GAP: Los combatientes olvidados

Al menos 51 de sus miembros fueron asesinados o hechos desaparecer, fruto del golpe militar y de la política de exterminio que impuso la dictadura cívico militar liderada por el general Augusto Pinochet.

Por Opazo

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Por Francisco Marín (*)

El 11 de septiembre de 1973 no sólo se acabó el Gobierno de la Unidad Popular (UP) y la vida del presidente Salvador Allende. También fue masacrado el Dispositivo de Seguridad Presidencial, conocido como GAP (Grupo de Amigos Personales).  

Al menos 51 de sus miembros fueron asesinados o hechos desaparecer, fruto del golpe militar y de la política de exterminio que impuso la dictadura cívico militar liderada por el general Augusto Pinochet.

Pese a el importante papel que jugaron en la defensa de Allende y del Gobierno Constitucional, los sobrevivientes del GAP y los familiares de sus víctimas, han sido menospreciados por las cúpulas de la izquierda, en especial del Partido Socialista (PS) al que pertenecían la mayoría de sus miembros.

El exescolta de Allende, Miguel Farías (64) manifestó a este corresponsal que algunos de sus compañeros “han vivido situaciones realmente atroces”.

Subraya el caso de José Díaz Arias, el Pelado Willy. “A él nunca le dieron una mano y murió –en agosto de 2011- sin alimentos, sin atención médica, durmiendo en el suelo, sin pensión, en una casa de calle Los juncos, en Lo Prado (Santiago poniente)”.

“Willy” fue un militante socialista y miembro del GAP, que el “once” combatió en Tomas Moro y que vivió un largo exilio en Cuba.

Farías cuenta que la muerte de Willy solo se conoció después de más de una semana de ocurrida, debido a los fuertes olores que arrojaba su cuerpo en descomposición.

En junio de 2014 murió en Cienfuegos, Cuba, uno de los integrantes más emblemáticos de la escolta de Allende: Renato González, Eladio, quien batalló codo a codo con Allende en la Moneda.

Debido a las precarias condiciones en que vivía y a la gravedad de una enfermedad que lo aquejaba, prefirió ir a vivir sus últimos meses de vida al país que lo acogió tras el golpe militar.

En las largas horas de entrevista con este corresponsal Eladio, Renato González, denunció el “acomodo” y la “traición” de los socialistas que llegaron al Gobierno, tras el fin de la dictadura del general Augusto Pinochet.

“Eladio tuvo que irse a Cuba para morir con dignidad”, reclama Farías. Y asegura que hay otros casos similares.

“¡Es el pago de Chile!”, expresa con amargura.

Él mismo es un afectado por el abandono que sufren los que defendieron militarmente al Presidente Allende y que no es muy diferente al que vivencian muchos otros ancianos en Chile.

“¿Tú crees que alguien me dio una mano a mí cuando me estaba muriendo de cáncer al esófago en 2013? No. Fue Manuel Céspedes, que combatió conmigo en Tomás Moro, y que hasta el día de hoy que administra la página del GAP, el que me pagó la última operación que tuve que hacerme”, reclama Farías.

 “Nosotros brindamos un servicio a un presidente constitucional: lo cuidamos a él, a su familia, a su comitiva. Nosotros estuvimos ahí y fuimos fieles hasta el final. Y, sin embargo, después nadie se hizo cargo de nosotros, nadie nos quiso apoyar… Ningún partido de la Concertación ni de la Nueva Mayoría. Lo que es peor: el Partido Socialista usufructúa de la memoria de los GAP”, señala con indignación Farías.

Cabe consignar que el PS conformó a fines de los ochenta, junto a la Democracia Cristiana y otros partidos de centroizquierda, la Concertación de Partidos por la Democracia, que gobernó Chile entre marzo de 1990 y el mismo mes de 2010.

En 2014 volvieron al poder bajo el nombre de Nueva Mayoría, coalición a la que incorporaron al Partido Comunista (PC) y que en 2014 fue derrotada por la derechista Chile Vamos, del Presidente Sebastián Piñera.

