Disco: Cuerpo Repartido de Banda Conmoción

En este remache final del año ha aparecido el nuevo segundo álbum de la Banda Conmoción como para coronar un año lleno de crecimiento y consolidación, con viaje a la expo Shangai incluido

Por berenguer

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Artes / Música

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En este remache final del año ha aparecido el nuevo segundo álbum de la Banda Conmoción como para coronar un año lleno de crecimiento y consolidación, con viaje a la expo Shangai incluido. Como sostuve en mi comentario sobre su álbum debut, Conmoción es una agrupación para ser experimentada esencialmente en vivo. Pero este segundo disco arroja resultados interesantes y algo contradictorios a la vez. Veamos.

De partida, el sonido del disco tiene diferencias siderales en relación al sonido del disco anterior. La mezcla está mejor distribuida en el espacio sonoro y la ecualización permite distinguir con claridad las voces y la percusión sin que éstas sean anuladas por la presencia dominante de los bronces. Las voces están grabadas sin tanta reverberación, lo que hace que las letras se puedan seguir ya que no hay tanto eco en una suerte de combinación acústica de carácter seco con la frondosidad y el estruendo que caracteriza la música del grupo.

Este disco se puede bailar y disfrutar en jarana pero también se puede escuchar, ésa es la diferencia, ya que una secuencia donde se incluyen las pistas de la bizarra versión instrumental de “Maldigo del alto cielo” de la Viola, junto a “Días y Noches” y “Marcha” hace que se oigan como una sola gran suite, pero cuyo valor estético se apoya en la posibilidad de ser apreciadas como composiciones, más que como piezas dirigidas únicamente al cuerpo.

Banda Conmoción ha madurado y la síntesis de su identidad musical está mucho más asumida, con lo que la hibridez del disco anterior queda superada. La banda suena con fiato y mucho más compacta y menos ondera que hace un par de años atrás. Se trata de una buena muestra chilena de “música del mundo” o “worldbeat” como se conoce a este género desde comienzos de los años ochenta cuando músicos señeros como el africano Fela Ramsome Kuti o el pakistaní Nusrath Fateh Alí Khan, marcaron el camino. Música chilena que recoge un poco de aquí y de allá con un resultado más que aceptable, pero que ¡ojo! ahora suena a chileno y menos oportunista que el agitanado e impostado temple del disco debut. Creo que este grupo ha sabido evolucionar hacia una dimensión musical donde los progresos son más que evidentes. La producción es más profesional y el resultado final es un paso adelante en relación a lo exhibido en el disco primero.

El arte y la producción del álbum es muy cuidado y con un acabado diseño plástico. Se reconoce mucho que no figuren esos absurdos agradecimientos donde usualmente cada músico agradece a dios, a la polola y al perro del vecino por el favor concedido y que son un tremendo fastidio. El set de fotos sugiere una atmósfera cercana de lo que el grupo consigue en directo y el librillo interior es un apropiado complemento del disco. Se agradece que Oveja Negra tenga como política editorial publicar sus discos en digipack ya que eso es un valor agregado como resultado objetual, por muy fetichista que esto suene.

Ahora bien, dije que asoman algunas contradicciones en la escucha del álbum y a eso quisiera referirme: Banda Conmoción no ha dejado de pertenecer a un ámbito alternativo y segmentado en relación al público que los escucha. No sé si la política del grupo se dirige a mantener el target exclusivo de público habitual: universitarios y muchachada de izquierda, intelectuales psicobolches y sectores habitualmente politizados y gustadores de la música latina, pero me pregunto qué le falta a este grupo para romper el ghetto y enfrentarse a la masa popular sin ser populista o demagógico. Un ejemplo de esto último lo aporta Juanafé, que empezaron como cumbiamberos progres y poco a poco han proyectado su sonido a un público más amplio sin dejar de ser una banda de música popular. Me pregunto por qué el público que baila con Américo o Leo Rey no podría bailar con Conmoción… después de todo las cumbias románticas de Américo o La Noche no son tan distintas en  espíritu a la “Rumba pa’ella” que figura en este álbum y no hay tanta segregación estilística entre unas y otras. ¿Es éste, el ambiente de boliches y espacios matapenqueros, el habitat natural de los miembros de Conmoción? ¿No hay gato encerrado? Y si no es así ¿por qué entonces este grupo todavía no puede salir del ghetto pese a sus esfuerzos y su vocación popular? Dejo enunciadas estas preguntas como una manera de tomar en cuenta lo que viene para este grupo en el futuro.

Ahora, para terminar, algunas objeciones: las cumbias del disco tienden a asimilarse en un mismo plan armónico y rítmico lo cual semeja cierto esquematismo. Es posible que si juntásemos todas las cumbias en una sola pista, el oyente quedase con la impresión de haber bailado todo el rato la misma cumbia, ojo con esto, que puede fatigar de antemano el material rumbero del grupo.

Lo otro que me causó definitiva disonancia fue el rap del final donde Subverso colabora. Creo que este track adolece de muchos defectos asimilables a los grupos musicales de izquierda. De partida hacer un rap aportando solo líneas de vientos no es propio de Banda Conmoción, que aquí no aparece por ninguna parte entre tanto scratch y sampleo agobiador. Por otro lado, hay que ser autocríticos con el manido discurso de izquierdas: ¿hasta cuándo la izquierda chilena, en su afán de ser políticamente correcto, habla solamente desde la tragedia? Uno compra y lee diarios como El Ciudadano o el lamentablemente finito Diario Uno y lo único que ve es el catastrofismo apocalíptico de una izquierda agujereada por sus diferencias y diagnósticos y que en veinte años no ha sido capaz de plantear un proyecto coherente, viable y razonable para este país.

¿Hasta cuándo nos quejamos como si todavía tuviéramos a la CNI encima? No se trata de no ver la realidad, pero tampoco se trata de vivir agobiados por el martirologio casi ontológico de la izquierda chilena.

Que durante veinte años nos hayamos mirado el ombligo sin ser capaces de recuperar la encarnación popular que alguna vez tuvimos en Chile y nos hayamos quedado en puras lamentaciones y dolidas confesiones de quimeras políticas es culpa nuestra y no de la derecha, que no ha hecho si no aprovechar el espacio que la izquierda le cedió.

Y la música debe hacerse cargo de esto con talento y altura de miras, ya satura seguir oyendo canciones de quejas y de frustraciones cotidianas, es hora de que aparezcan nuevos clásicos musicales como “La Muralla” o “Todos Juntos” o “ Charagua” y abandonar definitivamente el módulo de cantar para los convencidos que cada vez somos menos… el porvenir es largo dijo alguien por ahí, y tal vez sería bueno bailar de nuevo combativamente pero bailar también con gozo y erotización.

Por Fabio Salas Zúñiga

Es escritor, académico y licenciado en literatura. Ha desarrollado una vasta labor como investigador en el campo de la música chilena. Actualmente ejerce la docencia en diversos centros de enseñanza superior. Ha publicado, entre otros: “El grito del amor”, “La primavera terrestre. Cartografías del rock chileno y la nueva canción chilena”, “Aguaturbia, una banda chilena de rock” y “Crónicas infames para un pueblo demente”.


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