Tras ser detenido ilegalmente por los militares golpistas, el afectado fue incomunicado y torturado físicamente con culatazos, puñetazos, puntapiés, aplicación de corriente eléctrica en las manos, amenazas de muerte y condiciones inhumanas de reclusión, lo que le dejó consecuencias físicas permanentes y le obligó a cerrar su taller, quedando sin sustento económico. Ocho meses después fue nuevamente detenido, sufriendo apremios similares, esta vez de parte de Carabineros.