Chiloé reabre proceso constituyente y se enfoca en la formación sociopolítica

Maribel Lacave, poeta, abogada e integrante de la Asamblea social de la isla hace una exposición acerca del papel de los movimientos sociales en la creación de las antiguas Constituciones
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Chile

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En los últimos años han surgido crisis constitucionales en Gran Bretaña, Estados Unidos, España, Polonia y Brasil. Tales crisis presentan grandes problemas para la clase dominante porque el Estado y las leyes constitucionales que lo rodean están deliberadamente mistificados. En Chiloé se reabre el proceso constituyente.

La Escuela Superior Campesina de Curaco de Velez, en la isla de Quinchao, reactivo las discusiones tendientes a avanzar hacia el proceso constituyente en Chile con una mirada territorial. Para esto, inició una serie de conversaciones sobre esta materia como una forma de «autoformación política» en el archipiélago.

El pasado viernes Maribel Lacave, poeta y abogada, integrante de la Asamblea social de esta isla, se refirió al papel de los movimientos sociales en la creación de las antiguas Constituciones.

Maribel Lacave poeta y abogada, integrante de la Asamblea social de Quinchao

En este período de la Historia de Chile, abocados a un cambio constitucional y con múltiples debates sobre el posible contenido de una nueva Carta Magna, considero conveniente pararnos un poco más allá de las normas que deberían estar presentes en el nuevo texto y reflexionar sobre varios aspectos previos:

Primero hemos de  hacer un repaso a los orígenes de las Constituciones y cómo surgieron, así como a su papel fundamental en la consolidación de los sistemas capitalistas liberales y neoliberales, llegando a convertirse en  el armazón ideológico y jurídico, que las ha mantenido vigentes hasta hoy.

En segundo lugar propongo abrir un debate sobre el papel de los movimientos sociales en la evolución y progreso de los contenidos en dichas constituciones, pero  no sólo en el catálogo programático de los fines sociales y objetivos del Estado, sino en la capacidad de  establecer el límite al poder encomendado a unos pocos y ciertos mecanismos estructurales que permiten la toma de decisiones.

La primera constitución escrita de la historia moderna es la de Estados Unidos, que fue pensada primordialmente como un mecanismo para limitar los poderes de quien los ostentara. Era un documento que buscaba únicamente limitar los poderes de quien estuviere en el gobierno, llámese rey, congreso, parlamento o senado. Y ese es el modelo que muchas otras constituciones del mundo han seguido, incluido Chile. Luego aparecen las “Constituciones progresistas” que incluyen funciones específicas y metas a cumplir, desvirtuando la figura de un control del ejercicio del poder, volviendo las mismas un catálogo de funciones y metas por alcanzar, creando, no un poder limitado, sino un poder ilimitado, circunscrito al cumplimiento de esos fines programados.

Se presentaron así  las Constituciones como la salvación a  todos nuestros problemas, convenciéndonos de que su contenido y redacción eran de lo más progresista y moderno, haciendo que los gobiernos estuvieran obligados a cumplir con metas establecidas para lograr el bien común. Pero  la realidad es que el sistema constitucional no es más que un sistema que permite a una minoría selecta (diputados, ejecutivo, tribunales…), elegida por una mayoría temporal y relativa, establecer el contenido de las limitaciones a todos y cada uno de nosotros.

En los últimos años han surgido crisis constitucionales en Gran Bretaña, Estados Unidos, España, Polonia y Brasil. Tales crisis presentan grandes problemas para la clase dominante porque el Estado y las leyes constitucionales que lo rodean están deliberadamente mistificados. Es difícil afrontar el reto de un cambio constitucional si no se tiene en cuenta la significación de una norma de esas características.

El cambio de una Constitución elaborada por los ideólogos de una dictadura  por una consensuada con la ciudadanía,  permitirá profundizar la democracia, pero siempre dentro del sistema económico y político imperante; por ello el posible cambio constitucional debería ser entendido como una herramienta más en el camino de las transformaciones sociales y políticas y no como  un fin en sí mismo.

Con información de Radio del Mar

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