Edgar Allan Poe: Caterina y «El gato negro» real

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No sé ustedes, pero yo me inicié en la literatura de terror gracias a Edgar Allan Poe. Lo más próximo a eso, había sido el libro «Cinco Pepitas de Naranjas» de Arthur Conan Doyle y, cuando lo devolví en la biblioteca del colegio, la bibliotecaria, una señora que parecía abuelita de cuentos (con pelo blanco y lentes) me recomendó que leyera Narraciones extraordinarias y afortunadamente, le hice caso.

Cuando llegué a «El gato negro» flipé

Y a pesar de que Poe tiene varios textos en donde habla de animales (Los asesinatos de la Rue Morgue, El escarabajo de oro (ya se que es un insecto, pero igual), El Cuervo) de cualquier forma, creo que lo voy a relacionar con el gato.

Seguro que la mayoría de ustedes conoce el cuento (The Black Cat) publicado en 1843, pero para los que no lo conocen les cuento que se trata de un borracho paranoico que definitivamente no es un Cat Lover ya que mantiene una relación amo-mascota terriblemente sádica. No les cuento más para que se motiven a leerlo los que no lo han hecho, pero les adelanto que no tiene el típico final feliz, aunque Poe era gringo. (Honestamente me rehusé a creerlo durante años. Siempre imaginé que era británico. Mal.)

Y bueno, lo que les vengo a contar es que ese cuento está basado en una situación real y en un gato que existió.

Poco se sabe del desafortunado felino, pero lo que si tenemos claro es que Poe lo aborrecía, al igual que al resto del universo gatuno. Sin embargo, su opinión cambió radicalmente cuando otro gato llegó a reemplazar a la desaparecida mascota anterior. Y su nombre era Caterina (o Cattarina según otros).

Esta gata negra perteneció a Virginia Clemm, esposa de Edgar Allan Poe y, tanto el comportamiento como la actitud de la gata lograron enamorarlo y sorprenderlo, al extremo de redimir al vengativo felino del cuento, que respondía al nombre de Pluto.

Poe decidió adoptar al animal en los primeros meses de 1844 para que acompañara a su esposa en su ausencia, pues, para esa fecha, Virginia ya había manifestado los primeros síntomas de la tuberculosis que acabaría con su vida, casi tres años más tarde.

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La gata cumplió fielmente su rol de compañera y guardiana. Para retratar esta idea, les puedo contar que Poe, asolado ya por las cuentas de los médicos, otras deudas y la infaltable insolvencia económica que acompaña a la mayoría de los poetas y escritores, llegó al extremo de, ni siquiera, poder calefaccionar su casa de forma adecuada para los requerimientos de la enfermedad de su esposa y la gata, en estas condiciones extremas, se mantuvo a los pies de su dueña agonizante sin abandonarla un minuto, abandonando por completo las entretenciones y correrías felinas. Incluso el último día la gata dejó de alimentarse, empecinada en «calefaccionar» con su propiocuerpo los pies de Virginia.

Edgar Allan Poe, finalmente enviudó el día 30 de enero de 1947. El funeral se llevó a cabo tres días después, dejándolo completamente desolado. Fue tanto el impacto que incluso se resistió a ver el cuerpo de su esposa muerta. En el mismo día, el Daily Tribune y el Herald publicaron el siguiente obituario:

30 de enero, de consunción pulmonar, en el 25 aniversario de su vida, falleció VIRGINIA ELIZA, esposa de EDGAR A. POE.

Todavía con la factura impaga del ataúd y del funeral de Virginia, Edgar Allan Poe regresó a su departamento. Caterina lo esperaba en casa muy ansiosa.

Ambos (el escritor y la gata) lograron convivir diplomáticamente durante dos años después de la muerte de Virginia. Poe se limitaba estrictamente a alimentarla y la gata sólo abandonaba la cama de su dueña durante las noches. Pero un día ya no volvió.

Nadie sabe certeramente si la gata se arrancó porque leyó el cuento y tuvo un arranque de astucia o si Poe favoreció el extravío dejando las ventanas abiertas. Lo que si se sabe es que su ausencia no fue llenada por ninguna otra mascota, así como Virginia no fue remplazada, más que furtivamente y en secreto por aventurillas ocasionales; más no en su rol de amante esposa.

En Twitter: @AngelaBarraza