El brigadier general Gustavo Javier Valverde, jefe del Estado Mayor General de la Fuerza Aérea Argentina, habló el domingo 23 de agosto en un podcast de streaming. Dijo que «Magallanes, el sur, el (Pasaje de) Drake, todo eso es soberanía», y convocó a reforzar la presencia militar argentina en la zona por tratarse de una «llave bioceánica» entre el Atlántico y el Pacífico. La frase, aparentemente casual, encendió una mecha diplomática que aún no se apaga del todo.
Diez días después, el presidente argentino Javier Milei llegaba a Santiago de Chile con zapatillas negras y una sonrisa afable al Palacio de La Moneda. Lo recibía su par chileno, José Antonio Kast, en lo que fue su tercer encuentro oficial del año y el primero de Milei en la sede de gobierno chilena desde que asumió la presidencia argentina en 2023. La reunión duró poco más de media hora. No hubo declaración conjunta al cierre. Pero del comunicado que se difundió después emergió una paradoja que define la política del Cono Sur en este 2026: el abrazo ideológico entre dos gobiernos afines produjo simultáneamente un gesto de respaldo en materia de Malvinas y una reafirmación de soberanía sobre el Estrecho de Magallanes.
El escenario: el Foro Madrid como telón de fondo
La visita de Milei no fue un viaje bilateral ordinario. Llegó a Santiago para inaugurar el V Encuentro Regional del Foro Madrid, la cumbre internacional organizada por la Fundación Disenso, vinculada al partido español Vox, que reúne a líderes de la derecha y ultraderecha iberoamericana bajo el lema «Una nueva era para Iberoamérica». Kast fue uno de los firmantes originales de la Carta de Madrid, el documento fundacional de 2020; Milei se adhirió tres años después.
Ambos mandatarios representan una tendencia política que, según analistas, agrupa a sectores de derecha tradicional y extrema derecha gobernando en al menos doce países de América Latina y el Caribe, con triunfos recientes en Honduras, Perú y Colombia. En marzo de este año, antes de la investidura de Kast, ambos viajaron a Estados Unidos para participar en la cumbre «Escudo de las Américas» convocada por Donald Trump.
El foro, sin embargo, no estuvo exento de controversia interna. Mientras Milei desplegó un lenguaje incendiario —calificó al progresismo como «zurdos mugrosos negadores de la realidad» y habló del «cáncer de la izquierda»—, Kast optó por un tono notablemente distinto. «Los chilenos a mí no me eligieron para derrotar a la izquierda. Nos eligieron para enfrentar el crimen organizado, para enfrentar la pobreza, para enfrentar la corrupción, para enfrentar el desempleo», dijo en su discurso de clausura. La prensa chilena destacó que Kast procuró un tono «de estadista», en contraste con el «lenguaje descalificador» de su par argentino.
En paralelo al foro, la oposición chilena organizó un evento denominado «Democracia Siempre» como contrapeso, y estudiantes salieron a las calles para rechazar la cumbre. El diputado Gonzalo Winter, del Frente Amplio, calificó el Foro Madrid como «una cumbre de gobernantes que desprecian la democracia».
El respaldo a Malvinas: el gesto que encendió las alarmas
En el comunicado conjunto difundido tras la reunión bilateral en La Moneda, Kast «reiteró el respaldo del Gobierno de Chile a los legítimos derechos de soberanía de la República Argentina sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y los espacios marítimos circundantes». Además, ratificó «la necesidad de que los Gobiernos de la República Argentina y del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte reanuden las negociaciones a fin de encontrar, a la mayor brevedad posible, una solución pacífica y definitiva a la disputa de soberanía».
Milei agradeció «en nombre del Gobierno Argentino por el tradicional apoyo del Gobierno de Chile en la Cuestión de las Islas Malvinas» y expresó que «se valorarán los esfuerzos del Gobierno chileno a fin de evitar la consolidación de actividades logísticas ilegales unilaterales en la zona disputada, en materia de exploración y explotación de recursos hidrocarburíferos y pesqueros».
Este respaldo no era nuevo. Kast ya lo había manifestado durante su visita a Argentina en abril pasado, cuando eligió el país vecino como primer destino oficial de su gestión. Pero esta vez el contexto era distinto: el gesto se producía apenas una semana después de que la Cancillería chilena enviara una nota de protesta formal a Argentina por las declaraciones del brigadier Valverde sobre el Estrecho de Magallanes.
La reacción en la opinión pública chilena fue mayoritariamente adversa. Una encuesta difundida días después reveló que el 68% de los chilenos considera que las Malvinas son británicas y el 60% ve a Argentina como un socio poco fiable. Un 62% se mostró en desacuerdo con que Kast reafirmara el apoyo de Chile a los derechos de soberanía argentinos sobre las islas.
El contrapeso: la soberanía chilena sobre el Estrecho
Si el respaldo a Malvinas fue el gesto hacia afuera, el comunicado conjunto también incluyó una reafirmación hacia adentro. Kast y Milei «coincidieron en la total soberanía de Chile sobre el Estrecho de Magallanes», deteniéndose en «la vigencia del Tratado de Límites de 1881 y el Tratado de Paz y Amistad de 1984, que se encuentran plenamente vigentes y revisten carácter definitivo para ambos Estados».
La controversia había comenzado semanas antes. Las declaraciones del brigadier Valverde motivaron una nota de protesta formal del gobierno chileno y obligaron a la Cancillería argentina a salir a aclarar su posición oficial. El canciller chileno, Francisco Pérez Mackenna, calificó de «indiscutible» la soberanía chilena sobre el estrecho y llamó a «las autoridades de otros países a ser responsables con sus declaraciones». El ministro del Interior, Claudio Alvarado, fue aún más tajante, y la reacción se extendió de forma transversal al Congreso chileno.