Como parte de este cambio que denuncia Farías, el PS asumió como propia -en septiembre de 1990 con ocasión del funeral oficial de Allende- la versión oficial emanada por la Junta Militar, que aseguraba que el Presidente Allende se suicidó con el fusil AKMS que le regalara Fidel Castro.

De hecho, su funeral oficial fue coordinado por quien ha sido el mayor cabildero de los grandes grupos económicos y fácticos durante toda la transición a la democracia: Enrique Correa, exvocero de Gobierno durante el Gobierno de Patricio Aylwin (1990-94) y hasta hace poco vicepresidente de la Fundación Salvador Allende.

Farías denuncia que la triste realidad de los protectores de Allende,  contrasta brutalmente con la de los criminales de la dictadura: “ellos tienen pensiones de ricos”.

En efecto, la pensión inferior de los oficiales de las fuerzas armadas, alcanza los 2 mil dólares, diez veces más que la pensión promedio de un exonerado político o un torturado.

Pero, tratándose de altos mandos, las pensiones alcanzan al equivalente a 8 mil dólares.

Además, muchos de los jubilados de las fuerzas armadas son contratados para diversas tareas, por los que sus ingresos se duplican. Viven como reyes.

Incluso los exuniformados encarcelados por crímenes de lesa humanidad son beneficiarios de estas fabulosas pensiones, y pese a los escándalos que ocasionalmente esto ha provocado, todo sigue igual.

Farías (64) denuncia que en los tiempos de la Concertación, luchó por conseguir una pensión como exonerado político a la que tenía derecho por ley. Pero los socialistas, en el Gobierno, desconocieron su calidad de escolta de Allende y rechazaron darle pensión. Le dijeron que no estaban sus papeles.

Paradójicamente, sólo en 2014 y bajo el gobierno de la derecha, encontró una solución.

 “Fui al Ministerio del Interior. Me atendió un militar. Le dije que quería saber qué pasaba con mi situación, y me respondió: ‘Bueno, estos trámites demoran más o menos tres meses’. Retruqué: ‘¿Cómo? Si yo llevo seis años tramitando’. Me dijo: ‘¿Cómo? A ver, deme todos sus datos’. Se metió a un subterráneo y después de un rato trajo una carpeta. Nunca me voy a olvidar lo que me dijo. ‘Gancho, no se preocupe, aquí está toda su historia’. Y agregó: ‘¿Sabe? Sus compañeros se lo tenían cagado. La carpeta estaba en la caja número 20, en un subterráneo, olvidada’”.

El Gobierno de derecha se demoró 15 días en tramitarle la pensión a Farías (200 dólares), la que de todos modos apenas le alcanza para comer.

“Se han robado el país”

Manuel Cortés Iturrieta –al que Allende del que fue chofer consagró como “Patán”- también tiene una posición extremadamente crítica de la actitud que tomó la dirección del PS, pero se centra en la crítica política.

“No nos daban bola, no nos tomaban en cuenta, ni preguntaban cuál es el papel que habíamos jugado los GAP, ni nos agradecían lo realizado… las jefaturas solo nos querían de guardaespaldas o cuidapuertas”, asegura en entrevista con este corresponsal.

Patán es uno de los diez fundadores del Dispositivo de Seguridad, Presidencial formado tras la elección presidencial del 4 de septiembre de 1970.

Actualmente oficia como vocero de los pocos más de 20 sobrevivientes que se mantienen activos en la defensa de la memoria de lo obrado junto a quien cariñosamente llamaban “doctor”.

Ellos se juntan cada 4 de septiembre en el Cementerio General de Santiago para recordar a los compañeros caídos y para “rendir cuentas” de su bregar al Presidente Allende, cuya persona y trayectoria es venerada por ellos.

Cortés Iturrieta dice que como respuesta al silencio de las jefaturas socialistas, él y otros compañeros se dedicaron a hacer un trabajo de registro y memoria de lo sucedido con los miembros del GAP, materia respecto de la cual hay poca claridad, puesto que los documentos de muchos miembros del GAP cayeron en manos del Ejército, el once de septiembre.

