Efectos de la pandemia en la salud mental: Mujeres presentan más malestar psicológico que los hombres

Encuesta Termómetro Social indica además que la presencia de síntomas depresivos es mayor en los tramos de menores ingresos, aunque se distribuye homogéneamente en los distintos tramos etarios.

El Núcleo Milenio en Desarrollo Social (DESOC) junto al Núcleo Milenio para Mejorar la Salud de Jóvenes y Adolescentes (Imhay) organizaron el seminario “Efectos de la pandemia en la salud mental” para presentar los resultados del módulo de salud mental de la encuesta Termómetro Social (TS).

Los datos fueron comentados por el rector de la Universidad de Chile, Ennio Vivaldi, y la directora del Hospital Clínico de la Universidad de Chile, doctora Graciela Rojas.

Termómetro Social es una encuesta longitudinal con representatividad a nivel nacional realizada a hombres y mujeres, mayores de 18 años residentes en zonas urbanas y rurales de las 16 regiones del país. El módulo sobre salud mental se incorporó en las últimas dos versiones que se realizaron entre el 30 de mayo y el 10 de junio y entre el 15 de septiembre y el 9 de octubre, respectivamente.

En términos generales, los investigadores a cargo del estudio concluyeron que el mayor malestar psicológico se asocia significativamente al hecho de ser mujer y tener la expectativa de una reducción de ingresos, así como también al hecho de manifestar más sentimientos de soledad, percepción de aislamiento o vivir en zonas más afectadas por la pandemia y la cuarentena.

Al respecto, el rector de la Universidad de Chile, Ennio Vivaldi, sostuvo que “es muy valioso tener datos que puedan mostrar cómo se interrelacionan de manera directa la salud mental con problemas existentes en nuestra sociedad y que se han visto profundamente agudizados por la pandemia, como son los ingresos de los hogares o la situación de endeudamiento de muchas personas”.

De acuerdo a los resultados del TS, un 7,5% de las personas se siente insatisfecho con su vida y este nivel de insatisfacción es mayor a medida que disminuyen los ingresos. Por otra parte, se pidió a los encuestados comparar su estado de ánimo actual con el de las primeras semanas de la pandemia. En casi un tercio de los casos se observa una evaluación negativa, pues el 9,3% señaló que es “mucho peor” y el 22,6% “un poco peor”; en contraposición, el 45% hizo una evaluación positiva. Esta diferencia es más evidente en el caso de las mujeres, pues el 36,1% sostiene que su estado de ánimo es “mucho” o “un poco peor”, versus el 27,6% de los hombres.

La pandemia ha revelado que la sensación de soledad y aislamiento la manifiestan –con distinta frecuencia– el 42,5% de las personas entrevistadas. Adicionalmente, al consultar por la emoción predominante durante el último mes, la tristeza es la más mencionada, seguida por preocupación, incertidumbre, angustia, rabia, miedo, estrés, entre otras.

En este escenario, no es extraño que un 28,6% de los participantes presente síntomas depresivos moderados a severos. Esta carga se distribuye desigualmente entre hombres y mujeres: 38% de las mujeres presenta sintomatología depresiva moderada a severa, en comparación al 18,6% de los hombres. Las mujeres con hijos menores de 10 años presentan mayor carga de síntomas depresivos moderados a severos que las mujeres sin hijos menores de 10 años.

En esta línea, la directora del Hospital Clínico de la Universidad de Chile y también investigadora de los Núcleos Milenio DESOC e Imhay, Graciela Rojas, comentó que “los resultados de esta encuesta vienen a reafirmar el hecho de que las mujeres tenemos más problemas de salud mental que los hombres y que esto no es debido a factores biológicos, sino que tiene que ver con el género femenino y todos los roles que la mujer cumple en nuestra sociedad”. 

“La pandemia lo ha dejado en evidencia, porque la mujer, al ser el pilar de la familia, hoy día tiene que hacerse cargo del cuidado de los hijos y de los adultos mayores sin los apoyos sociales que, en otros países, las mujeres tienen, y donde la brecha entre hombres y mujeres es menos marcada que en Chile, ya que cuentan con un apoyo comunitario y social mucho mayor”, añadió la directora.

De acuerdo al estudio, la presencia de síntomas depresivos es mayor en los tramos de menores ingresos, aunque se distribuye homogéneamente en los distintos tramos etarios.

Según los datos del TS, los síntomas ansiosos moderados a severos se expresan en el 20% de los entrevistados, siendo notoriamente más frecuente en mujeres (25,8% versus 13,8%).

Por otra parte, esta encuesta revela que un 6,7% de las personas ha tenido ideas suicidas, al menos algunos días. Esta vivencia se observa con mayor frecuencia en personas de 18 a 35 años, también entre quienes perciben menores ingresos. En este sentido, es importante que estas ideas se vinculan con la inseguridad económica, pues aparecen en el 15,5% de quienes están bastante o muy sobrecargados de deudas, y además un 20,3% espera una disminución de sus ingresos.

El sondeo mostró que las personas que tienen la expectativa de que los ingresos del hogar se reduzcan en los próximos tres meses, presentan mayor carga de síntomas ansiosos, depresivos e ideas suicidas. Asimismo, las personas que tienen la expectativa de que la deuda del hogar aumente en los próximos tres meses, y también aquellas que se sienten más sobrecargadas por deudas, presentan mayor carga de síntomas ansiosos, depresivos e ideas suicidas.

Los resultados del TS ponen sobre el tapete la relevancia de cuidar la salud mental. De hecho, en este caso, un cuarto de los entrevistados reconoció necesitar tratamiento, no obstante, sólo un 34,5% de ese grupo, ha podido acceder a él.

En esa línea, el rector Vivaldi señaló que “resultados como los del Termómetro Social dan cuenta de la necesidad de mejorar acceso a la salud mental a través de planes que provengan del Estado, mejorando los tratamientos y la permanencia de las personas en estos, para alcanzar su bienestar y entregar herramientas para sobrellevar momentos de gran dificultad e incertidumbre como los que hemos vivido durante este año”.

Sobre este punto, la doctora Rojas hizo referencia a las brechas que existen entre las necesidades de salud mental de la población y la oferta de servicios, e indicó que “no basta con ofertar más servicios de salud mental, sino que estos deben ser congruentes con las necesidades de la población y que tengan un enfoque de género. Además, es importante poner énfasis en la necesidad de desarrollar programas de tipo preventivos, es decir, no sólo ofrecer servicios a las personas que están enfermas o que tienen síntomas clínicamente significativos, sino también tener un enfoque comunitario para prevenir los problemas de salud mental”.

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