobre los archivos desclasificados de la colonia. Respecto del caso Matute, hace muchos años ya que no lo cubro.

¿Es cierto que mientras investigabas el caso Matute tu casa fue allanada misteriosamente?

No, y es primera vez que alguien me menciona algo semejante. Si lo dices por lo que le pasaba al protagonista de la novela “Desaparecido en Concepción”, a quien se le metían al departamento, lo repito una vez más: esa es una ficción, una novela, que si bien partía con una desaparición muy semejante a la de Coke, luego se despegaba completamente de esa historia.

Pregunta al periodista ¿qué te dio la calle y el periodismo policial para llegar a donde estás?

No sé exactamente donde estoy, pero si sé lo que me dio el periodismo policial, el de antaño, que efectivamente era de calle, de mucho roce con policías, con víctimas, con abogados sinvergüenzas, con poblaciones con “soldados” en las esquinas, etc., y eso es un conocimiento del mundo real que, creo, muy pocos tienen. En ese sentido, creo que el haber sido periodista de una sección policial a la antigua fue un privilegio y además un laboratorio inmejorable como para haber mirado de cerca de los seres más malvados que uno pueda imaginar.

LOS CÓDIGOS DEL “CÓDIGO CHILE”

No te parece que tu novela pudo tener otro título porque la referencia a Código Da Vinci es muy directa?

Si me lo hubiera parecido le habríamos puesto otro título, pero en realidad hay muchas novelas que tienen la palabra “código”, y eso no lo descubrió Dan Brown, ni él tampoco fue quien descubrió el género del thriller histórico. En ese sentido, creo que el título que dejamos al final fue el mejor, pensando en que fuera un título lo suficientemente atrayente como para que la gente leyera el libro.

Más allá del éxito de ventas de esta novela, en tus encuentros con los lectores chilenos ¿qué te han dicho?

Mucha gente me ha contado que ha leído el libro caminando por Santiago, redescubriendo lugares por los cuales antes pasaba todos los días sin prestar mayor atención, y que les ha gustado mucho el mix de ficción y realidad. Ha sido un proceso muy grato, muy amable y donde además ha sido clave la buena tela de otros escritores y amigos, como Jorge Baradit o Pancho Ortega.

Dónde según tu, ¿está la clave del éxito de este texto y por qué?

Creo que lo principal reside en el hecho de que se trata de un libro que genera sentimientos de identidad. Es un texto que utiliza una técnica narrativa probada en todo el mundo y que tiene gran éxito, pero que siempre se nos cuenta en clave europea o norteamericana, y que cuando se adapta a nuestra realidad inmediatamente despierta sentidos y sentimientos que parecían estar dormidos.

Me parece que “Código Chile” le abre al lector varias puertas hacia referentes literarios, por ejemplo “El subterráneo de los jesuitas” del masón Ramón Pacheco y que fue éxito de ventas casi comparable al de “Martín Rivas”

Claro, de hecho ese libro está mencionado en “Código Chile”, donde también aparece mencionada la “Historia secreta de Chile”. Hay una intertextualidad que es inevitable, e incluso una intención de homenajear a Pacheco. El género del folletín siempre ha sido muy importante en el mundo y en Chile, y junto con Carlos Latroph, Ramón Pacheco fue uno de sus mayores expositores.

¿Los jesuitas siguen siendo tema para relatos de ficción ¿Por qué?

En mi caso particular, estudié en un colegio de jesuitas, por lo cual conozco bien su pensamiento, sus métodos y sus personalidades y desde siempre me han parecido dignos de novela. Por otro lado, a nivel masivo, creo que en todos nosotros existe el meme (entendido en su sentido original, el de una unidad de información básica que se transmite de generación en generación, como lo describe Richard Dawkins en “el gen egoísta”, y que lucha por su sobrevivencia) relativo al poder oculto de los jesuitas, producto de sus 500 años de existencia, que incluyen el haber sido en algún momento el mayor poder económico de América Latina, el haber sido expulsados de las colonias de España, de España y otros países, el llevar siglos a cargo de la confesión de las élites, etc. Si bien hoy por hoy los jesuitas no poseen la misma exposición que tenían antes (pese a que por primera vez tienen una papa de su orden), mi impresión es que todos llevamos esa información básica en el cerebro, almacenada de algún modo, y por eso nos resulta tan atractiva.

Finalmente en “Código Chile” una ciudad se puede leer a través de signos y códigos. Te atreves a proponer una lectura similar por ejemplo, para una ciudad como Concepción?

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Puede ser, pero Concepción, ciudad que me encanta, tiene desde el punto de vista morfológico un grave problema: los terremotos han tirado abajo toda la arquitectura colonial que alguna vez tuvo. Incluso en Chillán sobreviven construcciones muy antiguas, igual que en todo el resto de la zona centro de Chile, pero en Concepción prácticamente todo se ha caído.

HISTORIAS, ENIGMAS Y EL MAL

Ritos, códigos, claves y mitos están en tu novela. Joseph Campbell, el autor de “El héroe de las mil caras” señala que son arquetípicos que tratan de los grandes problemas humanos y nos dicen dónde estamos y tal vez para dónde vamos?