Dice que este trabajo lo hicieron en 2005-2006 cuando el presidente del PS era Ricardo Nuñez -actual embajador en México- y el presidente de Chile era Ricardo Lagos Escobar (2000-2006).

Llegaron a la conclusión que 51 miembros del GAP fueron asesinados y que este dispositivo contó con 180 miembros. El recuento venía con una reseña de la labor de cada militante y del rol político militar jugado por la organización. También del destino de los sobrevivientes.

“Patán” dijo que a él le tocó en 2006 exponer –ante la comisión política del PS- de aquel informe. “Fue un resumen de toda nuestra tarea”, señaló a Proceso.

Patán dijo que la información de los muertos del GAP provocó impacto al interior del PS. “Isidro García –por órdenes superiores- salió diciendo por El Mercurio y La Segunda que esa información era falsa. Que había solo 30 GAP… que el resto eran huevones que estaban pintando monos (llamando la atención) y que lo único que querían era sacar plata”, contó Patán.

Cortés dice que la cúpula socialista “no quería que saliera esa historia. Ellos estaban en otra etapa, limando asperezas con los viejos enemigos, haciendo digeribles a los socialistas para el sistema”.

Asegura que el PS ha reconocido como GAP sólo un reducido grupo de miembros que liderados por Isidro García “se han dedicado a tergiversar la historia a la medida de las necesidades de los poderosos”.

García y otros GAP cercanos a él como Pablo Zepeda, han sostenido que Allende se suicidó. Incluso este último llegó a afirmar que él fue testigo presencial de este hecho.

En cambio, Patán, Farías y la mayoría de los GAP de la disidencia a la línea oficial del PS, afirman que Allende fue asesinado o que murió combatiendo.

Patán denuncia que el presidente Ricardo Lagos (2000-2006) otorgó pensiones de gracia a 25 personas por su labor en el dispositivo GAP, favoreciendo a muchos que nunca pertenecieron a este equipo. La gestión de esta medida habría sido coordinada por exmiembro de este dispositivo, Isidro García.

Además, Patán alega que durante los años de la Concertación se les impidió -a través de trabas en el Ministerio de Justicia- poder crear una Fundación del GAP. “Pero, de la noche a la mañana, el PS le sacó la fundación al Isidro García… y como casi ningún miembro del dispositivo quiso firmar, esa fundación se forma con gente que con dirigentes de la Confederación Nacional de Trabajadores Panificadores (Conapan) que no eran GAP… Son puras cochinadas que nos hicieron”.

Cortés estima que la dirigencia del PS “le ha entregado el país a los empresarios… se han robado el país” por lo que no le extraña el trato que han tenido con “lo que hemos mantenido en alto las banderas de Allende”.

El 24 de junio de 2017, al realizarse el funeral del militante del GAP, Oscar Lagos Ríos -detenido junto a otros nueve compañeros en las cercanías de La Moneda y cuyos cuerpos fueron dinamitados- la Agrupación de Familiares de Detenidos en el Palacio de La Moneda e Intendencia expresaron su malestar con el PS: “Ahí está el Partido Socialista sin decirnos nada, hemos hablando con su actual presidente Álvaro Elizalde, pero no escucha, se da la media vuelta, se limpia las manos y chao. Para ellos nosotros ya no servimos, nunca han considerado a las organizaciones sociales que representan a los GAP del Presidente Salvador Allende, ellos no se pueden negar a reconocer que eso fue verdad”.

Es lo que señaló su vocera Francisca Alcayaga, quien añadió: “Se podrían haber sentido orgullosos (…) los nuestros fueron más dignos que toda esa tropa de imbéciles que está hoy en el Partido Socialista”.

En el origen, la guerrilla del “Che”

Tal como se relata en el revelador libro Yo Patán. Memorias de un combatiente –coescrito por Manuel Cortés y el periodista e historiador Arnaldo Pérez Guerra- Beatríz “Tati” Allende, la hija mayor del Presidente, fue quien lo convenció de la necesidad de crear un dispositivo de seguridad.

