Revolución y música para volar

Gustavo Cerati con coros de Salvador Allende: Banda sonora para un 4 de Septiembre

En la mañana de hoy la marcha de la CUT reunió a miles de personas en la calle para decirle al país y al gobierno que queremos reformas laborales, mejores condiciones de trabajo, justicia para los que se pelan el lomo debajo de patrones de fundo que les importa una mierda la vida de sus […]
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Chile / Crónica / Portada

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En la mañana de hoy la marcha de la CUT reunió a miles de personas en la calle para decirle al país y al gobierno que queremos reformas laborales, mejores condiciones de trabajo, justicia para los que se pelan el lomo debajo de patrones de fundo que les importa una mierda la vida de sus trabajadores. Fuimos y apoyamos a la Central Unitaria de Trabajadores y nos volvimos a convencer de que hay que seguir luchando. Barbara Figueroa recordó que un día como hoy, hace 44 años, Salvador Allende Gosens fue elegido presidente de Chile para empezar con un proceso revolucionario y democrático que terminó en una de las secuelas más oscuras de nuestra historia. Estábamos en eso, digo, pensando en el pasado y presente de los movimientos sociales cuando apareció la noticia de que en Argentina murió Cerati y entonces, como de la nada, se difuminó cualquier discurso político y nos quedamos pegados en el twitter leyendo las condolencias y empezamos casi por inercia a tararear La ciudad de la furia o cualquier canción que se nos venga a la cabeza de Soda Stereo. Entonces, sin que lo queramos, la contingencia borró de un plumazo la memoria y la noticia, tal como le gusta al doupolio, pasó a ser doliente y ligera de cascos, amable, transversal.

Contingencia v/s Memoria política

A modo personal pensé en el año 85 cuando con mis compañeros de curso dibujábamos unos monos que se supone eran Soda Stereo. Mi mamá los encontraba medio fletos por los peinados pero prefería que escuchara eso antes que Los Prisioneros, porque siempre le pareció que Jorge González era mala influencia (y gracias que lo fue) para mí. Cerati, Alberti y Zeta Bosio en cambio le resultaban más suaves para un pendejo de 7 años y no me negó la posibilidad de cantar “Nada Personal” porque prefería eso antes de escucharme cantando “Por qué no se van del país…” por los pasillos de la casa.

Nunca fui muy cercano en realidad a las canciones de Cerati, por el contrario, me gusta más otro tipo de música argentina, quizá Bersuit, quizá Fito, pero el caso es que no recuerdo una época de mi vida en la que no haya, de fondo, al menos una canción de Soda o de él como solista. Entonces pienso que claro, lo siento, me da lástima, me duele que se haya muerto aún cuando no me declaro fanático y supongo que, para los que son fans, debe ser medio terrible saber que ya no se va a levantar del coma y nunca más volverá a cantar como todos pensamos en algún momento que ocurriría.

El caso es que yo debería estar escribiendo de Allende, y más aún de la marcha de la CUT, o de la huelga de Chilevisión, o de la huelga de la CCU, pero no, estoy acá escribiendo de la muerte de Gustavo Cerati y no me puedo deshacer de esa responsabilidad que obliga la contingencia noticiosa. Porque, seamos honestos, hoy en día todo es contingencia, todo es hashtag, todo es inmediato y veloz. Por eso es que un movimiento social puede pasar a segundo plano. Por eso es que todas las familias que sufren por la injusticia de los empleadores hoy día también están pidiendo a gritos que hablemos de Cerati porque es triste que se haya muerto y sabemos que el gobierno no nos va a mejorar nada; y estamos seguros de que no le importamos realmente a nadie, entonces es mejor ser honestos y reconocer que la historia y la política son una cagada que nos importa un carajo y preferimos, mala suerte, hablar de la muerte de un cantante.

No quiero ser grosero. Menos aún aprovecharme de la muerte de alguien famoso. Sin embargo estoy obligado a ser grosero y estoy obligado, a empujones, a hablar de la muerte de un famoso. Así es la vida. Trágica y contingente. Olvidadiza. Feroz.

