La mujer tras la aprobación del Plan Regulador Comunal de Valparaíso

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Tania Madriaga Flores es socióloga de la Universidad de Concepción y Magister en Ciencias Sociales con mención en sociología de la Modernización, de la Universidad de Chile. Tiene 46 años, es la mayor de tres hermanos y hoy es madre de dos hijas: Julia y Camila. Actualmente, es la directora de uno de los departamentos más importantes en la gestión municipal de la Alcaldía Ciudadana, la Secretaría Municipal de Planificación (Secpla), dirección desde la cual lideró la modificación parcial al Plan Regulador Comunal de Valparaíso (PRC) norma que fijó, entre otras cosas, las alturas máximas para las construcciones en los cerros de la ciudad.

Su llegada a Valparaíso no es casual. Tras una larga trayectoria en municipalidades, donde por más de 15 años desempeñó múltiples funciones en distintos municipios de las comunas de Renca, La Reina, Pedro Aguirre Cerda y Ñuñoa, y una esmerada carrera como docente de distintos establecimientos educacionales, llegó hasta el puerto con la misión de ser coordinadora municipal para la reconstrucción de la ciudad tras la catástrofe del 2 de enero del 2017, en Puertas Negras. Al poco tiempo, asumió uno de los cargos más importantes de su vida profesional.

Es oriunda de Santiago, aunque ella misma se autodefine como una migrante. Nació en la toma de terreno “Nueva La Habana” ubicada al nororiente de la comuna de La Florida, un campamento reconocido por su alto grado de organización y su particular nombre que provocó, durante largos años, incomodidad en las clases más privilegiadas del país. En aquel lugar, sus padres, Patricia y Waldo, férreos luchadores sociales, formaron parte de uno de los campamentos más renombrados de Chile y que durante el Gobierno de la Unidad Popular (1970–73) vivió un proceso de organización y politización que se manifestó en constantes presiones al Estado, por la demanda de una vivienda digna.

Desde pequeña vivió de cerca esta experiencia de organización, algo que sin dudas marcó su vida, pues ella reconoce en la figura de su madre y de sus abuelos, todos luchadores sociales y políticos, inspiraciones en su quehacer. Fueron ellos quienes le inculcaron valores como la justicia social, democracia y la lucha contra la opresión.

Producto de la dictadura militar, durante el año 1979 y cuando tenía sólo 7 años, sus padres se vieron obligados a migrar al extranjero y vivir en el exilio. Bélgica y Cuba fueron los países donde conoció nuevas realidades y donde aprendió de cerca a entender otras formas de sociedad. De ahí, vuelve a Chile en 1986, a los 14 años, y acá retoma sus estudios de enseñanza media, ingresando posteriormente a la Universidad de Concepción, a estudiar sociología, carrera que había sido restituida hace pocos años tras su cierre en el año 1973.

Su estrecha relación con la política universitaria la llevó a organizar, junto a otros compañeros y compañeras, diversas movilizaciones en la casa de estudios de Concepción, en el año 1993, con el fin de discutir, entre otras cosas, la malla curricular de la carrera, los beneficios estudiantiles, la discusión del arancel, la reorganización de la federación y la triestamentalidad.

Las demandas universitarias y el permanente trabajo comunitario la llevaron a colaborar en el año 1999 con la Toma de Peñalolén, lugar donde 1700 familias ocuparon un predio de 26 hectáreas de esa comuna. Un acto colectivo límite, ante la necesidad de un lugar donde vivir. Aquella forma de organización mostró la facultad de construcción física, espacial, social y organizacional de las personas, expresada en la capacidad de establecer lazos de confianza y compartir algo común, como imagen y como práctica, experiencia que terminó siendo erradicada en distintos proyectos habitacionales en Santiago. En aquel lugar, Tania mantuvo una estrecha relación con uno de los comités de allegados llamado “La Voz de los Sin Casa”, con quienes forjó gran parte de su trabajo territorial y quienes aún forman parte de su vida.

Los que conocen a Tania la definen como una persona perseverante, fuerte y sensible. Con un anhelo de un proyecto transformador, el cual ha impulsado y construido desde muy joven. Una mujer que comparte la idea de que quienes han dado el salto a la política, es para forjar, al calor de las luchas sociales, una herramienta para la transformación social.

Su historia familiar, su prematura formación política, sus vivencias personales, su experiencia profesional y su férreo compromiso con los más necesitados, la convierte en la persona idónea para construir en conjunto con otros, y desde Valparaíso, un proyecto de transformación social, que ponga en el centro de la discusión y en la búsqueda de soluciones, al habitante de la ciudad.

Fuimos hasta las dependencias del municipio donde Tania nos recibió de forma muy amable y nos contó cómo fue la experiencia de liderar la modificación del Plan Regulador Comunal porteño y algunas cosas más».

¿Cómo se construyó la propuesta de modificación parcial al PRC de Valparaíso?

«En la propuesta de modificación parcial que hicimos, intentamos que tuviera una visión de ciudad, que tuviera el sentido que la comunidad le quería dar. Por lo tanto, esto implicó un proceso de participación, pero también significó, poner sobre todo ese sentido, las herramientas técnicas de distintos equipos, y creo que eso fue lo que más nos costó. Lograr armar un equipo a pesar de todas las diferencias».

¿Quienes formaron parte de este proceso?

