COLUMNA

Mujeres del mar: Del trabajo históricamente invisibilizado al derecho a participar en las caletas

"La creación del RAC (Registro de Actividades Conexas) permitió dimensionar una realidad que anteriormente permanecía parcialmente fuera de las estadísticas oficiales. En 2023 había 1.643 personas registradas en actividades conexas. Para 2025 la cifra alcanzaba 6.511 personas, de las cuales 4.657 eran mujeres. Las mayores inscripciones femeninas se concentraban en desconchado, fileteado y encarnado".

Mujeres del mar: Del trabajo históricamente invisibilizado al derecho a participar en las caletas


Proyecto Encarnadoras — Fundación Mujeres de Mar

Durante generaciones, miles de mujeres han sostenido una parte fundamental de la pesca artesanal chilena.

Han encarnado espineles, tejido y reparado redes, limpiado y fileteado pescado, desconchado mariscos, procesado productos, comercializado las capturas y transmitido conocimientos vinculados al mar, sus especies, sus ciclos y sus formas de trabajo.

Sin embargo, durante gran parte de la historia de la pesca artesanal, buena parte de estas labores permaneció escasamente reconocida en los registros institucionales y en los espacios formales de decisión del sector.

La caleta ha sido históricamente mucho más que el lugar donde una embarcación llega o desde donde parte una faena extractiva. Es un espacio productivo, social y cultural en el que convergen múltiples trabajos.

Mientras la extracción fue durante décadas la actividad más visible y formalmente reconocida, numerosos trabajos realizados antes y después de la captura —muchos de ellos desarrollados mayoritariamente por mujeres— permanecieron en condiciones de informalidad o con menor reconocimiento institucional.

Investigaciones sobre la participación femenina en la pesca artesanal chilena han advertido precisamente esta contradicción: las mujeres han intervenido activamente en los procesos productivos, territoriales y culturales asociados a la pesca, pero su trabajo ha permanecido históricamente menos visible dentro de los modelos administrativos y productivos del sector.

Esta realidad comenzó a modificarse de manera sustantiva con la incorporación del enfoque de género a la legislación pesquera chilena.

De la invisibilización al reconocimiento de las actividades conexas

Un punto de inflexión fue la Ley N.º 21.370, publicada en 2021, que incorporó la perspectiva de género a la Ley General de Pesca y Acuicultura y reconoció jurídicamente las denominadas actividades conexas a la pesca artesanal: aquellas que, sin constituir actividad extractiva propiamente tal, son indispensables para el funcionamiento de la pesca artesanal.

La normativa reconoció expresamente oficios como encarnadoras y encarnadores, charqueadoras y charqueadores, ahumadoras y ahumadores, tejedoras y tejedores, fileteadoras y fileteadores, entre otros. Posteriormente, el proceso de implementación permitió incorporar otras actividades y crear el Registro de Actividades Conexas (RAC) administrado por Sernapesca.

El cambio es mucho más profundo que incorporar nuevos nombres a un registro. Significa reconocer que la cadena productiva pesquera no comienza ni termina en la embarcación. Antes de que una embarcación salga al mar y después de que una captura llega a tierra existen trabajos, conocimientos y redes humanas que hacen posible la actividad.

Muchos de esos trabajos tienen rostro de mujer.

Las cifras empiezan a hacer visible lo que las caletas siempre supieron

La creación del RAC permitió dimensionar una realidad que anteriormente permanecía parcialmente fuera de las estadísticas oficiales.

En 2023 había 1.643 personas registradas en actividades conexas. Para 2025 la cifra alcanzaba 6.511 personas, de las cuales 4.657 eran mujeres. Las mayores inscripciones femeninas se concentraban en desconchado, fileteado y encarnado.

En mayo de 2026, el Ministerio de Economía informó que ya se habían aceptado 6.852 inscripciones, de las cuales un 71,9 % correspondía a mujeres.

Estos números permiten comprobar algo fundamental: las actividades conexas no constituyen trabajos marginales dentro de las economías costeras. Son parte de la estructura que sostiene la pesca artesanal y constituyen, además, espacios fundamentales de autonomía económica, organización comunitaria y transmisión de conocimientos.