No sé si nos digan hacia donde vamos, pero ciertamente el ethos de un pueblo se compone en buena parte de sus mitos, de sus costumbres y de sus símbolos. En Chile siempre se nos ha enseñado una historia chata y plana, en circunstancias que es muy atractiva y llamativa.

¿Por qué tienes esa opinión?

La experiencia, si yo también fui al colegio y así como tuve algunas clases de historia soporíferas, tuve otras tremendamente entretenidas y activas, gracias a algunos notables profesores que transmitían su pasión por lo que enseñaban. Ahí descubrí que la historia chilena no era una letanía semejante a la de las señoras que cantan el rosario, o una tortura como el álgebra de Baldor, sino una cuestión viva, apasionante, llena de acción, intriga, misterios, y de la cual aún quedan mil cosas por explicar, como –por ejemplo- el real papel que jugó Inglaterra en la Independencia.

El Sur como espacio natural, humano y mítico, ¿puede ser un mejor lugar para ficcionar?

Todo Chile, así como América Latina, es un espacio ideal para ficcionar, incluso las locuras más sicodélicas del mundo, y allí están los autores del boom para probarlo… y claro, el sur profundo de Chile, donde yo me crié, entre lagos, helechos gigantes, niebla impenetrable y volcanes milenarios, es un sitio perfecto para situar una novela. De hecho, luego de que termine lo que estoy haciendo ahora vendrá un nuevo libro que usará a fondo esos escenarios…

Compartes la escena de la nueva novela histórica chilena con Baradit, Ortega, Tromben o José Miguel Martínez. ¿Crees que pueden contribuir hacia un verdadero interés por la historia más dura o a la intrahistoria como decía Ortega y Gasset o, o será un asunto de la literatura?

Lo que ha pasado estos últimos años dice relación con un interés renovado en la historia, con un afán de entender justamente quiénes somos, de dónde venimos, y en ese contexto no me cabe duda que hoy día tenemos un público lector ansioso de saber más acerca de su historia y, sí, ese es un mérito de los escritores que mencionas, qué duda cabe. Lo interesante sería que ahora los profes de historia aprovecharan este boom y lograran transmitir a sus estudiantes lo apasionante que es ese ramo.

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En este relato hay dos temas potentes: el nazismo y la CNI que son, según tus propias palabras “de las “presencias más perversas que ha conocido el mundo”. ¿Estás lejos o cerca de la frase de Hannah Arendt sobre “la banalidad del mal”?

El tema de mi tesis doctoral es justamente el mal y, específicamente, lo que Kant llamó “el mal radical”, que llegó a su máxima expresión con el nazismo, luego del cual la gran filósofa Hannah Arendt teorizó acerca de lo que llamó “la banalidad del mal”, al reportear el juicio en contra de Eichmann, para la revista The New Yorker.

Ahí creo que existe una confusión respecto de qué es lo que ella llamó de tal modo, pues esa “banalidad” del mal que vio en Ecihmann se refería a la superficialidad con que un burócrata (que es lo que era Eichmann) hacía su trabajo, cumpliendo con las órdenes que le encomendaban, aún cuando supiera que aquello era malo. Desde ese punto de vista es que Eichmann era “banal”; es decir, era un simple engranaje de una máquina que sabiendo que algo era malo, lo hacía porque se lo mandaban.

Sin embargo, el “mal radical” es otra cosa, es lo que Georges Bataille denominó la “hipermoral”, una suerte de moral más allá de la moral, una moral perversa, en la cual se inflige daño a otro no porque alguien lo mandó, sino porque se goza con ello. Klaus Barbie, el “carnicero de Lyon”, es un gran ejemplo de ello. En el juicio que se siguió en su contra en Francia abundaron los testimonios de cómo se reía, de cómo gozaba torturando a sus prisioneros y sus prisioneras. Lo mismo puede decirse de muchos agentes de la DINA, que gozaban torturando a sus víctimas. Basta leer sobre el guatón Romo, por ejemplo, para entender que allí no había banalidad alguna, sino el sadismo más puro que ha existido.

Desde ese punto de vista, delincuentes como Contreras, Romo, Barbie y Paul Schäfer (por supuesto), entre otros, están en un peldaño superior al de delincuentes como Eichmann, pues el mal que radicaba en ellos no era banal, sino radical.

¿Por qué los dos nazis muertos en el comienzo de la novela son de la SS-Ahnenerbe, entidad destinada a investigaciones de la raza germana y relacionada con las teorías sobre el ocultismo nazi?

En realidad son más de dos los nazis pertenecientes a la Ahnenerbe en la novela, y el motivo de ficcionar con ellos es muy simple: a mi gusto, esa unidad de las SS, dedicada entre otras cosas a buscar artefactos místicos por todo el planeta, era la más absurda y misteriosa de todas, por lo que me parece imposible no escribir acerca de ella, máxime por la presencia que tuvo en América Latina.

Teorías de la conspiración, intriga, enigmas, secretos. ¿Compartes la tesis de la periodista Gabriela Weber y su libro “Los expedientes Eichmann” que relaciona el terremoto de Valdivia, la captura de Eichmann, pruebas atómicas y los servicios de inteligencias de Argentina, Israel y EEUU?

Jajaja, eso podría ser una bonita trama para un thriller de fantasía alucinógena, eso es todo lo que diré.

 

Por Rodrigo Pincheira Albrecht
BUFÉ / Concepción

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