Por Bernardo Jorquera Leyton, antropólogo social e integrante del Movimiento La Florida Solidaria
¿Puede la derecha heredera de Jaime Guzmán ser catalogada de “derecha radical”?
En el podcast “Animales Políticos”, Pablo Ortúzar, uno de los intelectuales jóvenes de la derecha, cuestionó la inclusión de José Antonio Kast y el Partido Republicano en esta categoría apelando a que, como si fueran algo muy equidistante de esta catalogación, las ideas del actual presidente estarían en lo que Kast considera las “ideas originales de la UDI”.
Con ironía y, por qué no, con un cierto tufillo decolonial, cuestionó la idea de recurrir al politólogo neerlandés Cas Mudde – referente global en el estudio de la ultraderecha – para comprender la irrupción del Partido Republicano en el Ejecutivo.
Con ello, indirectamente, Ortúzar buscó polemizar con académicos como Cristóbal Rovira o Lisa Zanotti, que han utilizado la categoría de “derecha radical populista” para identificar la variante política del actual Presidente, “trasvasijando conceptos”, para explicar desde categorías foráneas un fenómeno propio de la derecha chilena, como dio a entender el antropólogo e investigador del IES.
Ortúzar tiene un punto, la derecha heredera de Guzmán obviamente no nació con Orbán, Salvini o Abascal, ni mucho menos con Milei o Bukele. Leerla sólo como un reflejo importado de fenómenos de la nueva derecha sería un reduccionismo que no contribuye al análisis.
Sin embargo, aceptar su historia y sedimento ideológico, no la hace inclasificable ni un fenómeno único, menos a la luz de la actualidad. Tampoco habría que pasar por alto el debate sobre lo que Mudde entiende por la característica del populismo, a lo que tanto Enzo Traverso como Steven Forti dan otra perspectiva crítica.
Pero, para categorizarla, más allá de apelar a etiquetas, vayamos a la práctica política de su fundador.
Si como afirma Ortúzar, Kast rompió con la UDI para seguir el espíritu “original” de Guzmán, entonces ¿qué es Guzmán? Si pudiéramos definir al fundador de la UDI en una sola frase, como argumenta Daniel Mansuy, Jaime Guzmán fue ante todo un anticomunista.
En ese sentido, Guzmán mezcló un nacional-catolicismo en su juventud a mediados de los sesenta, con un liberalismo económico profundo hacia comienzos de los ochenta, sobre todo a partir de su vínculo con los economistas llegados de la Escuela de Chicago durante la dictadura.
Siguiendo a Isabel Jara, Guzmán estuvo inspirado en Osvaldo Lira como primer referente intelectual, quien bebía de fuentes del tradicionalismo español como Donoso Cortés y Vázquez de Mella, quienes eran profundamente críticos de la modernidad liberal, el sufragio universal y el sistema de partidos, poniendo énfasis en que el liberalismo político distorsionaba el vínculo entre autoridad y orden cristiano.
Tal es así, que Guzmán en la declaración de principios de la Junta Militar apeló a la esencia de aquel tradicionalismo, señalando la necesidad de un modelo político alejado de un sistema de partidos y con énfasis en los cuerpos intermedios y de un gobierno autoritario e impersonal.
Y, yendo más allá, hacia 1979, justificó las reformas impulsadas por la dictadura a partir de lo que Vázquez de Mella denominaba “el sufragio universal de los siglos”, es decir, el poder como un ente sagrado anclado en la tradición católica y alejado del voto de la ciudadanía.
Según Mansuy, a partir de los ’80 Guzmán da un giro al entablar vínculo con los “Chicago Boys” en donde ese tradicionalismo nacional-católico se funde con un liberalismo económico profundo pues, ante todo, Guzmán era un anticomunista, con lo cual, más allá de una distancia con el liberalismo por parte de su tradición católica, su postura política estaba determinada por la bifurcación que la guerra fría ofrecía, siendo necesaria una flexible heterodoxía para, al mismo tiempo, abrazar el tradicionalismo católico y las ideas del libre mercado.
A esa operación, Mansuy no la entiende como una sofisticación filosófica, sino más bien, como una acción extremadamente pragmática, en donde la subsidiaridad deja los cuerpos intermedios y el entendimiento orgánico de la sociedad, para centrarse en la importancia del individuo frente al Estado.
