Maricunga: no es llegar y llevar, los flamencos gritan el costo ecológico del litio

Maricunga ya está en la ruta del “oro blanco”, pero aquí manda el agua: es humedal altoandino y los flamencos lo están diciendo sin vueltas. Con el salar de Atacama como precedente —sanciones y alertas científicas incluidas— la letra chica ya no puede esconderse.

Maricunga: no es llegar y llevar, los flamencos gritan el costo ecológico del litio

Autor: Mauricio San Cristóbal M.

En la alta cordillera de Atacama, donde el agua no sobra ni por si acaso, el salar de Maricunga se está transformando en sinónimo de futuro económico. El problema es que, para el ecosistema, el futuro no se negocia en powerpoints: se juega en milímetros de agua, en vegas frágiles y en ciclos reproductivos que dependen de que el humedal siga siendo humedal. Y ahí los flamencos —con nidos, colonias y polluelos— no son “paisaje”: son señal de alerta.

El Estado actualizó el Contrato Especial de Operación de Litio (CEOL) para habilitar el proyecto en el Salar de Maricunga, hoy impulsado por Codelco y su alianza con Río Tinto. La propia estatal informa que la modificación amplía el área considerada, ajusta plazos y establece aportes para comunidades cercanas al territorio, tras un proceso de consulta indígena que ciertas comunidades han criticado.

En la narrativa oficial, se repiten palabras como “sostenibilidad”, “gobernanza” y “valor compartido”. Pero ojo: las promesas no sustituyen la física del desierto. La hoja de ruta difundida públicamente proyecta una primera etapa desde 2030 con producción de carbonato de litio y uso de evaporación; luego, desde 2033, una segunda fase que apunta a tecnologías de extracción directa (DLE). En otras palabras: el plan arranca con el método que más tensiona el agua y después promete mejorar.

costo ecológico del litio en Maricunga
CONAF registró desde el aire colonias de flamencos en el Salar de Maricunga, un humedal donde el agua define la vida. (Foto: captura de video CONAF).

Costo ecológico del litio en Maricunga: el agua que sostiene la vida

La evidencia ecológica más incómoda está a la vista —y también en los conteos. CONAF reportó en la Gran Laguna del Salar de Maricunga el hallazgo de 1.248 ejemplares de flamencos andinos y chilenos, además de una colonia de 253 flamencos de James en nidificación, con eclosión de polluelos. El monitoreo, realizado por guardaparques, refuerza que este no es cualquier punto del mapa: es una de las zonas de mayor concentración y nidificación de flamencos del país.

A esa evidencia se sumó otro antecedente reciente: el 26 de enero, Fundación Symbiótica difundió mediante Ladera Sur un registro de una colonia de flamencos cercana a los 2.000 ejemplares en Maricunga. Más que un número, es una alerta ecológica: el salar opera como refugio biológico en una geografía donde el agua no se da por sentada.

Hay otro dato que debería incomodar a cualquier autoridad que hable de “resguardo”: CONAF advierte que no todo el Salar de Maricunga está bajo protección oficial, quedando una superficie relevante de lagunas fuera de ese paraguas, incluida la Gran Laguna. Y recuerda que en 2023 hubo un éxito reproductivo de más de 800 flamencos andinos. Es decir, el ecosistema está activo, reproduciéndose, funcionando. No es un “vacío productivo” esperando minería.

Flamencos y agua en altura: cuando el salar se etiqueta como “estratégico” para el litio, lo estratégico de verdad es el agua y su protección. (Imagen referencial, crédito: Chile es tuyo).

Costo ecológico del litio en Maricunga: las alertas científicas y el precedente Atacama

Si alguien quiere creer que “acá será distinto” por decreto, conviene mirar el precedente más cercano: el Salar de Atacama, donde el litio lleva décadas y el debate ambiental no se cerró, se abrió. Un estudio en Proceedings of the Royal Society B (con datos de 30 años) concluyó que, a escala regional, la abundancia de flamencos fluctúa fuertemente según niveles de agua y productividad; y que, localmente en el Salar de Atacama, la minería de litio se correlaciona negativamente con la abundancia de dos de tres especies evaluadas. Los autores advierten que más minería y menos agua superficial podrían tener efectos dramáticos.

No es solo “discusión académica”. En septiembre de 2025, la Superintendencia del Medio Ambiente sancionó a Albemarle —uno de los mayores productores de litio en el planeta— por sobreextracción de salmuera: según la SMA, el caudal medio anual extraído en el año operacional 2019–2020 excedió el límite autorizado en su RCA. Y, además, por incumplimientos a su Plan de Alerta Temprana (PAT), incluyendo no avisar la activación de un indicador y no reducir de forma inmediata extracciones en febrero y marzo de 2021. En otras palabras: cuando el sistema decía “peligro”, el freno no llegó como debía.

A esto se suma una alerta geofísica que parece sacada de ciencia ficción, pero no lo es: un estudio de la Universidad de Chile reportó que detectó subsidencia (hundimiento) en sectores del Salar de Atacama —1 a 2 cm por año— asociada a extracción de salmuera a un ritmo mayor que la recarga. Y recuerda un punto clave para el debate de Maricunga: «El litio se obtiene mediante evaporación, proceso en que el 90% del agua se pierde en la atmósfera«.

Precedente Atacama: estudio de la U. de Chile detectó que el Salar de Atacama se hunde a una tasa de 1–2 cm por año, una señal de alerta en el debate por el costo ecológico del litio. (Fuente: geologia.uchile.cl, captura de pantalla).

Puntos ciegos: datos, control y preguntas que no se pueden patear

El problema de fondo no es solo tecnológico. Es político y de información. Un paper de 2023 sobre el debate socioambiental del litio en Atacama describe un campo de conocimiento “desbalanceado”, donde la producción de información puede ser incompleta y los roles de los distintos actores quedan tensionados. Si los datos críticos se concentran, la fiscalización se debilita y la confianza pública se erosiona.

Y hay un punto ciego adicional: cómo se contabiliza la salmuera y qué se entiende por “agua” en estos sistemas. Un estudio de 2025 en Water (MDPI) revisa controversias sobre la clasificación y el “accounting” de salmueras en el Salar de Atacama, mostrando que incluso los marcos técnicos tienen disputas de base. Otra investigación del mismo año explora cómo incorporar impactos localizados (niveles de aguas subterráneas, lagunas, mezcla salmuera–agua dulce, retroalimentaciones) en huellas hídricas “localizadas”. Si el método para medir está en disputa, el riesgo es obvio: se toman decisiones grandes con reglas chicas.

Por eso, antes de vender Maricunga como “segundo motor” del litio, hay preguntas que no pueden quedar colgando: ¿cuál será la línea base hídrica y ecológica completa y pública? ¿Qué umbrales activan frenos reales, fiscalizables, con sanciones proporcionales? ¿Quién monitorea —y con qué independencia— cuando el plan arranca con evaporación? ¿Cómo se protegerá lo que hoy ni siquiera está bajo protección oficial?

Maricunga, con todo, no es llegar y llevar. Y si los flamencos “gritan” algo, no es poesía: es biología. El costo ecológico del litio en Maricunga no se calcula solo en toneladas ni en anuncios; se mide en agua que falta, en humedales que cambian y en la capacidad del Estado —y de la sociedad— de poner límites antes de que el precedente del salar de Atacama deje de ser advertencia y se convierta en libreto repetido.

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