Reconocer el oficio no basta: Las mujeres también deben participar de la caleta

El segundo gran avance llegó con la Ley N.º 21.698 de 2024, que incorporó el enfoque de género a la Ley de Caletas.

La norma introdujo un cambio relevante en la manera de comprender estos espacios. La equidad dejó de estar vinculada exclusivamente al reconocimiento individual de las trabajadoras para comenzar a formar parte de la propia administración y gobernanza de las caletas.

Entre otras disposiciones, la legislación incorporó el Plan de Igualdad y No Discriminación dentro de los planes de administración; estableció criterios de representación de género en los comités de administración; reconoció las actividades conexas entre los usos que pueden desarrollarse en las caletas e incorporó criterios vinculados con participación femenina, cuidados y condiciones adecuadas para quienes trabajan en estos espacios.

Esto supone una transformación conceptual importante. No se trata solamente de permitir que las mujeres trabajen en una caleta. Se trata de reconocerlas como sujetas de derechos dentro de ella, con capacidad de participar en su administración, intervenir en las decisiones y desarrollar sus labores en condiciones dignas, seguras y adecuadas.

Baños, vestidores, espacios de cuidado, condiciones sanitarias, prevención de discriminaciones y violencias, participación en las directivas y acceso efectivo a los espacios donde se decide el futuro de las caletas no son elementos secundarios.

Son parte de las condiciones necesarias para que la igualdad establecida por la legislación pueda materializarse.

Participar también significa decidir

La Ley N.º 21.709, publicada en noviembre de 2024, profundizó este proceso al establecer reglas de igualdad de género para la representación del sector artesanal en los Comités de Manejo.

La normativa determina que ni hombres ni mujeres pueden superar los dos tercios de la representación artesanal y establece, además, que al menos una de las personas representantes debe provenir de las actividades conexas e integrar el respectivo registro. También dispone que anualmente se informe al Congreso sobre la aplicación del equilibrio de género en estas instancias.

La diferencia es fundamental: pasar de ser reconocidas como trabajadoras a ser reconocidas también como actoras de la gobernanza pesquera.

Porque quienes conocen los recursos, procesan las capturas, sostienen los circuitos de comercialización, conservan conocimientos tradicionales y mantienen cotidianamente la vida económica y comunitaria de las caletas también deben poder participar en las decisiones que afectan esos territorios.

Del avance normativo a su cumplimiento efectivo

Chile cuenta hoy con un marco jurídico significativamente más avanzado que el existente hace apenas algunos años. Pero la existencia de una ley no elimina automáticamente décadas de desigualdad.

El propio diagnóstico institucional que acompañó la implementación del Registro de Actividades Conexas identificó problemas como precarización laboral, bajos ingresos, brechas salariales, violencia de género, dificultades de acceso a recursos básicos y falta histórica de reconocimiento de actividades desarrolladas por mujeres.

Por eso, el desafío actual es impedir que la equidad de género quede limitada al texto legal.

El reconocimiento debe traducirse territorialmente en infraestructura adecuada, participación efectiva, acceso a instrumentos de fomento, formación y certificación, autonomía económica, seguridad social, prevención de las violencias y presencia real de las mujeres en los órganos donde se adoptan decisiones.

Durante 2026 se han registrado avances. En enero fueron certificadas 74 trabajadoras en perfiles de tejedoras, desconchadoras, fileteadoras, carapacheras y encarnadoras. El Gobierno señaló entonces que el objetivo era fortalecer el reconocimiento profesional de estos oficios y su incorporación efectiva a las políticas públicas.

En mayo, nuevas trabajadoras de actividades conexas de Los Lagos recibieron certificaciones y el Ministerio de Economía sostuvo que continuaría impulsando la “certificación, formalización y fortalecimiento” de estas actividades.

Asimismo, en marzo de 2026, tras una reunión con la Red Nacional de Mujeres de la Pesca Artesanal, la Subsecretaría de Pesca señaló que entre las materias abordadas estaban la equidad de género y el fortalecimiento de las actividades conexas, junto con la necesidad de mantener mecanismos de participación y representación equitativa.

