“En el césped, donde la casa hacia esquina con la calle lateral, crecía una pesada higuera y delante y a los lados de la higuera había tres encinas de California que la ocultaban de la pensión de mis tías Supongo que no descubrí los placeres de la higuera hasta cumplir ocho o nueve años y aunque después he vivido en muchas casas, entre ellas algunas construidas para mí, todavía la considero mi primer y más querido hogar”