Horacio Quiroga

La selva y la muerte marcaron su vida

Para 1906, decide regresar a la selva y tiene la firme convicción de vivir en ella y que ella sea su refugio y su lugar

Por Flor Coca

Publicado en

Artes / México / Portada / Puebla

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Horacio Quiroga

Solo tenía 2 meses de edad cuando la muerte sorprendió a su padre en un accidente con una escopeta. Era 1878, en la provincia de El Salto en Uruguay, su lugar de nacimiento. El pequeño Horacio Quiroga, siguió su vida junto a su madre y desde joven mostraba especial interés por la literatura y la fotografía. Cursó sus estudios y fue a la universidad y cada vez más se acercaba a la literatura. Su madre vuelve a casarse y cuando tiene 18 años, el esposo de su madre que fue un buen amigo de Quiroga toma la decisión de suicidarse después de una terrible depresión por una enfermedad que lo mantenía casi inmóvil. Horacio, accidentalmente, presencia la muerte de quien había sido su amigo, cuando tenía 18 años.

Cuando tuvo 22 años, en 1900, funda con otros jóvenes escritores el Consistorio del Gay Saber, en el que experimentarían diversos estilos y formas creativas de escribir y que se convierte en un referente literario en Uruguay. Sin embargo, dos años después, 3 trágicas muertes, marcan su vida para siempre. Accidentalmente mata a su mejor amigo el poeta Federico Ferrando, quien era parte del Consistorio del Gay Saber, y mueren dos de sus hermanos.

Quiroga, a pesar de haber publicado ya su primer libro Los arrecifes de coral, no puede olvidar la muerte de tres de sus seres más queridos. Toma entonces la decisión de viajar hacia Argentina e internarse en la selva de Misiones y de disolver el Consistorio. Su primera experiencia en la selva fue para acompañar en un proyecto al escritor Leopoldo Lugones, poeta, periodista y un hombre que marcó las letras argentinas. El acepta la compañía de Quiroga, por ser un muy buen fotógrafo y quien podría documentar lo acontecido en la visita a Misiones. Horacio Quiroga regresa a Buenos aires y publica en 1904 un libro de relatos cortos titulado El crimen del otro.

Para 1906, decide regresar a la selva y tiene la firme convicción de vivir en ella y que ella sea su refugio y su lugar. Allí, su vida cambiaría, pero también traería para él una nueva y dolorosa experiencia.

Él se enamora de una muy joven mujer, alumna suya, Ana María Cirés.  Los padres de ella se niegan a aceptar su relación y la vida en la selva. Pero el amor entre el escritor y su alumna resiste hasta que logran casarse y vivir juntos en la selva. Allí nacen sus dos hijos Eglé y Darío, para los que, según sus biógrafos, escribe los cuentos de la selva. De ellos, recuerdo en especial La abeja haragana, que se lleva una gran lección por su flojera. Y el Loro pelado, que se enfrenta a un tigre con inteligencia y, logra vencerlo. El escritor dedica su primera novela a quien será su esposa. Historia de un amor turbio. Quiroga decidió para sus hijos la vida en la selva y que ellos aprendieran a vivir en ella, lo que molestaba y deprimía mucho a su esposa que pensaba en el peligro que representaba para los pequeños. Después de vivir 6 años juntos, Ana María toma la decisión de terminar con su vida y lo hace ingiriendo una sustancia que le provoca una agonía muy dolorosa.  Horacio decide regresar a Buenos Aires con sus hijos y obtiene un trabajo en el Consulados General y escribe y escribe.

Recuerdo haber leído hace años, la gallina degollada, un cuento de terror que deja al descubierto la fragilidad humana y el rencor inevitable de unos seres que son maltratados por la vida por no ser normales y que llevan la venganza al máximo, imitando un hecho que solamente habían visto en la cocina de la casa familiar y que costó la vida de su hermana más pequeña.

Antes de su segundo matrimonio, nuevamente con una mujer muy joven, compañera de escuela de su hija Eglé, él conoce a una notable poeta y escritora y un alma atormentada como él, Alfonsina Storni. Alfonsina y el escritor inician una relación amorosa que comienza cuando se conocen en 1922, en una casa en la que se reunían varios escritores y, comienza como un juego. Ellos se besan voluntariamente, después de que el reloj que los separaba es apartado por el escritor y la acción termina en un beso que los dos esperaban.

Fernando Klein, historiador argentino escribió un libro muy bien documentado sobre el amor de Alfonsina Storni y Horacio Quiroga. “Un amor escondido en el tiempo unidos por la soledad, la incomprensión y la pasión por la escritura. Dos personas que durante un breve lapso fueron felices”. Escribió en un párrafo.

Ellos se veían y compartían algunas tardes y lugares para pasarla juntos, pero el llamado de la selva era imperante y Quiroga asistía sin pensarlo. Quiso convencer a Alfonsina de acompañarlo y ella, no lo hizo.  En 1927, el escritor se casa con María Elena Bravo y se van a la selva. Finalmente, ella lo abandona en 1936, sin querer vivir nunca más en la selva. Un año después, el escritor se entera, después de una junta médica que su cáncer es incurable y el cianuro se convierte en su salvación. Alfonsina, al saberlo, escribe un poema dedicado a su amor.

Morir como tú, Horacio, en tus cabales,
y así como siempre en tus cuentos, no está mal;
un rayo a tiempo y se acabó la feria…
Allá dirán.

Fragmento

La muerte no abandonó al poeta y escritor, ya que después de morir, sus tres hijos siguieron sus pasos. Su primera hija, Eglé se suicidó en 1938, un año después de la muerte de su padre. Darío, 14 años después y Elena, en 1988. La muerte dejó de rondarlos porque todos estaban ahora, lejos de ella.

Invierno de 2022

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