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Esther Solano, experta brasileña: «La retórica anticomunista de Bolsonaro es una ficción política»

El nuevo presidente brasileño, Jair Bolsonaro, comenzó a anunciar las primeras medidas que tomará su gobierno, las que fueron analizadas por Esther Solano, socióloga y profesora de la Universidad Federal de Sao Paulo. Los anuncios se refieren a privatizaciones, más poder a las empresas del agro, menos derechos para la comunidad LGBT y un cambio radical en su política hacia Oriente Medio con el traslado de su embajada de Tel Aviv a Jerusalén.

¿Cómo interpreta esta “limpieza” ideológica de Jair Bolsonaro en los ministerios?

Como todo ejemplo que atañe a Bolsonaro está envuelto en polémica porque él sabe perfectamente que la polémica es una base electoral y hace de la polémica una forma de hacer política como ya hizo durante las elecciones. Si miras exactamente la medida, lo que va a hacer es despedir a 300 cargos que están en Brasilia y que son cargos de confianza, es decir no son funcionarios que han aprobado una oposición. Es lo que hacen la mayoría de los presidentes en todos los países cuando llegan al poder, despiden a los cargos de confianza del gobierno anterior y colocan a los suyos. La cuestión es que en este caso está envuelto en un discurso muy radical como cuando usan la expresión “despetizar el país”, refiriéndose al Partido de los Trabajadores. El PT es el partido que tiene el mayor grupo parlamentario y por lo tanto, va a ser imposible “despetizar” el país y es un partido que ha sido votado por 47 millones de personas, con lo cual es un lenguaje muy populista muy demagogo pero que no tiene sentido.

Bolsonaro y su gobierno agitan el fantasma del comunismo. “La sociedad dijo basta a las ideas socialistas y comunistas”, dijo el jefe de gabinete, Onyx Lorenzoni. Sin embargo, Brasil nunca ha tenido un régimen comunista.

Hablan mucho del comunismo y del socialismo señalando al Partido de los Trabajadores como si el PT y fundamentalmente el presidente Lula, actualmente preso en Curitiba, fuera un líder comunista. Hablan mucho también de una supuesta alianza ‘bolivarianista’, ‘venezonalista’ en América Latina para transformar toda la región en un continente comunista. Cosa que está súper lejos de la realidad porque el PT es un partido que siempre se ha basado en los fundamentos del centro izquierda, ha sido siempre un partido muy conciliador. Incluso en la época de Lula nunca hizo grandes cambios estructurales en la sociedad.

Justamente, la izquierda critica al PT por ser un partido demasiado moderado y que siempre ha negociado con las élites políticas y económicas del país. Por lo tanto, esto es una invención. Es una ficción política, una ficción histórica que él utiliza como retórica anticomunista desde la campaña. Parece que estemos en plena guerra fría ante el bloque soviético pero este discurso le ha dado muchos votos. La gente se cree esa retórica.

Las primeras medidas anunciadas por Bolsonaro han provocado bastante preocupación en algunos sectores, sobre todo en lo referente al programa de privatizaciones por 1.842 millones de dólares que incluyen cesión de aeropuertos, puertos y ferrocarriles al sector privado.  

Lo primero que hay que decir es que está cumpliendo las promesas electorales que tenía inicialmente. Hay que reconocer que ha llegado con todo al gobierno. El plan de privatizaciones lo llevará a cabo su ministro de Economía, Paulo Guedes, un ultra liberal, formado en la Escuela de Chicago, es un “Chicago Boy”. Y él ya tenía muy claro que había que reducir la máquina del Estado. Entonces progresivamente van a ir firmando ese tipo de decretos y van a ir privatizando empresas no solo con capital nacional sino también extranjero. Esto preocupa bastante en Brasil. Sobre todo si se trata de empresas estratégicas como las telecomunicaciones, energía e incluso cuestiones de seguridad que se ven como la soberanía del país.

