Dos plumas ecuatorianas destacan en la literatura hispanoamericana

Los clásicos de la literatura mundial siempre serán lectura obligada y hasta de cabecera para muchos, pero en el particular de la posmodernidad, este año dos plumas ecuatorianas han sentado las bases en la literatura hispanoamericana, recibiendo el reconocimiento incluso de grandes medios.

Es el caso de los libros Mandíbula y Pelea de Gallos, textos que han sido considerados en la selecta lista del suplemento cultural Babelia, del diario El País, de España, y el prestigioso The New York Times. Sus autoras, Mónica Ojeda y María Fernanda Ampuero, respectivamente.

De la primera autora, Mónica Ojeda, scon apenas 30 años de edad, es considerada como una de las novelistas más relevantes de la literatura latinoamericana contemporánea. De hecho, en 2017 fue incluida en la lista Bogotá 39-2017 como una de los 39 mejores escritores latinoamericanos de ficción menores de 40 años.

Es licenciada en comunicación social con mención en literatura, título obtenido en la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil. Su primera y gran obra literaria es La desfiguración Silva, con la que ganó el Premio ALBA Narrativa en su edición de 2014.

Su libro es reconocido por “el seguro nivel de su escritura y estilo, su compleja y acabada narrativa; la utilización de lenguajes que provienen de diversas vertientes del arte contemporáneo, y el aprovechamiento de aforismos y recursos formales que se incorporan al texto”.

Ojeda posee otras obras, como su poemario El ciclo de las piedras (2015) y Nefando (2016), su segunda novela, también reconocida por el diario español El País, que lo valoró como el “nuevo boom de literatura latinoamericana. También escribió Caninos (2017).

Ahora, su Mandíbula, en el que retrata, de acuerdo con la autora, “el miedo en sus distintas formas”, ocupa el numeral 12 de los 50 mejores libros del 2018 en la lista elaborada por el suplemento cultural Babelia.

“Antologada en la selección de autores latinoamericanos jóvenes ‘Bogotá 39’, la escritora ecuatoriana (Guayaquil, 1988) se ha convertido en una de las revelaciones del año con su segunda novela: una historia de adolescentes en un colegio del Opus y una escritora en estado de gracia. Mundo ‘millennial’, gran literatura. – Mandíbula. Mónica Ojeda. Candaya”, publica Babelia.

Los libros han sido seleccionados por un jurado formado por 40 expertos (críticos literarios, escritores, editores, libreros, periodistas) que participaron en una votación organizada por «Babelia», detalló el diario La República.

Según detalla El Comercio, “la novela de Ojeda fue publicada con la editorial catalana Candaya. Mandíbula, según se describe en la página de la editorial, sigue la historia de una adolescente fanática del horror, quien despierta maniatada en una cabaña en medio del bosque. Esta historia trata sobre el miedo y su relación con la familia, la sexualidad y la violencia”.

Modestia aparte, ella dice de su obra: “no considero que sea una novela especialmente audaz o más audaz que otras que están escribiendo mis contemporáneos (…) no escribo en absoluto con la intención de ser audaz, lo que pasa es que tengo una poética de escribir desde fuera de los tabús, desde fuera de la idea de una escritura comedida que es algo que no me interesa, me interesa tener experiencias emocionales y mentales extremas cuando estoy escribiendo, entonces de ese modo me salen libros que pueden parecer excesivamente audaces, aunque en realidad pienso que no lo son”.

Y explica con sus propias palabras de qué va este libro: “Es una novela que aparenta ser un thriller, aparenta o tiene momentos perturbadores e inquietantes de terror, aunque no es una novela de terror tampoco; entonces digamos que es una novela que echa maná sobre distintos géneros, para tratar problemáticas psicológicas humanas muy fuertes que tienen que ver con la represión de nuestra sexualidad, discursos bastante formativos respecto a la feminidad y cómo esto afecta a las relaciones que existen entre hombres y mujeres, pero sobre todo entre mujeres”.

Pelea de Gallos

Con un poco más de edad y experiencia, su coterránea María Fernanda Ampuero es autora de Pelea de Gallos, obra que figura entre los diez libros de ficción del año, y lo hace junto a otros grandes clásicos mundiales.

Ampuero ha publicado tres obras y varios artículos en diferentes diarios y revistas de distintos países, entre ellos la Internazionale de Italia, Samuel de Brasil, Quimera y FronteraD de España, Gatopardo de México, SoHo de Colombia/Ecuador y Mundo Diners de Ecuador. Sus grandes obras son Lo que aprendí en la peluquería (2011) y Permiso de residencia (2013).

Su libro de cuentosPelea de Gallos fue publicado con la editorial española Páginas de Espuma. Narra desde diferentes voces el hogar, ese espacio que construye ―o destruye― a las personas, aborda los vínculos familiares, las relaciones de poder, la solidaridad y el abuso.

Esta es su primera colección de relatos, a través de la cual retrata la cruda realidad que se vive en el continente americano: problemas de violencia, desigualdad e hipocresía de la sociedad. Según destacan, “el lenguaje con el que se maneja la obra está fuera de relacionarse con algún modismo o jerga que identifique en qué nacionalidad transcurre la historia de los personajes, logrando que el lector pueda relacionarlo a su entorno”.

Ampuero resalta que Pelea de Gallos hace referencia a la sangrienta, compleja y dura pelea que representa la vida en sí y específicamente la problemática social que se vive dentro de cada hogar.

En una entrevista brindada a la revista Páginas de Espuma, muestra cómo la normalidad es algo extraño en Latinoamérica, menciona el hecho de la monstruosidad que se vive en los hogares, que las personas se ocultan detrás de pantallas de sus sentimientos natos, que en algún momento surgirán.

The New York Times resalta, por su parte, que esta obra de Ampuero es una amalgama de “títulos compuestos exclusivamente por una palabra, se observa la esfera semántica del volumen: la violencia masculina, el trasfondo religioso, la familia y el hogar como construcciones que dan miedo. Por su formación como cronista, la autora consigue que sus relatos estén siempre adheridos a esa membrana gelatinosa que llamamos realidad. Por su pulso de narradora, los textos son puntualmente poéticos, con fuerza simbólica, tensos, a veces incluso nerviosos”.

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