Los Secretos del Fideicomiso de Piñera (1a Parte): Las Constructoras

En agosto de 2018 el presidente de la república envió al Congreso el proyecto de ley de modernización tributaria (mensaje N°107-366). En él se incluyó una medida que habría beneficiado directamente sus propios intereses en el sector inmobiliario y de la construcción.

Por Carlos Tromben

No se le ha prestado la debida atención a Sebastián Piñera como empresario de la construcción. El foco del periodismo investigativo ha estado más bien en las tarjetas de crédito y en Lan, dejando en segundo plano la relevancia que han tenido los bienes raíces en la fortuna del empresario.

Esto cobra hoy una importancia crucial mientras la Contraloría y el Ministerio Público investigan la participación en del fideicomiso ciego del presidente en el llamado caso Enjoy. Una falta aún más grave a la probidad podría salir a la luz de estos antecedentes.

Su origen está en el mensaje presidencial con que se presentó, el 23 de agosto de 2018, el proyecto de ley de modernización tributaria. “Vamos a incentivar la adquisición de viviendas por nuestra clase media”, dijo Piñera en aquella ocasión.

Se refería a la propuesta de reponer un beneficio tributario a las empresas constructoras. Desde los años 70, la ley les permitía recuperar el 65% del IVA de materiales y servicios empleados en la construcción de viviendas para uso habitacional. No había límite alguno hasta que los dos gobiernos de Michelle Bachelet se los impusieron: en 2009 se estableció que la vivienda vendida no podía superar los 4.500 UF, techo que se rebajó a 2.000 en la reforma tributaria de 2015.

En un mercado inmobiliario con precios al alza, la propuesta de devolver el beneficio del IVA no iba a tener ningún efecto en el valor de casas y departamentos. Pero esa no era la única falsedad del anuncio de Piñera.

El verdadero beneficio de la medida estaba destinado a las constructoras en sus márgenes de utilidad. Incluyendo a las que formaron alguna vez parte del propio grupo empresarial del presidente.

BOB EL CONSTRUCTOR

En los años 90 Piñera desarrolló una estrategia de enriquecimiento basada en capitalizar los dividendos obtenidos de empresas -como Lan Airlines- en inversiones inmobiliarias. Uno de los pasadizos para hacerlo era Axxion S.A., cuya memoria del año 2004 consigna dos operaciones de este tipo. En el otro extremo se encontraba Inmobiliaria Monte Aconcagua S.A., una sociedad anónima cerrada en la que participaban Piñera, Andrés Navarro (dueño de Sonda) y el constructor civil Aníbal Montero Saavedra.

Con Aconcagua estos empresarios tuvieron la astucia de identificar terrenos con potencial en comunas como Puente Alto y Antofagasta, especialmente en la zona norte de esta última. Eran los años 90, cuando la clase media crecía y construir casas para ella era un excelente negocio, más aún si implicaba recuperar el 65% del IVA. Algo que no pueden hacer la industria del libro, por ejemplo.

En 2007 la construcción fue la estrella de la bolsa. En junio de ese año Aconcagua se fusionó con Fourcade, una importante constructora de Temuco. El diario El Llanquihue informó que Fourcade tenía “ingresos por 70 millones de dólares y Aconcagua el doble”, incluyendo “negocios en Perú”, y que Piñera era uno de sus socios.

No pasaron ni tres meses y la empresa dio otro salto aún más espectacular.

“El sector inmobiliario llegó a su apogeo”, sostiene una nota publicada por El Mercurio el 5 de septiembre de 2007. La nota detallaba la fusión de Aconcagua con SalfaCorp, uno de los principales grupos del sector. Según la nota, Piñera, Navarro y Montero pasaron a controlar el 32% del nuevo gigante de la construcción.

La nueva Salfacorp pasó a ser la empresa más grande del sector y, en 2008, Navarro y Montero ingresaron al directorio. Piñera nombró a Juan Luis Rivera Palma, entonces un joven gerente de Bancard, en el directorio de Salfacorp, quien permaneció en el cargo hasta 2014.

Para coronar aquel año redondo, el 18 de octubre debutaron en la bolsa de Santiago las acciones de la otra gran constructora del país: Socovesa, empresa fundada también en Temuco y ligada a la familia Gras.

Entre los nuevos accionistas de la compañía ingresaron Inversiones Santa Cecilia, el otro buque insignia de Piñera, y los fondos Compass y Pionero, dos de los que hoy están a cargo del fideicomiso ciego del Presidente. Al directorio de la compañía ingresaron el hombre todo terreno de Piñera, José Cox Donoso, y el abogado de su máxima confianza, Fernando Barros Tocornal.

Conociendo a Piñera, todo estaba planeado: la fusión de Aconcagua con Fourcade y luego con Salfacorp, la apertura en bolsa de Socovesa. De esta manera pasó a ser uno de los grandes empresarios del sector en plena campaña a la Presidencia de la República.

Al asumir su primer mandato, Piñera nombró intendente de Santiago al presidente de la Cámara Chilena de la Construcción, Fernando Echeverría, con quien también tuvo negocios inmobiliarios. En la cartera de Economía fue nombrado el economista Juan Andrés Fontaine, miembro del directorio de Socovesa. Todo encajaba.

IMPARCIALIDAD CERO

La ley N°19.653, en su artículo 64, N°6, prohíbe a las autoridades de la república “Intervenir, en razón de las funciones, en asuntos en que se tenga interés personal o en que lo tengan el cónyuge, hijos, adoptados o parientes hasta el tercer grado de consanguinidad y segundo de afinidad inclusive”. Asimismo, “participar en decisiones en que exista cualquier circunstancia que le reste imparcialidad”.

Es por esta falta de imparcialidad que la Contraloría investiga la participación del fideicomiso ciego de Piñera en Enjoy S.A. El Ministerio Público debiera designar en los próximos días un fiscal para investigar la arista penal del caso, en respuesta a la querella presentada por un grupo de diputados.

Pero ¿qué hay de Salfacorp y Socovesa? La devolución del IVA las habría beneficiado directamente, tal como la reducción del beneficio durante Bachelet las perjudicó.

Según informes de riesgo de Feller y Rate, las utilidades de Salfacorp cayeron en 14.638 millones de pesos y las de Socovesa en 19.207 millones entre 2015 y 2017, después de que el gobierno de Bachelet limitó el beneficio a las viviendas de menos de 2.000 UF.

Con la ley de “modernización tributaria”, presentada en agosto de 2018, Piñera y el resto de los dueños de constructoras, pretendían -de seguro- recuperar sus antiguos de márgenes de ganancia.

Probablemente ningún presidente de la república haya hecho nunca nada semejante por sus amigos, socios y, eventualmente, por sí mismo.

Si el regalo regulatorio a las constructoras y el delito contra la probidad no prosperó fue por una única razón: la ley de modernización tributaria estaba en su tramitación final en el Congreso cuando el Ministro de Economía Juan Andrés Fontaine, exdirector de Socovesa, pronunció la desafortunada frase sobre el alza de las tarifas del Metro: “los madrugadores podrán ser ayudados”. 

Santiago y el país entero estallaron en esos días de octubre y el proyecto de ley se archivó hasta nuevo aviso. El resto es historia.


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