Por Diego Inostroza Lucas
Han pasado más de seis meses desde que el gobierno de J.A. Kast se instala en el poder. Lo hace con la alegría de quién ha luchado incansablemente por conseguir darle remedio a las necesidades actuales y heredadas que ni la izquierda, centro o derecha convencionales han podido solucionar a 35 años del retorno de la democracia a nuestra patria.
Para cumplir con este mandato republicano y democrático, bajo promesas de austeridad y el fin de parasitar al Estado, desde el primer día se inaugura el nuevo porvenir degustando los más exquisitos y abundantes platillos y banquetes. Pero que no se mal entienda, la sencillez puede atraer miseria y espantar la abundancia.
También se le solicita a la ciudadanía que deje la ansiedad de lado, aunque sea por un corto plazo, y que comprendamos que estamos ante un gobierno en vías de instalación y necesita criterios especiales, incluso excepcionales.
Debemos entender que no es tarea fácil virar hacia las nuevas ideas maduradas por 12 años. Imaginamos que, como un buen whisky escocés de 12 años, los planes en seguridad, economía, ciencia y educación deben saber muy bien y quién no las comprenda es porque este tipo de sabores son adquiridos y se debe refinar el paladar para disfrutarlos.
Y bueno, son más de seis meses abriendo la botella y pareciera que las promesas se volatilizan como el alcohol, las fuerzas de sus moléculas son débiles y se escapan al encontrar espacio disponible para disiparse. Las metáforas se las lleva el viento, las hipérboles vuelan libres nuevamente para encontrar resguardo en alguna otra campaña.
Entonces ¿qué tenemos dentro? En la botella refinada y adornada con todo el rococó posible, no queda mucho. En realidad, el contenido nunca fue importante. Hay una botella y hay que mantenerla. No importan los medios, sino sus fines.
¿Suena Maquiavélico? Pues, sí. Maquiavelo, en El Príncipe, entrega una hoja de ruta con reglas prácticas y entendibles hasta por los gobernantes menos astutos, para que el poder no se le escape ante cualquier amenaza.
El problema es que Maquiavelo no solamente enseña que el gobernante debe saber utilizar la astucia y la fuerza, también enseña que debe saber aparentar virtud, cumplir cuando conviene y romper la palabra cuando hacerlo resulta útil para conservar el poder.
Bajo esta lógica, la moral no está ni cerca de ser un límite de la acción política y se convierte en una mera herramienta de ella, utilizable solo cuando conviene, como quien se persigna sólo cuando siente miedo.
Y a J.A. Kast parece funcionarle hasta el momento esta técnica. En pleno mes de la patria incorpora a Chile al llamado “Escudo de las Américas”, una iniciativa de cooperación en seguridad impulsada por Trump desde la Casa Blanca, sin que todavía resulte del todo claro cuánto compromete nuestra soberanía ni cuáles serán sus alcances para nuestro país.
No sabemos bien qué significa esto ni cuánto compromete nuestra independencia nacional. Tampoco parece existir demasiada claridad pública sobre el contenido de los compromisos. Pero no seamos tan autoexigentes, si no lo sabe nuestro ministro de defensa menos lo sabremos nosotros.
Y quizás sea mejor no preguntarle a su Excelencia, quien además debe estar muy ocupado persiguiendo a personalidades de mucha influencia e importancia para completar el álbum de selfies de su asistencia a la ONU.
Mientras tanto, el asunto en nuestro país se torna serio. Hay recortes por aquí y otros recortes por allá. Menos impuestos por aquí y más gasto por acá.
El propio Gobierno ha reconocido un ajuste fiscal profundo y medidas de contención del gasto, mientras por otro lado la promesa de no eliminar programas de ayuda social también fue una figura retórica, como la de expulsar a los inmigrantes ilegales en una “metafórica” cuenta regresiva.
¿Es que acaso no sabemos lo que es una metáfora? ¿Acaso un Presidente debería cumplir sus promesas más básicas de campaña?
Y no, no fue una mentira inventada por los bots, fueron compromisos de campaña salidos de la propia boca del Presidente, quién parece no cuestionarse si mentir y faltar a su propia palabra es moralmente correcto o incorrecto. Pero aquí aparece nuevamente Nicolás. No hablo de Maduro, sino de Maquiavelo. Para él, la política no se juzga solamente por la bondad de los fines, sino por la eficacia de los medios.
El éxito significa conseguir aquello que se pretende conseguir. Y no es un simple juego de palabras, porque si el poder depende también de la opinión pública, de la propaganda y de la apariencia de virtud, entonces la verdad y la mentira se convierten en un medio político.
Pero hay una diferencia importante. Maquiavelo también consideraba bienes políticos superiores a la independencia nacional, la seguridad y una Constitución bien ordenada. Y entendía que la estabilidad no dependía únicamente de la voluntad del gobernante, sino también de instituciones capaces de limitarlo.
Por eso, quizá el problema no sea solamente que el gobierno actual incumpla sus promesas. El problema aparece cuando mentir se transforma en el método para alcanzar el poder y corromper la democracia con la utilización de la tecnología, e incumplir se convierte en la única forma para conservar el poder sustituyendo el contenido por la apariencia.
Con todo, en este juego de verdades y mentiras, del cual hay muchísimo más que decir, hay un hecho irrefutable que no admite prueba en contra: “Todo es culpa del gobierno anterior”.
Diego Inostroza Lucas