Argentina buscó descomprimir el conflicto el 25 de agosto mediante una declaración oficial de su Ministerio de Relaciones Exteriores, que estableció que su posición respecto del Estrecho «es aquella contenida en ambos tratados» y afirmó que estos «rigen plenamente y son considerados definitivos». El canciller argentino, Pablo Quirno, difundió el comunicado en su cuenta de X pasado el mediodía.
Sin embargo, la descompresión no fue completa. El embajador de Chile en Argentina, Gonzalo Uriarte, planteó días después que esperaba que la ratificación del respaldo chileno a Malvinas «sea recíproco en el caso del Estrecho de Magallanes». Uriarte señaló que «si los chilenos entendemos que para Argentina Malvinas es importante, hagámoslo propio», y que «esperamos lo mismo de los temas que para nosotros son de esencia, como es el Estrecho de Magallanes». El detalle no resuelto: el decreto 457/2021, firmado por el entonces presidente Alberto Fernández, que califica al estrecho como un espacio «compartido», aún no había sido derogado por Milei al momento de la reunión.
Kast, sin embargo, descartó exigir a Milei la firma de esa actualización en el encuentro bilateral. «Nosotros no le vamos a exigir al presidente Milei la firma de ese decreto, porque los tratados internacionales establecen muy bien la soberanía de Chile», había anticipado el mandatario chileno en Punta Arenas.
La paradoja del péndulo
El episodio revela una tensión estructural en la política exterior chilena bajo el gobierno de Kast. Por un lado, el alineamiento ideológico con Milei y con la agenda del Foro Madrid exige gestos de sintonía política, como el respaldo a la causa Malvinas, que forma parte del ADN del nacionalismo argentino. Por otro, la defensa de la soberanía territorial chilena —especialmente sobre un paso bioceánico estratégico como el Estrecho de Magallanes— no admite ambigüedades, y menos cuando provienen de un aliado ideológico.
La paradoja se profundiza al considerar el contexto geopolítico más amplio. Estados Unidos, cuyo gobierno mantiene una relación estrecha tanto con Milei como con Kast —Milei se reunió con la subsecretaria de Estado para la Diplomacia Pública, Sarah Rogers, horas antes de su encuentro con Kast—, también ha aprobado la venta de helicópteros militares a Argentina por 140 millones de dólares en medio de la tensión por Malvinas. Trump ha sugerido que podría intervenir como mediador en la disputa, lo que ha sido visto con buenos ojos por la Casa Rosada.
Chile, por su parte, mantiene una relación histórica con el Reino Unido que se remonta a la Guerra de las Malvinas de 1982, cuando el régimen de Augusto Pinochet colaboró encubiertamente con Londres, facilitando el uso de espacio aéreo y pistas de aterrizaje chilenas para aviones de reconocimiento británicos, además de intercambiar información de inteligencia.
Las voces del disenso
El respaldo de Kast a Malvinas no dejó contentos a todos en la derecha chilena. El presidente del Partido Nacional Libertario, Johannes Kaiser, criticó la postura del Ejecutivo. «Nosotros asumimos costos al reconocer las demandas argentinas», señaló Kaiser, quien cuestionó que el comunicado conjunto no dejara satisfechos a todos en el sector. Legisladores opositores calificaron la actuación de la Cancillería como «desprolija» y «ambigua», y consideraron que las medidas adoptadas frente a Argentina fueron «débiles».
Desde la vereda argentina, la reacción fue más uniforme en el respaldo al gesto de Kast. La Casa Rosada destacó el «tradicional apoyo de Chile en la cuestión de Malvinas» y el comunicado fue difundido en la previa de la cadena nacional que Milei emitió esa misma noche sobre la causa Malvinas. El mandatario argentino había anunciado el martes anterior que el reclamo por las islas es la causa «más importante y sagrada» de los argentinos, al agradecer una declaración de Donald Trump en la que sugirió que Washington podría cambiar su postura y defender la soberanía argentina del archipiélago.
El cierre: un abrazo que no disipa dudas
La reunión bilateral terminó sin declaración conjunta ante los medios. Los presidentes tampoco respondieron a las preguntas de los periodistas sobre si la soberanía del Estrecho de Magallanes corresponde a Chile y si Milei firmará la actualización del decreto 457. Sí trascendió que los temas abordados versaron sobre el estrecho, el caso del exguerrillero Galvarino Apablaza —cuya extradición Chile solicita y Argentina se comprometió a materializar «a la brevedad posible»—, materias de seguridad y cooperación minera.
El embajador Uriarte describió el encuentro como «un abrazo esperanzador después de días intensos y convulsos». Pero el péndulo sigue oscilando. El respaldo a Malvinas, celebrado en Buenos Aires, generó un costo político interno en Santiago. La reafirmación de soberanía sobre el Estrecho, celebrada en Chile, no resolvió el problema de fondo: la persistencia de un decreto argentino que califica al paso como «compartido» y que sigue sin ser derogado. Y el alineamiento ideológico que une a Kast y Milei —sellado en el Foro Madrid— no ha logrado convertir la afinidad política en una gestión fluida de las diferencias territoriales.
El Cono Sur observa. La pregunta que queda flotando en el aire de Santiago no es si Kast y Milei comparten un proyecto político. Es si ese proyecto compartido alcanza para contener las tensiones que la geografía, la historia y los intereses estratégicos siguen imponiendo sobre la relación bilateral.
