El Consejo Fiscal Autónomo no usó esa frase, pero el efecto político de su informe fue claro: le tiró la cadena al relato triunfalista de la megarreforma económico-tributaria de Kast. La presentación ante la Comisión de Hacienda dejó en evidencia que el proyecto estrella del Gobierno promete crecimiento futuro, pero parte con costos seguros, menores ingresos para el Estado y un hoyo fiscal que no se cierra solo.
La idea es simple: Kast busca vender la reforma como una receta para reactivar la economía, bajar impuestos, atraer inversión y ordenar las cuentas públicas. Pero el Consejo Fiscal puso la calculadora sobre la mesa y mostró la letra chica. Si las promesas de crecimiento no se cumplen en la magnitud esperada, el Estado queda con menos ingresos, más presión fiscal y la necesidad de nuevos ajustes.
El peso del informe no es menor. El Consejo Fiscal Autónomo es un organismo independiente, técnico y consultivo, cuyo objetivo es contribuir al manejo responsable de la política fiscal del Gobierno Central. Está integrado por cinco miembros expertos en materias fiscales y presupuestarias, y su presentación ante la Comisión de Hacienda de la Cámara de Diputadas y Diputados fue encabezada por su presidenta, Paula Benavides. Es decir, no se trata de una crítica al voleo: es una advertencia técnica desde el órgano encargado de mirar con lupa la sostenibilidad de las cuentas públicas.

Y cuando se habla de ajustes, no estamos hablando de una planilla perdida en Hacienda. Estamos hablando de menos recursos para áreas sensibles. De hecho, según la información entregada por la Dirección de Presupuestos al Consejo, la primera etapa del ajuste ya considera rebajas importantes en ministerios como Salud, Educación y Vivienda. Ahí aparece la pregunta dura: si la rebaja tributaria favorece al gran empresariado, ¿quién paga la cuenta cuando falte la plata?
Megarreforma de Kast: rebajas ahora, beneficios después
El Consejo Fiscal recordó una regla básica que cualquier gobierno debería tener escrita en la pared: “los gastos permanentes deben ser financiados con ingresos permanentes”. Esa frase golpea directo al corazón de la megarreforma económica-tributaria de Kast, porque el proyecto contempla medidas que reducen ingresos permanentes, especialmente por la rebaja gradual del Impuesto de Primera Categoría desde 27% a 23%.
Traducido con peras y manzanas: se le baja la carga tributaria a las empresas hoy, esperando que mañana haya más inversión, más crecimiento y, recién ahí, más recaudación. El problema es que esa segunda parte es una apuesta. Puede ocurrir, pero también puede quedar corta, demorarse o no materializarse como promete el Gobierno.
El informe lo advierte con claridad: “los costos fiscales (o menores ingresos) directos de las medidas se materializan con mayor certeza desde el primer año de vigencia”. En cambio, los beneficios asociados al crecimiento llegan “de forma gradual en el tiempo” y con mayor incertidumbre.
Costos seguros, crecimiento en veremos
Ese es el punto más duro del informe: la reforma asegura costos, pero no asegura beneficios. El Consejo Fiscal lo resume en una frase que deja poco espacio para el maquillaje comunicacional: “la incertidumbre es asimétrica: los costos son más ciertos y predecibles, mientras que los beneficios son inciertos, graduales y condicionales”.
La letra chica de la megarreforma
Déficit hasta 2031: el proyecto seguiría en rojo incluso considerando el crecimiento esperado.
Rebaja a empresas: el Impuesto de Primera Categoría bajaría de 27% a 23%, con un costo de 0,44% del PIB en 2030.
Beneficios en duda: el Consejo Fiscal advierte que los costos son seguros, pero los beneficios por crecimiento son inciertos y graduales.
Ajustes insuficientes: el CFA señala que los recortes anunciados no alcanzan para financiar la reforma y ordenar las cuentas fiscales al mismo tiempo.
