El Mesón Nerudiano: Un rincón en Bellavista inspirado en los versos del poeta

El restaurante ofrece en su carta, cocina chilena y de estilo mediterráneo

Por: Álvaro Bustos Barrera

Llegué a El Mesón Nerudiano ubicado en Domínica #35, Bellavista, un rincón inspirado en lo que representa el famoso Premio Nobel de Literatura, Pablo Neruda, en compañía de tres personas y gracias a la recomendación de varios cercanos.

Los termómetros marcaban cerca de 30 grados y en las calles aledañas al cerro San Cristóbal, numerosas familias se encaminaban a la cumbre del macizo capitalino, ahí donde resalta la estatua de la Virgen María mirando la ciudad y otros, imagino, a vivir una experiencia en el funicular, el teleférico o el zoológico.

El Mesón Nerudiano está situado en Domínica #35, Bellavista, Santiago.

El restaurante ofrece en su carta, cocina chilena y de estilo mediterráneo, siendo su caballito de batalla, dos tradicionales platos: el “Caldillo de Congrio” y el “Pastel de Jaiba”, según me comentó Claudio Riveros, chef y socio desde hace 20 años del local. La propuesta gastronómica entrega además otros platillos como Cazuela de Osobuco, Costillar al Horno, Pastel de Choclo, Porotos Granados, Cancato, Carne a la Cacerola, Atún Rojo, Trucha Atomatada y Ñoquis. Mientras que para endulzar la jornada cuentan con Turrón de Vino, Helado Artesanal, Suspiro Maracuyá, Crema Catalana y Un Poquito de Aquí y Un Poquito de Allá, una degustación de postres.   

Ingresamos hacia el patio trasero de la casona a paso lento, pero seguro, sin antes apreciar la belleza de su interior. Una recepción a mano izquierda con una imponente cava de vinos de diversas viñas nacionales y hacia la derecha, algunas mesas redondas, unos cuadros del mismísimo poeta, floreros decorativos y el bar donde nace la magia de los cócteles.   

La imponente cava de vinos de diversas viñas nacionales de El Mesón Nerudiano.

Camino a la terraza fuimos escoltados por Orlando, quien ofició de garzón esa jornada y nos acomodó en una mesa para mis tres acompañantes. En ese momento no había más comensales que nosotros, y en un abrir y cerrar de ojos nos dispusimos a pedir un aperitivo. A decir verdad y en honor a la transparencia de esta crónica, la elección ya la teníamos pensada desde que salimos de casa… Pisco Sour para 4: dos catedrales ($7.500 c/u) y dos normales ($4.900 c/u).

Mientras Orlando anotaba los bebestibles, aprovechamos de ojear las tentaciones que ofrecen en la carta. Luego de una breve conversación, decidimos ir por un Carpaccio ($10.900) con unas finas láminas de filete, jugo de limón, pimienta, sal, alcaparras, trocitos de pimentón, cilantro picado y unas tostaditas para abrir aún más el apetito.

La oferta culinaria es variada en carnes, pescados, mariscos y pollo. Se siente el espíritu del poeta en cada preparación y en los muchos sabores que recorren cada rincón de la casa.

Hay que destacar que los aperitivos demoraron poco en salir de la barra y llegar a la mesa. La preparación venía con las medidas justas, se sentía el sabor intenso del doble destilado de pisco, la leve acidez del limón y el dulzor del jarabe de goma, más un toque de amargo de angostura. La elección del entrante fue sin duda un acierto, en tamaño y en sabor. Los cortes de filete en láminas de buen grosor y los aliños adecuados para un final en boca agradable.   

Debo reconocer que escoger el plato de fondo me costó más que de costumbre, pero finalmente me incliné por un Salmón al Carmenere ($13.500) horneado en mantequilla, con salsa de vino tinto, papas y brunoise de verduras salteadas.

Salmón al Carmenere ($13.500) horneado en mantequilla, con salsa de vino tinto, papas y brunoise de verduras salteadas.

El tiempo estimado en las preparaciones fue de unos 15 minutos y el mío en particular llegó en un plato blanco en forma de pez, con un trozo de salmón sobre cama de verduras salteadas junto a papas al horno. La cocción estaba como lo recomiendan los chefs, a temperatura baja para que no se reseque, mientras que los acompañamientos resultaron ser una buena combinación, aunque, se podría prescindir de uno u otro, dependiendo del gusto de cada persona y su apetito.        

Luego de un breve recorrido por la antigua casona que data de 1910, pude apreciar algo más de sus rincones. El espacio tiene cuatro ambientes: un salón en la entrada, la terraza del patio interior, un segundo piso y el subterráneo que los fines de semana se convierte en un espacio con música en vivo: viernes de jazz, sábado de bossa nova y los miércoles algunos trovadores de la escena local.

El restaurante ofrece en su carta, cocina chilena y de estilo mediterráneo, siendo su caballito de batalla, dos tradicionales platos: el “Caldillo de Congrio” y el “Pastel de Jaiba”.

La experiencia en “El Mesón Nerudiano” es satisfactoria. El lugar cumple con lo que uno espera, una atención rápida y profesional. El servicio de los garzones es cordial, pero sin caer en la patudez y tienen conocimiento de lo que están ofreciendo. La comida es sabrosa. Se denota cuidado en la decoración y montaje de los platos, las porciones son tan generosas como las comidas caseras que prepara la abuela o la mamá los fines de semana.   

La oferta culinaria es variada en carnes, pescados, mariscos y pollo. Se siente el espíritu del poeta en cada preparación y en los muchos sabores que recorren cada rincón de la casa.

Si tu paladar es más amigo de la comida tradicional chilena, este lugar es el indicado para vivir una buena experiencia y disfrutar de las odas, los versos y poemas que tiene cada platillo en honor al galardonado poeta chileno Neftalí Reyes o Pablo Neruda, como usted prefiera llamarlo.      

El horario de atención es de martes a sábado de 12:30 a 23:00 horas, mientras que el domingo, de 12:30 a 17:00 horas.

Evaluación: Muy bueno.

Sigue leyendo


Síguenos y suscríbete a nuestras publicaciones

Comparte ✌️

Comenta 💬