La victoria es nuestra

"El proceso de transformación de la sociedad comenzó hace ya mucho, quizás desde el mismo momento en que nuestros padres, madres y abuelos se sacudieron el golpe de Estado para ponerse de pie y luchar incansablemente contra la dictadura que como hemos dicho, nos rige hasta el día de hoy..."

Por Opazo

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Chile / Editorial / Portada

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EDITORIAL

Transcurren tiempos convulsionados en el mundo entero. Un mundo que indiscutiblemente está sumido en una profunda crisis sistémica, social, política, económica y medioambiental. Desde las ciencias la alerta ha sido lanzada. Nos encontramos en el Antropoceno, un periodo qué se caracteriza por la avasalladora influencia del ser humano a nivel global y por sobre todas las otras especies y que tiene como resultado el inicio del sexto proceso de extinción masiva del que se tiene registro desde que existe la vida en la Tierra. 

Circunscribiéndonos a nuestro país Chile, la crisis parece ser aún más profunda y ha tenido en la revuelta de Octubre de 2019, su expresión indesmentible. Hace ya 14 años nos tocó vivir a los de nuestra generación, siendo muy niños, el plebiscito del Sí y el No, que con su victorioso pero estrecho resultado, puso fin a la tiranía comandada por Pinochet y la oligarquía, pero no así a la dictadura de manera cabal. Aquella dictadura sangrienta y genocida que, sabemos muy bien, quedó escrita en piedra en una constitución espuria que hasta el día de hoy y ya por tan sólo dos días más, sigue rigiendo e influyendo en nuestras vidas en diversas áreas. Afectando nuestras formas de relacionarnos, nuestras maneras de ser, reconocernos e identificarnos en nuestro trabajo, nuestra salud, nuestra educación y sobretodo y más importante, nuestra cultura. Nuestros modos de auto percibirnos y percibir a los y las demás, nuestra forma de entender la vida y sus sinuosidades, la manera en que nos trazamos nuestros objetivos y metas en un marco social, relaciones de poder y de clase que penetró profundamente en nuestra sociedad teniendo como resultado a prácticamente 50 años de aquel fatídico 11 de septiembre, una sociedad absolutamente individualista, competitiva, negligente, displicente y en extremo egoísta. Es cosa de mirar a nuestro alrededor para percibir que la vanidad, la avaricia y la mentira campean a sus anchas.

Tanto así que estos antivalores se han transformado en valores positivos, cualidades añoradas y aplaudidas incluso a la hora de buscar puestos de trabajo en algunas esferas. De este modo, el robo institucionalizado desde lo más alto de la pirámide social hacia abajo se ha transformado en el método legítimo de superación y crecimiento en el contexto de un modelo donde lo que más importa es la acumulación exacerbada, el consumismo y la plusvalía ilimitada. 

No obstante esta visión pesimista pero aterrizada de la realidad, quizás se circunscribe más que hoy al Chile de los años 90, ya que actualmente, si bien esta realidad persiste y puede ser percibida en todos los estratos socioeconómicos, también coexisten una cultura diferente y hasta contrapuesta, que se ha ido fraguando desde espacios de crítica y de resistencia. En ellos, valores verdaderamente positivos y principios fundamentales como la solidaridad, la cooperación, la inclusión, la humanidad, el respeto entre los seres humanos y hacia todas las especies, el feminismo, la paridad, la ética, la independencia, la autonomía y la plurinacionalidad permean las relaciones sociales y las convicciones íntimas y colectivas de una nueva generación que, sin tener miedo, como lo ha demostrado tantas veces, está dispuesta a todo, incluso a dar la vida para construir una sociedad más justa, igualitaria y digna. Y es bajo estos principios en los que hemos construido y luchado en diversas esferas y contextos, distintas generaciones con mirada crítica, métodos para transformar nuestra sociedad de una vez por todas. Son justamente éstos, los principios fundamentales de la Nueva Constitución que será aprobada por amplia mayoría para desde ahí, comenzar la construcción legal de una sociedad mejor. Porque el proceso de transformación de la sociedad comenzó hace ya mucho, quizás desde el mismo momento en que nuestros padres, madres y abuelos se sacudieron el golpe de Estado para ponerse de pie y luchar incansablemente contra la dictadura que como hemos dicho, nos rige hasta el día de hoy.

Sin embargo, aún con la convicción firme de que la victoria será alcanzada, no podemos negar el temor que por estos días nos absorbe. El parpadear involuntario del ojo izquierdo ya casi permanente así lo evidencia. Aun conociendo perfectamente y habiendo estudiado las estrategias de los dueños de Chile y sus lacayos,  bien y mal remunerados, el nerviosismo y la ansiedad son imposibles de evitar. Bien conocemos que casi todas las encuestas responden a los intereses de los dueños de Chile y funcionan como un engranaje perfecto de la estrategia y política de la derecha.

Del mismo modo como piedra angular cuentan con prácticamente todos los medios de comunicación de masas que, disfrazados de mentirosa objetividad, dan cobertura, justifican y propician la campaña del rechazo plasmando como verdades, mentiras irascibles que no toleran el más mínimo análisis. Que la nueva constitución les va a quitar sus casas y propiedades, sus ahorros provisionales, estatizará la salud y la educación, que los delincuentes podrán ser candidatos y ocupar cargos de representación, lo que ocurre exactamente con la legislación de la Constitución de 1980 donde senadores que han sido condenados por cohecho y corrupción se mantienen en sus puestos, cosa que expresamente prohíbe la Constitución de 2022. De este modo ,se sirven de toda una maquinaria público privada para, abusando de la paupérrima educación que reciben gran parte de los pueblos de Chile, engañar a miles de personas qué ciegamente creen lo que cuenta la televisión.

Pero ya lo hemos visto, aún con su poderosa maquinaria, el pueblo ha despertado y no se dejará pisotear nuevamente. Serán fundamentalmente las nuevas generaciones, las más jóvenes, quienes acudirán masivamente a las urnas para sepultar definitivamente la Constitución dictatorial de Pinochet y sus secuaces. Y este será un nuevo punto de partida para construir una sociedad mejor. Porque bien sabemos que los problemas no se solucionan por el solo hecho de contar con una constitución ejemplar y pionera a nivel mundial en derechos de la mujer, de los Pueblos originarios de y de la naturaleza principalmente. Los cambios se harán realidad siempre cuando el pueblo se mantenga alerta y movilizado para exigir siempre justicia, igualdad y dignidad y no permitir nunca más que un grupo de corruptos acomodados vapuleen la vida de las personas, amparados en una institucionalidad con mínimos porcentajes de credibilidad y máximos porcentajes de ilegitimidad. Bien sabemos que la transición y posibles modificaciones de la nueva constitución están en manos del actual parlamento, pero bien sabemos también que el pueblo ya entendió que detenta el poder soberano y que cuando se moviliza con fuerza, genera un terremoto que hace temblar los cimientos de los palacios del poder.

Así como el 5 de Octubre de 1988 se le puso fin a la tiranía, este 4 de septiembre se le pondrá la lápida a la constitución dictatorial de Pinochet. La victoria es nuestra y la conquistan los pueblos mano a mano.

Foto Portada: Jesús Martínez


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