También ha anunciado que la gestión de las tierras indígenas pasa al Ministerio de Agricultura.

Creo que es efectivamente la medida más preocupante que se ha tomado hasta ahora. Hay un organismo en Brasil que se llama Funai, que es la Fundación del Indio, que se dedica a demarcar las tierras indígenas para proteger a los indios del avance de las madereras y de los grandes conglomerados agrícolas. Lo que ha hecho Bolsonaro es quitar ese organismo y poner en manos del Ministerio de Agricultura la definición de las tierras indígenas. Pero el Ministerio de Agricultura lo dirige (Tereza Cristina, líder de la Bancada Ruralista) la representante de los grandes latifundistas y de los grandes señores del agro negocio, con lo cual no va a haber ningún tipo de demarcación de tierra indígena.  Los indígenas en Brasil ya son muy masacrados y con esto aún pueden serlo más.

Otro de los anuncios ha sido la exclusión de la comunidad LGBT de los programas de derechos humanos.

Excluir a la comunidad LGBT del Ministerio de Derechos Humanos es una barbaridad teniendo en cuenta que en Brasil se mata mucho sobre todo a la comunidad transgénero. Es un país que bate récords. Por lo tanto son grupos socialmente muy vulnerables.

La nueva ministra de la Mujer, Familia y Derechos Humanos, Damares Alves, estrenó su cargo con una polémica al afirmar que la se inicia una “nueva era” en Brasil en las que los niños tienen que vestir de azul y las niñas de rosa.

Eso es muy simbólico porque es lo que va a definir el gobierno de Bolsonaro. Por una parte, pautas neoliberales con un Estado mínimo y privatizaciones y por otra, pautas neoconservadoras, fundamentalismo religioso y neoconservador. Esta ministra es el símbolo exacto de todo eso. Es una pastora evangélica, fundamentalista cristiana y lo que dice es básicamente que el papel de la mujer está en casa, y está por supuesto en contra de cualquier tipo de aborto y es muy reticente a toda pauta LGBT y ahora acaba de decir esta estupidez de que los niños se vistan de azul y las niñas de rosa.

Brasil es también un país que, aunque tenga una proyección muy conservadora en algunos aspectos, está muy avanzado. La población LGBT ya está en lucha desde hace mucho tiempo, tiene una representación social muy grande y obviamente no va a permitir, al igual que el movimiento feminista, ese tipo de retrocesos tan absurdos. O sea que va a tener una oposición de la población.

Bolsonaro ha confirmado el traslado de la embajada brasileña en Israel de Tel Aviv a Jerusalén, un giro radical en la diplomacia de Brasil.

Es muy alarmante porque Brasil siempre se ha mantenido muy diplomático, su línea siempre ha sido la de no intervención en conflictos ajenos. Tiene una tradición incluso de mediación y de negociación. Esta decisión de trasladar la embajada viola un poco los principios básicos de la línea que han mantenido las relaciones exteriores brasileñas. Hay una cosa que mucha gente no sabe y es que la población de origen árabe en Brasil es enorme, sobretodo de sirios y libaneses. Siempre me gusta recordar que el número de libaneses en Brasil triplica el número de libaneses en el propio Líbano. El comercio de Brasil con los países árabes, sobre todo de exportación de carne, supone un comercio enorme, se exporta mucha carne halal.

Si se confirma el traslado de la embajada a Jerusalén el comercio con los países árabes se resentirá. El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, estuvo en la toma de posesión de Bolsonaro. Era la primera vez que un gobernante israelí pisaba suelo brasileño. Es muy simbólico. En su discurso de investidura, Bolsonaro dijo que se tenía que valorar la tradición judeo-cristiana de Brasil. Es un posicionamiento muy ideológico, muy radical que cambia totalmente la perspectiva internacional de Brasil. No va a ser fácil cambiar de la noche a la mañana toda la política exterior.

Entrevista publicada originalmente por RFI / Vía Diario y Radio U. de Chile

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