«Diversos equipos de la Secpla. Gente de Asesoría Urbana, del Sistema de Información Geográfica, el equipo de Vivienda, el equipo de Proyectos, el equipo de Planificación y mucha gente que aportó desde su lugar, porque a pesar de todas las diferencias de edad, de forma de entender la función pública, distintos pensamientos políticos e ideológicos, y a pesar de que tuvimos muchas discusiones de qué era lo más importante de este proceso y qué era lo que había que resguardar, si la técnica o la participación, logramos llevar a buen puerto esta modificación».

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Me imagino que dentro de un mundo tan amplio y que congrega tantas visiones, como una municipalidad, debe existir un punto de consenso para llevar a cabo una modificación de estas características. ¿Cuál fue la receta para lograr esto?

«Yo siempre traté de poner una visión clara e intenté convencer al equipo de lo que estábamos planteando. Yo creo que la receta puede ser que no ocultamos las discusiones, dejamos que se pronunciaran todas las personas, de acuerdo a su aporte, y eso es un proceso que a pesar de que a veces enlentece y complejiza las cosas, es lo que vale la pena, porque finalmente tuvimos un equipo grande defendiendo la propuesta. Fue ese mismo proceso que llevamos a cabo con la comunidad, y nosotros estábamos convencidos de que a la comunidad había que darle un lugar protagónico en la toma de decisiones, algo que no es costumbre de hacer en los municipios. En la discusión se congregaron visiones de diversos actores de la comuna con más poder, y no necesariamente económico, sino también intelectual, social, cultural y creo que con ellos avanzamos, poniéndonos todos a la altura de la discusión a pesar de que sabemos que aún nos falta ponernos más de acuerdo en cómo será el diálogo para que la comunidad continúe participando».

¿Cuáles fueron las principales dificultades que vivieron?

«Yo creo que la parte más complicada de este debate fue con el Concejo Municipal, porque son ellos los que toman decisiones respecto a cómo está ordenado el municipio en estos temas. Y por lo tanto, con ellos no era sólo un intercambio de visiones, sino que dependía de lo que ellos creyeran lo que finalmente iba a resultar. Por lo tanto, ahí había que tener mayor capacidad de convencimiento. Yo creo que tenemos esa tarea por delante, que es hacerles ver con más claridad lo que estamos tratando de hacer. Creo que ellos hicieron un esfuerzo por entender el sentido de lo que queríamos hacer. No siempre tuvimos la capacidad de explicarlo con total claridad, y creo que es parte de la tarea que nos queda pendiente, de ir haciendo cada vez más sintonía con el Concejo respecto al proyecto de ciudad que los habitantes quieren impulsar y la visión que tenemos nosotros de que las autoridades políticas se deben a la comunidad y ahí, cada uno tiene el derecho de tener su propia posición».

Creo que cada uno de estos puntos representó un nivel de dificultad diferente. Al respecto, ¿qué cosas pueden sacar al limpio tras esta experiencia?

«El día que se aprobó el Plan Regulador un vecino me dijo “el municipio siempre había sido para nosotros un obstáculo, nos costó mucho creer que podía ser un aliado. Y cuando nos convencimos de que podía ser un aliado, nos costó creer que no iban a traicionarnos o que iban a cambiar de opinión a mitad del camino”. Yo creo que lo más importante que logramos fue demostrar que los Gobiernos locales pueden ser  herramientas de las transformaciones que la comunidad necesita y quiere. Yo le dije a los vecinos cuando conversamos sobre esto que para que funcione, es necesario que hayan personas con una voluntad honesta de servicio a la comunidad, pero también depende de que seamos capaces de construir un proyecto de sociedad, y para eso, no basta solamente con honestidades personales sino que se sustenta en un proyecto político, social y cultural, de transformación, que es algo que hay que ir haciendo. La Alcaldía Ciudadana no tiene una receta, es un proyecto que se construye a diario».

¿Qué caminos abre este proceso vivido en Valparaíso?

«El PRC mostró que en el instrumento más importante que tiene el municipio para planificar el territorio, hay voluntad, hay capacidad y que la comunidad puede avanzar en su incidencia en el gobierno local. Mientras más abramos la discusión, más posibilidades tenemos de llegar a una propuesta con un apoyo transversal. Tenemos que abrir con prontitud los debates para llegar a construir propuestas que tengan más claridad, más apoyo, que los actores puedan comprender lo que se está queriendo impulsar. Y en la interna, lo que pudimos  concluir es que esta propuesta de modificación abrió las orientaciones de lo que va a ser el nuevo Plan Regulador General.

Hay varias cosas que pudimos sacar al limpio. Hay una orientación de protección medioambiental que tenemos clara, una de construcción de un proyecto ciudad que respete la escala barrio como parte fundamental de la vida de los habitantes. Hay una orientación  respecto a que la protección patrimonial no sea entendida como un problema de monumentos, sino como un problema de identidad y pertenencia, de rescate de la historia social de Valparaíso. Hay orientaciones respecto a cómo entendemos la participación y de cómo queremos entender el Gobierno local. Hemos cumplido una etapa y estamos sellando una orientación. Sabemos que la Alcaldía Ciudadana tiene capacidad de impulsar el proyecto que nos hemos propuesto y que el carácter social, participativo y ciudadano de este Gobierno local está claro y va agarrando un rumbo que esperamos se plasme en todos los demás proyectos que están abiertos.

Todas estas son orientaciones que están instaladas en la comunidad y tenemos que poder dialogar de buena forma con los actores nacionales que están proponiendo  proyectos como el de Barón, el del Almendral o el trabajo que tenemos pendiente en el Barrio Puerto. Creemos en la justicia social y sostenibilidad como los ejes centrales de todas estas discusiones».

El Ciudadano