Por Dr. Francisco Ganga Contreras, investigador U. de Tarapacá, director Instituto Inter y Multidisciplinario de Investigación Educativa (IIMEDUCA)
La obsesión contemporánea por medirlo todo ha convertido a la educación superior en una suerte de mercado bursátil de reputaciones.
Impulsadas por los dictámenes del capitalismo académico y el influjo del New Public Management, las universidades de todo el mundo se someten al veredicto de los rankings internacionales (THE, QS, ARWU), compitiendo en una carrera de obstáculos donde el prestigio se mercantiliza y la calidad se reduce a meros indicadores cuantitativos.
Sin embargo, como advertía lúcidamente Friedrich Nietzsche en su crítica a las ilusiones de la modernidad utilitarista, reducir el valor de una institución a su rendimiento métrico es vaciarla de su contenido más genuino.
A la luz de recientes evidencias empíricas sobre el desempeño de las universidades latinoamericanas, es imperativo interrogarse: ¿hasta qué punto estos instrumentos globales miden la excelencia institucional, o más bien actúan como un espejo deformante que perpetúa asimetrías coloniales?
Los datos no dejan lugar a dudas. Del vasto universo universitario de la región —cerca de 1.400 instituciones distribuidas en veinte países—, apenas un puñado logra rozar los umbrales de los mil primeros puestos mundiales. Gigantes como la Universidad de São Paulo, la UNAM, la Universidad de Buenos Aires o la Pontificia Universidad Católica de Chile salvan el honor regional.
No obstante, esta escasez de protagonismo global no refleja necesariamente una bancarrota educativa, sino la profunda discordancia metodológica de unos rankings ideados bajo las premisas del norte global.
Al ponderar de forma desproporcionada la investigación intensiva en inglés, los premios Nobel o las percepciones de reputación subjetiva, estas métricas ignoran el arraigo territorial, la función social, la inclusión y la diversidad misional que definen a las universidades latinoamericanas.
Aquí radica la trampa epistemológica denunciada por doctor en Sociología del Derecho Boaventura de Sousa Santos: la imposición de las «epistemologías del Norte» a través de un régimen de reputación global que opera como una forma sutil de colonialismo intelectual.
Cuando se exige a las universidades de nuestra región competir en igualdad de condiciones con instituciones del primer mundo —que cuentan con financiamientos estatales e infraestructuras infinitamente superiores—, se comete una injusticia teórica y práctica.
Como bien postulaba Immanuel Kant al reflexionar sobre los límites del juicio en su Crítica de la facultad de juzgar, toda evaluación carece de validez universal si ignora las condiciones singulares de su objeto. Las universidades latinoamericanas cumplen un rol democratizador y transformador insustituible que ningún algoritmo de Shanghái o Londres es capaz de capturar.
Por consiguiente, repensar la gobernanza de nuestras instituciones exige un acto de emancipación intelectual.
No se trata de rechazar la autocrítica ni de abdicar del rigor científico, sino de subordinar los rankings a la misión institucional y no a la inversa.
Si las universidades de la región aspiran a consolidar su calidad, deberán hacerlo fortaleciendo sus propias arquitecturas de gestión, apostando por la cooperación interuniversitaria y revalorizando un conocimiento contextualizado que sirva a las urgencias de sus pueblos.
Como sentenciara Karl Jaspers en su lúcida defensa del espíritu crítico, «la universidad no existe para encajar dócilmente en los engranajes de la medición global, sino para ser la conciencia lúcida y libre de su propia realidad».
Y es que, en palabras del célebre ensayo La traición de los clérigos de filósofo y escritor francés Julien Benda, «cuando el intelectual cambia la búsqueda desinteresada de la verdad por el culto a la eficacia y al rendimiento del mercado, la sociedad entera queda huérfana de brújula moral»; solo al sacudirse el fetiche de las métricas extranjeras la academia latinoamericana podrá reencontrarse con su verdadero destino histórico y emancipador.
Dr. Francisco Ganga Contreras, investigador U. de Tarapacá