Ella formaba parte –junto a Rolando Calderón y Felix Huerta- de la cúpula del Ejército de Liberación Nacional (ELN-Chile) organización creada en 1965 a instancias de Ernesto “Che” Guevara y que tenía por fin ser la retaguardia operativa de su tarea guerrillera en Bolivia.

Patán señala en su libro que la sección chilena del ELN, comisionó a su militante el exguardamarina Fernando Gómez, “cabeza de perno”, a que ofreciera a Allende la creación de un dispositivo de seguridad integral, que era mucho más amplio que tener tres o cuatro guardias. Allende no aceptó el ofrecimiento.

Cuando finalmente “Tati” convenció a su padre de la necesidad de formar un cuerpo de seguridad integral, a los pocos días de verificada la elección del 4 de septiembre, el ELN ya había determinado desistir de esa misión, puesto que –como reclamaron los mandos bolivianos de esta organización- la tarea del grupo era crear un foco revolucionario en Bolivia, que irradiara al resto de América Latina…. No cuidar presidentes.

En la desesperación por no quedar desamparado Allende y la Tati le ofrecieron esta responsabilidad al Movimiento de Izquierda Revolucionaria, MIR. Este aceptó inmediatamente y designó cinco militantes para dicha labor, pese a que nunca formaron parte del Gobierno de la Unidad Popular.

Entre estos primeros escoltas de Allende provenientes del MIR estaba Joel Max Marambio, que con los años se convertiría en uno de los hombres más poderosos en Cuba…

Una vez que el MIR envía a sus cinco representantes, la dirección del ELN se “retracta” y decide disponer de cinco militantes para custodiar al presidente Allende. Entre ellos estuvo Patán.

El armamento con que contaron al principio fue una pistola Walther P38, un cañon sin retroceso portátil Carl Gustav que había sido robado a Carabineros; y dos T1 “que eran unos lanzacohetes que inventaron los guerrilleros tupamaros, que tenían unos timbres y unas pilas, pero que cuando los probamos no funcionaron… así comenzamos esa historia”, señala Patán en la entrevista.

Con el GAP “hicimos escuela –en Chile- porque fuimos los primeros en ocupar el sistema de tres vehículos”, señala Patán.

En efecto, los GAP se hicieron conocidos por utilizar un sistema de tres vehículos FIAT 125 azules, en los que trasladaban a Allende y sus asesores más cercanos, a toda velocidad por las calles de Chile, siempre con fusiles de asalto AKM prestos a disparar.

En las mencionadas memorias Patán revela que el GAP tenía un “edecán whiskero”, que impedía que alguien le sirviera un trago a Allende, con el que lo pudieran envenenar. “El edecán que andaba a su lado, que aparecía como su secretario personal, guardaba en su chaqueta una petaquita con whisky; entonces, cuando le iban a servir un trago, en cualquier parte, él decía: -‘¡No!, traiga un vaso’. Tomaba el vaso, lo limpiaba, le echaba whisky y decía: -“Éste lléveselo al presidente”, y seguía los pasos del garzón o de quién fuera”.

Patán cuenta que debido al asesinato del general Schneider -22 de octubre de 1970- tomaron una serie de disposiciones bastante drásticas con Allende.

“Como Allende ya andaba con una escolta de Carabineros y otra de Investigaciones (policía civil), nosotros llegábamos a las siete u ocho de la noche a calle Guardia Vieja. Allende despedía a su escolta y nosotros lo sacábamos por la puertecita del patio (…) todas las noches dormíamos en casas distintas, lo que suponía tener que instalar a Allende, hacer una guardia afuera en la calle, con los autos, otra adentro de la casa… Dormíamos unas tres horas o menos, o simplemente no dormíamos…”.

Cortés subraya que en el GAP todos tenían “chapa” –alias- y que la compartimentación era total. “No sabíamos nada de los demás, ni siquiera dónde vivían”.

Cuando a mediados de 1972 Allende expulsó al MIR del GAP –por robarse armas de reserva- se fue Joel Max Marambio, que hacía de “jefe de escolta”. Patán lo remplazó.