INDESPA, por su parte, informó en su Cuenta Pública 2026 que prepara instrumentos orientados al fortalecimiento de las actividades conexas y nuevos mecanismos de desarrollo para las comunidades costeras.

Estos avances son importantes. Pero también muestran el desafío que permanece abierto: convertir el reconocimiento, la inscripción y la certificación en derechos y transformaciones observables en cada territorio.

Levantar espacios de reconocimiento desde las propias comunidades

En este contexto se sitúa el trabajo que estamos desarrollando desde Fundación Mujeres de Mar, orientado a generar espacios de reconocimiento, información y participación para las mujeres vinculadas a la pesca artesanal y a las actividades conexas.

La infografía “Equidad, bienestar y participación en la pesca artesanal chilena desde el enfoque de género” surge precisamente desde esa necesidad.

El material sistematiza de manera accesible los principales alcances de las leyes N.º 21.370, N.º 21.698 y N.º 21.709 y busca acercar estas herramientas a las propias trabajadoras y organizaciones del borde costero. Porque una legislación que no se conoce difícilmente puede ser utilizada para exigir derechos.

Pero este trabajo también busca recuperar una dimensión que las estadísticas y los registros administrativos no siempre alcanzan a representar: la historia de las mujeres que han construido las caletas.

Encarnadoras, tejedoras, fileteadoras, desconchadoras, carapacheras, charqueadoras, ahumadoras, recolectoras, pescadoras, comercializadoras, dirigentas y cuidadoras han producido conocimientos, economías, relaciones sociales y formas de habitar el borde costero.

Sus oficios contienen memoria. Sus manos conocen las especies, las temporadas, las mareas, las herramientas y los procesos de transformación de los productos del mar. Sus conocimientos han circulado entre familias y generaciones y forman parte del patrimonio cultural de las comunidades costeras.

La propia Subsecretaría de Pesca ha reconocido que estos oficios poseen un componente patrimonial y cultural, vinculado con conocimientos transmitidos entre generaciones.

Por eso, hablar de enfoque de género en la pesca artesanal no consiste simplemente en incorporar mujeres a estructuras previamente existentes. Implica también revisar qué trabajos han sido considerados productivos, quiénes han tenido derecho a representación, qué conocimientos han sido reconocidos y quiénes han podido decidir sobre el territorio que habitan y sostienen.

La infografía “Equidad, bienestar y participación en la pesca artesanal chilena desde el enfoque de género” aborda los principales avances introducidos por las leyes N.º 21.370, N.º 21.698 y N.º 21.709, especialmente en materia de reconocimiento de actividades conexas, administración de caletas, igualdad y no discriminación y participación en espacios de gobernanza pesquera.

El mar también tiene memoria de mujeres

Las leyes N.º 21.370, N.º 21.698 y N.º 21.709 representan avances relevantes construidos después de décadas de organización y demanda de las propias mujeres del sector.

Hoy el desafío es avanzar desde el reconocimiento formal hacia el reconocimiento efectivo.

Que una encarnadora pueda registrarse importa. Que pueda certificar su oficio importa. Pero también importa que pueda acceder a instrumentos de fomento, trabajar en condiciones dignas, contar con infraestructura adecuada, participar en la administración de su caleta y tener voz en las decisiones sobre los recursos y territorios de los cuales depende su comunidad.

La equidad de género en la pesca artesanal no puede medirse solamente por cuántas mujeres aparecen en un registro. Debe observarse también en cuánto poder de decisión poseen, cuáles son sus condiciones de trabajo, qué oportunidades económicas tienen y cuánto reconocimiento reciben sus conocimientos, memorias y oficios.

Levantar espacios de reconocimiento significa precisamente eso: hacer visible una historia que siempre estuvo allí.

Porque las mujeres no están entrando recién a la pesca artesanal. Las mujeres siempre han estado en las caletas. Lo que está cambiando —y debe seguir profundizándose— es su derecho a ser reconocidas, participar y decidir sobre el presente y el futuro de los territorios costeros que históricamente han contribuido a sostener.

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