El fin de la radio III

El fin de la radio tiene por objetivo mirar el mundo por los oídos, sentir el paso del tiempo en el parlante, radiografiar la historia de un país sintiendo cómo es que suenan sus villanos, sus canallas y sus gentes más honestamente transparentes

Por berenguer

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Artes / Música

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El fin de la radio tiene por objetivo mirar el mundo por los oídos, sentir el paso del tiempo en el parlante, radiografiar la historia de un país sintiendo cómo es que suenan sus villanos, sus canallas y sus gentes más honestamente transparentes. Cuando ocurre el fin de la radio, ocurre que alguien o más de alguien que está frente a un micrófono genera en el sujeto oyente de un objeto amplificador el acto sublime de generar inquietudes, preguntas y respuestas.

El fin de la radio también es aprovechar este campo etéreo para fracturar la verdad del interés colectivo, para encubrir la verdad de los organismos enfermos y potenciar la putrefacción de los valores de la humanidad. Es cuando se destruye la verdadera radiografía, es también eso que genera cambios y saca a los podridos del poder o también lo antónimo… los petrifica gracias a una suerte de hechizo colectivo que escribe la historia por medio de repetición de información. Y así aquello se va fijando.

Otro  ejemplo, el fin de la radio también es permitir un departamento de prensa mentiroso y poco informado rodeando un  micrófono o las teclas de un computador, que te dice qué hacer, qué ver y dónde ir, edificando fronteras en la imaginación.

Debe ser entonces de ahí, que a alguien se le ocurrió el concepto de “línea editorial” y dijo: A continuación extenderemos una línea con olor editorial que tiene como finalidad operar como frontera sonora e informativa, entonces; lo que se inventó fue una manera elegante de realizar discriminación o ¿una manera buena más bien de ordenar opiniones?

RADIO UNO
A- En esta radio no se escucha punk.
B- ¿Por qué si es una radio universitaria?
A- No se escucha porque me molesta y me parece ruidoso.

RADIO DOS
A- Señorita conductora.
B- Dígame señorita colaboradora.
A- Sabe que el otro día escuché su programa en un podcast y me pareció tan refrescante que el señor radiocontrolador cambiara la música cada vez que usted hablaba…
B- ¿Es verdad lo que me dice señorita colaboradora? ¡No puedo creerlo, gracias por comentármelo!
(Personaje B mira por medio del vidrio y grita) ¡Cómo es posible señor radiocontrolador que usted se atreva a cambiar la música de fondo cada vez que estoy hablando!
A- Pero señorita conductora, en serio que le queda muy bien a su programa lo que le estoy comentando. Es más, en mi sencilla opinión creo que es lo que le hace tanta falta, le estaba haciendo…
B- ¡Ve lo que consigue usted señor radiocontrolador! Me parece un insulto para los oyentes que se atreva a poner música de Banda Conmoción de fondo cuando lo que estoy hablando es del último disco de Congreso. Nada que ver, porque la gente se confunde en sus parlantes y no entienden nada. Si yo les hablo de Electrodomésticos, mientras al mismo tiempo la música que me acompaña de fondo es de Fiskales ad Hok… ¿acaso usted olvida que nuestros auditores así no comprenden nada porque les distorsionamos el mensaje?

Faviolent con Ache
Onda Corta
El Ciudadano


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