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Sabina Odone, en oposiciones


El concierto estaba previsto para las 23 horas, pero suele suceder que la gente no llega a la hora que se dice en las invitaciones o los afiches, porque está acostumbrada a que no comenzará con puntualidad. Fue precisamente lo que pasó, era la hora del inicio y en el bar no habían más de treinta personas esperando entre la barra, algunas mesas y un ambiente en el fondo del local. Estaba preparado el escenario para la presentación, una alfombra roja en el centro y a los costados algunos instrumentos de percusión como bombo, cajón peruano, kultrún, cacahuillas, metalófono e instrumentos de cuerda como guitarras y un charango. Toda esta preparación daba a entender que se realizaría un concierto acústico.

Alrededor de la medianoche, cuando todavía no había mucha gente en el bar, aparecieron los tres músicos acompañantes a interpretar sus instrumentos. Comenzaron a sonar los ritmos folclóricos, destacándose la percusión con más protagonismo y fuerza. Ya estaba armado el tema y cuando sólo faltaba llenar la alfombra roja del centro, aparece entre medio de la gente la figura de una joven menuda, pequeña y muy risueña a cantar al escenario uno de los temas que está sonando en la radio. Era Sabina Odone con su tema “Agua bendita”, de inmediato la gente que estaba en el fondo del bar se desplazó a mirar y escuchar el concierto, ya que era imposible estar indiferente a lo que estaba sonando: una voz diferente, extraña, a veces muy dulce y afinada, y que a veces se muestra un poco destemplada y con inflexiones de música pop, que con los ritmos folclóricos parecían opuestas. Esa es la propuesta, una mezcla entre pop y folk, mezclado con la imagen poderosa de una figura muy atractiva e histriónica, que domina el escenario y los movimientos del cuerpo con desplante y soltura, pero con una simpatía espontánea y a la vez inocente, que hace que la gente se sienta agradada. La ejecución instrumental impecable de los músicos acompañantes de Sabina evidencia la experiencia de ellos en el escenario, que contrasta con la ejecución instrumental de ella, cargada de simpleza y poco riesgo. Lo mismo que ocurre en las composiciones y sus temáticas, letras cargadas de historias de amor y desamor, a veces un tanto épicas y de adolescentes soñadoras metidas en una burbuja, melodías simples y estructuras armónicas poco sorprendentes. Me extrañó el público asistente, personas adultas que no tenían mucha relación con la propuesta que se estaba mostrando.

¿Dónde y cuándo fue?
Bar El Clan
Abril 2009, 23 horas
2.000 y 3.000 pesos

Comentario: Bárbara López Silva, Directora Musical del Teatro Mendicantes
Foto: Evelyn Cazenave A.

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