Recortes sensibles: la primera etapa del ajuste suma US$1.937 millones, con mayores rebajas en Salud, Educación y Vivienda.
En otras palabras: el Gobierno reparte el beneficio tributario ahora, pero cruza los dedos para que el crecimiento haga la pega después.
La rebaja del Impuesto de Primera Categoría es el mejor ejemplo. Según el CFA, esta medida tiene un costo fiscal creciente hasta 2030 y los ingresos futuros que generaría por sí sola “solo financiarían tres cuartas partes del costo”. Es decir, ni siquiera bajo la lógica optimista del propio diseño alcanza para cubrir completamente la rebaja.
Ahí se entiende el “más hoyo fiscal” del titular. Sin considerar el efecto crecimiento, el proyecto genera un deterioro fiscal permanente de 0,43% del PIB en régimen, con un déficit máximo de 0,71% del PIB en 2030. Incluso incorporando el crecimiento esperado por el Gobierno, el proyecto seguiría con impacto fiscal negativo en 2030.
El ajuste puede caer sobre la ciudadanía
El Consejo también advierte que el proyecto genera déficits fiscales al menos hasta 2031, incluso considerando el efecto crecimiento. Y remata con otro dato clave: “los ajustes anunciados no resultan suficientes para financiar el PDL [la megarreforma], corregir el deterioro fiscal 2025-2026 y avanzar en la convergencia fiscal de manera simultánea”.
Ese punto es brutal. Porque el Gobierno no solo debe financiar la megarreforma. También debe corregir el deterioro fiscal que ya arrastra el país y cumplir metas de equilibrio estructural. El Consejo Fiscal está diciendo, en simple, que con lo anunciado hasta ahora no alcanza para todo.
¿Y dónde se empieza a buscar plata cuando no alcanza? En recortes, ajustes, postergaciones o menor inversión pública. La propia presentación muestra que la primera etapa del ajuste alcanza US$1.937 millones en 26 de 33 partidas presupuestarias, con mayores rebajas en Salud, Educación y Vivienda.
Por eso no se trata de una discusión fría entre tecnócratas. Si el Estado deja de recaudar por rebajas tributarias al mundo empresarial y luego debe ajustar gasto público, la cuenta puede terminar cayendo sobre la ciudadanía. Y cuando esos ajustes golpean servicios básicos, vivienda, salud o educación, el malestar social no aparece de la nada: se acumula.
Chile ya sabe lo que pasa cuando la política económica se cocina arriba y la cuenta se le pasa abajo a la gente. El descontento social no es una abstracción. Puede transformarse en protesta, crisis de legitimidad e incluso en estallidos sociales si la ciudadanía percibe que otra vez se le pide sacrificio para sostener beneficios de quienes más tienen.
La letra chica del proyecto estrella de Kast
El Consejo Fiscal no dice que crecer sea malo. Al contrario, valora que el proyecto busque empujar el crecimiento económico. Pero su advertencia es clara: no se puede financiar una reforma con fe en el crecimiento futuro, menos en un contexto de estrés fiscal prolongado, deuda al alza y fondos soberanos reducidos.
La megarreforma económico-tributaria de Kast queda así con una letra chica difícil de esconder: rebajas tributarias concretas para el gran empresariado, costos fiscales desde el primer año y beneficios futuros que dependen de supuestos inciertos.
Dicho sin rodeos: si el crecimiento prometido no llega, el Gobierno no va a ir a cobrarle la diferencia a los ricos que recibieron la rebaja. La presión caerá sobre el Estado. Y cuando el Estado ajusta, quienes más sienten el golpe suelen ser los mismos de siempre: la ciudadanía que depende de servicios públicos, inversión social y derechos que no se financian con promesas.
Documento
Revisa aquí la presentación completa del Consejo Fiscal Autónomo sobre la megarreforma de Kast y los riesgos que detectó para las cuentas públicas.
Presentación CFA Sobre PDL Reconstrucción H.C. Diputados 05-2026 by lahuanche
