Por Pablo Varas

Un gato sin cascabel como siempre.
Chile no está en peligro de extinción en las próximas elecciones, todo está bien. El modelo funciona sencillamente porque a los viejos y nuevos actores políticos poco les interesa alterar el injusto camino del neoliberalismo.
Sin duda hacer política comiendo del mismo plato sirve para algo.
Desde 1990 cuando luego de aquella larga noche de la dictadura irrumpe un golpista como presidente para dar continuidad y administrar lo que construyeron los gorilas, sencillamente muy poco ha cambiado el país.
Fue evidente que guardar las hojas del calendario implicó que no existió nunca la voluntad de iniciar un concreto proceso de transición hacia una real democracia seria, donde sea considerada realmente la voluntad popular. Aprender del pasado para que nunca más.
Sencillamente la democracia es mucho más que un voto. La democracia se hace mentira cuando se esquilma a las personas de su legítimo derecho a decidir realmente lo que necesitan para vivir.
Chile es el único país del mundo donde el dictador Augusto Pinochet con su ejército asesino termina como funcionario público pagado por el Estado. Este asunto deja en evidencia realmente que las aguas no cambian de color. Los países se hacen grandes y alcanzan algún nivel de desarrollo cuando sus líderes no tienen los pies de barro.
El país no ha cambiado, todo se mantiene. Un modelo de salud privado nunca antes conocido y que es salvado en un espurio pacto entre el Gobierno y el parlamento. Si el enfermo puede pagar por su atención, aquello lo sana. El 80% de la población en Chile se atiende en el sistema público que tantas vidas ha salvado, incluso en el periodo de pandemia y pasando hambre.
En todas las plazas de los pueblos están las oficinas de las empresas que se inventaron para ofrecer pensiones dignas. Los miles de millones de dólares que estos negocios han acumulado dan escalofríos. La historia es que aquello es dinero obtenido/robado desde los bolsillos de todos los chilenos, y se le siguen tirando más monedas al pozo de la buena riqueza de unos cuantos pocos.
Entonces la reforma de pensiones fue una batalla de mentira.
Cuando un sector dice haber ganado, debemos preguntarnos qué perdió el adversario. Las AFP no han cambiado ni siquiera la tarjeta de visita. La política de los acuerdos no se refleja en pensiones dignas para los que se están despidiendo de la vida. Entonces una vez más se repite como cantinela el juego de máscaras para que nada cambie.
Cuando la derecha política y económica se siente tranquila y canta, sucede que desde la vereda opositora nada nuevo y profundo se insinúa. No existe la voluntad de hacer nada, algo así como si tenemos sed debemos tomar agua. Es una cuestión de clase, la mirada de la elite.
Candidatos a la presidencia en Chile han existido tantos como compañeros de liceo.
Está ya gastado eso de viajar para escuchar al país, la gente está siempre en sus esquinas de esperanza y pobreza. Se conoce la génesis de la miseria y el sistema que la genera. Millones de chilenos sencillamente esperan que un proyecto, una nube buena les cambie el sentido de la vida. Aquello desde 1990 no ha existido y menos ahora.
Más de un millón de mujeres hace menos de un decenio se enfrentaron al patriarcado nacional, en los programas presidenciales de los actuales no está contemplado, es un título, una frase de buen romance, entonces nadie aprende nada. Los sencillos, los que nada tienen, seguirán esperando.
Derechos Humanos es sencillamente una firma en la que todos coinciden por lo menos en el bloque oficialista. La derecha sigue sosteniendo que septiembre era necesario y que la criminalidad desatada por los militares era inevitable.
Sucede que aquella es una batalla que está más allá de cualquier contenido o programa. Es la vida que debe continuar más allá de los agredidos y que interpela a los agresores. No es un asunto de dolores que son consecuencia, es el Estado que debe responder y para que aquello suceda son los gobiernos los que debemos apurar.
Sin verdad, ni justicia, ni reparación queda la impunidad abierta al desparpajo, un regalo para los buitres.
No se logra entender que los conflictos son la contradicción de clase y aquello debe resolverse. En la izquierda y su recorrido existen incontables razones y argumentos incluyendo a los de aquellos años sesenta, que en las horas actuales cobran fundamental vigencia.
Se habla del mayor conglomerado del progresismo y la izquierda, lo complicado es que la izquierda no está en la foto. El PC la sacó y el resto flotan en el sistema que los favorece. Se debe agregar que en la entelequia parlamentaria no fueron invitados ninguno de los que hicieron hablar a las calles, sencillamente la elite colocó a sus amigos con los cuales entre cuatro paredes hacen lo que les parece y lo que les gusta.
Por ese lado no van los tiros.
Por Pablo Varas
Las expresiones emitidas en esta columna son de exclusiva responsabilidad de su autor(a) y no representan necesariamente las opiniones de El Ciudadano.