La matanza

El día del golpe, al conocerse que un golpe militar estaba en desarrollo, un grupo de miembros del GAP entre los que estaba el jefe de escoltas Domingo Blanco Tarres, Bruno, se trasladó desde la guarnición Cañaveral (precordillera de Santiago) a la residencia presidencial de Tomás Moro.

En esa comitiva también iba Payita (Miria Contreras) la secretaria y amante de Allende y sus hijos Max y Enrique Ropert Contreras. Al llegar a Tomas Moro constataron que Allende ya había partido a La Moneda. Por lo mismo Blanco Tarres, junto a otros nueve compañeros, continuaron camino –en una camioneta- a La Moneda. Lo mismo hizo Payita con su hijo Enrique, en un Renault 4S. Max quedó en Tomás Moro.

En la esquina de Moneda con Morandé, casi al llegar al palacio presidencial, efectivos del grupo móvil de carabineros –que recién se habían pasado al bando golpista- detuvieron al grupo de Blanco Tarres. Payita, que al acercarse notó que había un incidente, le pidió a su hijo Enrique –que no pertenecía al GAP- que fuera averiguar lo que sucedía. También sería detenido. Payita y el propio Allende hicieron todo lo posible esa mañana para conseguir liberarlos, pero nada obtuvieron. Todos serían asesinados en los días posteriores. En la mayoría de los casos sus cuerpos nunca fueron entregados.

La mayoría de los cerca de 25 GAP que combatieron con Allende en La Moneda fueron asesinados. Según estableció el Ministro en Visita para causas de derechos humanos, Miguel Ángel Vásquez –al emitir condenas en mayo pasado contra siete oficiales en retiro del Ejército, por su responsabilidad en los delitos de secuestro y homicidio de 23 colaboradores del Presidente Allende, detenidos en el Palacio de La Moneda, el 11 de septiembre de 1973- aquel día tropas militares que ingresaron al Palacio de La Moneda, procedieron a la detención de un grupo de alrededor de 50 personas, integrados por asesores políticos directos, miembros del dispositivo de seguridad del Presidente Allende (GAP), médicos y funcionarios de la Policía de Investigaciones de Chile”.

Se sostiene en su sentencia que en su mayoría los detenidos fueron trasladados al Regimiento Tacna del Ejército, siendo ingresados en tal recinto “sin cargo formal alguno, salvo que desempeñaban diversas funciones en el gobierno recién derrocado”.

El juez afirma que el 13 de septiembre de 1973, 23 de los detenidos “fueron amarrados de pies y manos con alambres, luego subidos a un camión militar, custodiados por Oficiales y personal militar, e inmediatamente trasladados” hasta el recinto militar de Peldehue, aledaño a la carretera San Martín, sector Colina.

Al arribar a dicho lugar, los detenidos fueron bajados del camión militar. Allí se dispuso la instalación de una ametralladora, “mediante la cual se disparó sobre dichos prisioneros, los que estaban atados de manos y pies con alambres, los que fueron ubicados al borde de un pozo o fosa vacía previamente excavada en dicho predio, y los cuales, al recibir los impactos de bala, cayeron al interior de dicha fosa”.

Se agrega que “una vez que concluyeron los fusilamientos, el personal militar arrojó granadas a la fosa, las que explotaron en el lugar, cubriéndose posteriormente con tierra y sepultándose de esta manera los cuerpos de tales prisioneros”.

Los únicos GAP que aquel once pudieron librar de la muerte fueron Eladio –que en las afueras de La Moneda se hizo el herido y un oficial que lo conocía lo sacó en ambulancia militar a la Posta de Santiago desde donde se fugó- y otros tres miembros que en el regimiento Tacna fueron circunstancialmente incorporados a un grupo que fue trasladado al Estadio Chile, de Santiago.

La orden era matarlos a todos. 

(*) Artículo de Francisco Marín publicado en septiembre de 2018, en revista Proceso de México, bajo el título: Los héroes de Salvador Allende: olvidados a su suerte.


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