El coronavirus y la diferencia entre «desarrollo» y «crecimiento económico»

Sr

Sr. Director: Le escribo desde mi trinchera en cuarentena laboral (lo de cuarentena es un eufemismo, claro está), antes de empezar mi jornada laboral desde una esquina en mi casa. Como estos días estamos siendo apabullados por la ola que se veía venir -hasta que nos llegó-, y el flujo informativo de distinto calibre y calaña está a un click de distancia, creí importante compartir con Uds. una reflexión surgida a partir de una noticia leída en prensa científica internacional asociada a la llegada del virus a África.

Esta noticia tiene que ver con lo que representa además esta epidemia y pienso que es, a mi juicio, lo verdaderamente interesante; ya que desde el punto de vista epidemiológico este famoso COVID-19 está haciendo su pega de acuerdo a lo que la naturaleza lo armó (a esta especie viral y a cientos de su tipo): infectar a una célula sana del hospedero, aprovecharse de toda la «infraestructura» celular que ataca, transformarla en una especie de zombi para que produzca más virus a tal punto de que literalmente estalle para que esos nuevos virus libres ataquen células vecinas y repitan el libreto.

Lo interesante de todo el fenómeno es que esta epidemia del S.XXI está ayudando a marcar la diferencia conceptual entre «CRECIMIENTO ECONÓMICO» y «»DESARROLLO». Esto, pues pone a prueba uno de los pilares básicos que toda Nación que se precie de ser desarrollada debiera tener cubierta a cabalidad: su sistema sanitario, que debería cubrir las necesidades de salud de TODA su población, sin discriminaciones de ningún tipo (condición socioeconómica, nivel de ingreso,edad, sexo, o lo que a Uds. se les ocurra). 

Desde esa perspectiva, será interesante evaluar cómo salen de esta crisis los países alrededor del mundo y seguro entenderemos mejor lo que es vivir en un país «económicamente llamativo», a vivir en un país «desarrollado desde el punto de vista humano».

Vistas así las cosas, quizás no sorprenda tanto la debacle italiana. Se argumenta que ningún sistema sanitario en el planeta es capaz de afrontar un maremoto de contagiados que necesitan atención médica. Es cierto. Pero también es cierto que el maremoto se enfrenta de mejor manera en un país verdaderamente «desarrollado» (en el sentido que planteo, donde el ser humano es el centro de todos los esfuerzos que se hagan) que un país «desarrollado» (donde solamente el crecimiento económico es el motor que mueve al Estado).

¿Han notado que en las noticias el tema del COVID-19, cuando golpeaba a China, estaba prácticamente restringido a algunos minutos de los comentarios de la prensa internacional? Nosotros estábamos ensimismados y preocupados (y deberíamos seguir estándolo) de nuestros propios problemas epidemiológicos de injusticia y desigualdad social. El COVID-19 aumentó nuestra atención cuando salió de China y empezó a afectar países más «parecidos» al nuestro, como lo son los europeos. Ahora cubre el 100% de nuestras preocupaciones de noticias porque llegó al patio de nuestra casa y va a poner a prueba si somos alumnos «económicamente confiables» o si somos «humanamente desarrollados».

Sospecho que en la primera asignatura vamos a pasar raspando según las cifras macroeconómicas que tanto les gusta argumentar a economistas, ingenieros comerciales y políticos de pacotilla. En la segunda asignatura, en cambio, es probable que el Virus nos repruebe y va a ser doloroso. Y lo más lamentable es que si no somos capaces de impulsar un clivaje que cambie el rumbo de «desarrollo» (en el sentido del actual Gobierno, así como de los gobiernos anteriores) al que nos tiene acostumbrado la casta económica y política que ha regido este país desde que Chile es Chile, algún día, aparecerá otra prueba impuesta por la naturaleza para demostrarnos que la «copia feliz del edén» que creemos ser es y siempre ha sido una FALACIA con letras mayúsculas.

Atentamente,
Marcelo Saavedra Pérez
Biólogo


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