Santiago suele mirar al Mapocho como una postal apurada: lo cruzamos, lo bordeamos, lo damos por sentado. Pero bajo ese paisaje cotidiano hay un ecosistema que resiste —y que todavía sostiene vida en plena ciudad—. Por eso, la nueva señal de resguardo no es menor: el Ministerio del Medio Ambiente lo declaró humedal urbano en toda su extensión, mediante la Resolución Exenta N°9638/2025.
La decisión fue celebrada por el alcalde de Maipú, Tomás Vodanovic, quien la definió como un “día histórico” para la Región Metropolitana y para quienes defienden el ecosistema del río. En un video difundido en redes, subrayó que la declaratoria no cayó del cielo: fue empujada durante años por municipios y organizaciones sociales, y responde a un trabajo articulado entre gobiernos locales, la gobernación de Santiago y el propio ministerio.
Humedal urbano del Mapocho: 13 comunas, un mismo corredor ecológico
La medida abarca trece comunas: Cerro Navia, Independencia, Las Condes, Lo Barnechea, Maipú, Padre Hurtado, Providencia, Pudahuel, Quinta Normal, Recoleta, Renca, Santiago y Vitacura. En la práctica, esto instala un nuevo marco ambiental para el principal eje natural de la capital: un corredor que conecta territorios, fauna, flora y comunidades.
Que un ecosistema sea reconocido como humedal urbano significa que el Estado lo identifica formalmente como un humedal total o parcialmente dentro del límite urbano, justamente por su valor para la vida en la ciudad: funciona como área verde, refugio de biodiversidad y también como “esponja” natural frente a crecidas, ayudando a reducir riesgos y a mitigar efectos del cambio climático. En simple: deja de ser solo “un borde de río” y pasa a ser un espacio con relevancia ecológica que la institucionalidad debe considerar y resguardar.
La declaratoria también abre herramientas concretas de protección: la ley permite a los municipios elaborar ordenanzas para resguardar estos humedales y, cuando corresponde, postergar permisos ligados a subdivisión, loteo, urbanización o construcción. Además, exige que los humedales urbanos reconocidos sean incorporados en los instrumentos de planificación territorial como “área de protección de valor natural”, lo que eleva el estándar para intervenirlos y pone el freno —al menos en el papel— a que el desarrollo urbano los trate como terreno disponible.
Uno de los puntos centrales es la protección de más de 600 hectáreas de ribera, desde Lo Barnechea hasta Padre Hurtado. “Esta declaratoria nos permite proteger más de 600 hectáreas de toda la ribera del río Mapocho para poder preservar y conservar la flora y fauna de este importante patrimonio de la ciudad”, sostuvo Vodanovic.
Con la declaratoria en la mano, ahora viene lo más importante: que el papel se traduzca en decisiones reales. Que el Mapocho deje de ser el patio trasero de la ciudad y pase a ser tratado como lo que es: un ecosistema vivo que necesita cuidado, planificación y ojos encima —de las autoridades, de las comunas y también de la ciudadanía