La marcha de la CUT quedó debajo de Allende y Allende quedó debajo de Cerati

Me llamó la atención que cuando Bárbara Figueroa estaba terminando su discurso, que fue un buen discurso, recalcó varias veces el nombre de Salvador Allende. Y no fue por una simple necesidad historiográfica, para nada, sino que sentí que estaba apelando a sensibilizarnos desde el recuerdo. Es decir, que estaba poniendo esa guinda lacrimógena que suelen poner los comunistas para que a uno se le paren los pelos y termine moqueando un poco. No me molesta, por el contrario, creo que es un recurso inteligente porque obliga a que todos nos unamos en una causa y hoy, en Chile, Allende es una causa y un fin en sí mismo. Nadie le cree a la izquierda pero todos sabemos que Allende fue mucho más que lo que Pinochet y su argamasa de asesinos han escrito en los libros. Todos sabemos que por más que nos quieran decir que el modelo de la Unidad Popular era malo pues era harto mejor que el capitalismo aberrante en el que vivimos. Entonces hoy, quizá, somos más Allenderos que hace 40 años precisamente porque la derecha ha machacado tanto en su vileza y su maldad que no nos queda otra que volvernos, por necesidad, casi marxistas para poder comer o llegar a fin de mes con una dignidad que es, en realidad, una justificación resignada ante el robo de la derecha fascista.

En eso estábamos, levantando el puño, tarareando implícitamente a Víctor Jara y Quilapayún, metidos de cabeza en el discurso de la izquierda cuando se muere Cerati y cagaste te mandó saludos, porque todos nos olvidamos de las banderas rojas y partimos a poner una playlist con canciones de Soda y la bandera con la cara del Chicho quedó doblada en la esquina de la habitación para otro día.

Mañana quizá volvamos a rendirnos ante la tristeza histórica, por ahora mejor tiremos mocos para el lado pensando en las canciones argentinas del rock de los 80´s y otro día volvemos a enojarnos con el gobierno. Total todavía tenemos el 11 de septiembre y ahí nos desquitamos de estos chuchesumadres empresarios que nos roban el sueldo.

A veces ni yo sé de qué chucha estoy hablando, pero tranqui, ya me explico

Quiero cerrar diciendo que, en realidad, todos los discursos y todas las muertes son terribles. Pero no para tanto. Hasta la alegría es de una liviandad que se pasa volando. Allende, Cerati, la marcha de la CUT o los movimientos sociales son, hoy en día, una cosa que no le importa a nadie hasta que ocurren y dejan de importar cuando ocurre otra cosa. Quizá pueda sonar estúpido que lo diga yo desde acá, digo, desde un medio de prensa, sin embargo para qué les voy a mentir, sepamos de antemano que todas las batallas son batallas perdidas ante la muerte de un cantante o de un partido de la selección. La política es un juego en el que no tenemos fichas. Dados quizá, pero fichas no. Y los medios de prensa, sobre todo los perversos como La Tercera o Chilevisión, están a la espera de que justo un día como hoy, en el que se suponía que habláramos de las movilizaciones o del aniversario de la elección de un presidente socialista en Chile, ocurra un hecho fortuito, insólito, poco común, como el fallecimiento de un cantante querido por la gente. Me explico: los únicos felices con la muerte de Cerati son los empresarios que ganan plata con el silencio social que provoca el estribillo de las canciones de Soda Stereo en las portadas de los diarios de mañana. {destacado-1}

Me gustaría decir que un día como hoy murió alguien en un centro de detención de la DINA. También en un 4 de septiembre murió una mujer asesinada por su marido. Y en un hospital nació, hace muchos años, un niño que no tuvo futuro ni casa ni salud ni educación. Pero eso no le importa a nadie.

Seguimos. Hasta la victoria siempre. !Gracias Totales!

en twitter @arturoledezma


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