Como afirma Mansuy, Guzmán no fue un filósofo, fue un político que no buscaba hacer encajar el corporativismo con el neoliberalismo para crear un sistema filosófico-político coherente.
Así, volviendo a la pregunta inicial que planteaba Pablo Ortúzar, sobre ¿qué es Guzmán?, podríamos responder, agregando a lo que Mansuy definió como anticomunista: Fue un pragmático que supo adaptar sus más profundas convicciones nacional-católicas a herramientas ideológicas nada más alejadas de aquellas como lo son las ideas del libre mercado radical.
En ese sentido, Cas Mudde, bajo el paraguas categorial de ultraderecha, distingue entre extrema derecha y derecha populista radical. Esta última, es definida por Mudde por características concretas como el autoritarismo, el nativismo y el populismo, es decir, no necesariamente por doctrinas ideológicas propiamente tal, que es donde Ortúzar podría alegar cierta excepcionalidad.
Así, estas características pueden enlazarse con elementos ideológicos muy diferentes entre sí, como en el caso de partidos de derecha radical europeos que defienden medidas económicas proteccionistas, mientras que en otros casos abrazan ideas neoliberales. Y si Guzmán fue en su momento de mayor esplendor, un pragmático, entonces vale más juzgarlo por su práctica política que por su doctrina.
En particular, Rovira y Zanotti no “trasvasijan” categorías sin reconocer las propias particularidades e historia de la derecha chilena, pues, reconocen que mientras la derecha radical europea subraya mucho más el nativismo, Kast y el Partido Republicano privilegian de forma más marcada el autoritarismo anclado en su nostalgia por la dictadura de Pinochet, por ende, son un partido que toma la posta del régimen y es heredero del autoritarismo de la “democracia protegida” y los cerrojos constitucionales.
De esta forma, tal como Guzmán encontró el los economistas de Chicago un soporte para enfrentar al comunismo, Kast encuentra en las redes internacionales de la derecha radical, como la “Political network for values” (PNfV), red global conservadora que el fundador de republicanos lideró, un soporte frente a las nuevas batallas que el tradicionalismo y el neoliberalismo hoy tienen en el campo cultural y político, en donde los enemigos son las izquierdas, el progresismo y el feminismo.
Por último, miremos al fundador del Foro de Madrid: VOX. La formación liderada por Santiago Abascal recorrió un camino similar al del presidente Kast, es decir, se constituyeron como partido a través de una escisión de la derecha tradicional – en su caso del Partido Popular español – realizando una operación muy similar a la realizada por Guzmán en el pasado y que continúa Kast en la actualidad: conciliar el tradicionalismo católico y el neoliberalismo.
Gilberto Aranda y Rodrigo Escribano analizan a VOX como una “hibridación” del conservadurismo español, entrelazando nacionalismo antiliberal y conservadurismo liberal moderno, algo que definen como “posfranquismo populista”.
En esa línea, algo muy similar a lo que Rovira y Zanotti observan para el Partido Republicano: una derecha radical marcada por la nostalgia de un periodo autoritario previo. Así, se configuran dos formaciones políticas que se inscriben dentro de la derecha radical global apelando a un pasado autoritario y conservador, y al mismo tiempo, teniendo una posición prominentemente neoliberal.
En definitiva, la llegada del Foro de Madrid a Chile es un hito de continuidad que cristaliza la práctica política pragmática y heterodoxa que, fiel al legado de Guzmán, José Antonio Kast ha tenido para tejer redes internacionales con la derecha radical a nivel global.
Ese pragmatismo es el que lo ha llevado a compartir espacio tanto con formaciones como VOX, fiel defensor de Ucrania, como con Viktor Orbán, el hasta hace poco primer ministro de Hungría y aliado de Putin en pleno corazón de Europa.
La derecha radical, categoría que Ortúzar puso en cuestión, finalmente, es una de las nuevas bases ideológicas y políticas bajo la cual Kast y el Partido Republicano continúan con la guía pragmática y heterodoxa que alguna vez marcó el tan añorado fundador de la UDI Jaime Guzmán Errázuriz.
Bernardo Jorquera Leyton
