Política industrial verde y popular: Los ejes para transformar la matriz productiva de Chile

Investigadores de OPES proponen en Podcastpitalismo una política industrial verde y popular que supere el extractivismo neoliberal mediante la planificación democrática.

Política industrial verde y popular: Los ejes para transformar la matriz productiva de Chile

Autor: Camila Silva Cortés

El pasado miércoles se estrenó un nuevo capítulo de Podcastpitalismo, en el cual Javier Pineda conversó con Bárbara Navarrete, economista de la Universidad de Chile y Magíster en Políticas Públicas, e Ignacio Silva, economista y doctorando en Integración Económica en la Universidad del País Vasco. Ambos invitados son investigadores del Observatorio de Políticas Económicas (OPES), quienes junto a otras organizaciones han publicado el documento llamado “Política industrial verde y popular. Por un Chile próspero y soberano en la transición energética global”

En la instancia, Pineda declaró que el modelo neoliberal de nuestro país provocó una desindustrialización deliberada que reemplazó la capacidad productiva por un extractivismo dependiente y frágil. Por lo tanto, deberíamos mirar hacía una reindustrialización ecosocialista y democrática que no repita los errores del pasado, sino que responda a la crisis climática a través de la planificación en conjunto con las comunidades. 

La estrategia estatal de China y la visión de industrialización selectiva de García Linera, son considerados como marcos teóricos que permitirían a Chile utilizar el litio y las energías verdes para desarrollar sectores estratégicos (como la electromovilidad y la industria naval) y fomentar una integración soberana en América Latina, transformando la transición energética en una oportunidad para «industrializar la esperanza».

En esa línea, Ignacio Silva, señaló que una de las principales consecuencias del neoliberalismo es el estancamiento productivo que enfrentamos hoy como país, consecuencia de la desindustrialización. Agregó que, el neoliberalismo introdujo una serie de elementos —como la desregulación macrofinanciera y la liberalización internacional de capitales—que reconfiguraron completamente el marco de la política económica.

“Las economías se abren completamente, en términos financieros, a la economía internacional, y eso tiene resultados heterogéneos dependiendo de los países. Cuando hablamos de países del sur, vemos que su inserción en la economía internacional termina siendo también heterogénea, en la medida en que estos países se especializan con mayor profundidad en sus ventajas comparativas, que son sus dotaciones de recursos naturales”, indicó.

Silva, quien es director ejecutivo de OPES, explicó como el orden regulatorio global establecido en los 90 y liderado por la creación de la OMC, restringió el espacio de maniobra de los países del sur a través de normativas estrictas como la protección de la propiedad intelectual, lo que forzó a países como el nuestro a especializarse únicamente en sus recursos naturales, gatillando procesos de desindustrialización y rezago productivo.

En ese sentido, el investigador explicó que las naciones que alcanzaron el éxito económico fueron aquellas que lograron desafiar estas reglas mediante políticas industriales activas, lo que hoy se traduce en mayores niveles de productividad, mejores salarios y un crecimiento per cápita superior al de la región.

Por otro lado, Silva contrastó la visión de desregulación y baja de impuestos promovida por el presidente electo José Kast , con la necesidad de una política industrial activa. Mientras un sector propone profundizar el libre mercado para superar el estancamiento, el investigador recordó que el mercado no es neutral y que la liberalización solo refuerza la dependencia en los recursos naturales. 

Por su parte, Bárbara Navarrete, explicó que la industrialización verde y popular no es contradictoria, sino una síntesis estratégica para superar el modelo extractivista. Navarrete sostuvo que la descarbonización y la reindustrialización deben avanzar de la mano, utilizando la sostenibilidad como fuente de innovación tecnológica y de aprendizaje productivo. 

A su vez, la investigadora indicó que el componente “popular” tiene como objetivo democratizar la economía, vinculando el desarrollo con la vida cotidiana, la soberanía alimentaria y el rol de las comunidades en sus territorios. Asimismo, enfatizó en la necesidad de un modelo que no solo cambie qué producimos para proteger el medioambiente, sino cómo y para quién decidimos producir,  integrando a la ciudadanía en el diseño del futuro económico.

“Lo verde y lo popular permiten consolidar una estrategia de largo plazo con soberanía en la toma de decisiones y sostenibilidad. Sabemos que estos apellidos implican desafíos, especialmente considerando que nuestra economía es altamente primaria. Habrá decisiones que no siempre encajan perfectamente con una idea simplificada de lo verde, pero sí apuntan a un horizonte estratégico que articule investigación, desarrollo y encadenamientos productivos desde la soberanía”, agregó. 

Respecto a los pilares de la política industrial verde y popular, Navarrete declaró que el texto plantea varias propuestas. La primera es crear un política industrial verde que implemente un régimen macrofinanciero propicio para la transición productiva. A la vez, propone una política internacional de no alineamiento tecnológico, empleos verdes para una economía popular y democrática, electromovilidad, industrialización de la agricultura popular y otros sectores estratégicos. 

Para la investigadora, uno de los aspectos clave es la construcción de un relato y una estética para la transformación productiva, que conecte de forma emocional y cultural con la sociedad. Además, otro aspecto relevante tiene que ver con el financiamiento, en la que propone una banca de desarrollo o una agencia de financiamiento e inversión para el desarrollo.  

“Hoy el financiamiento en Chile está altamente concentrado, con grandes conglomerados que controlan tanto lo productivo como lo financiero. Eso genera incentivos perversos que requieren un rol activo del Estado para direccionar recursos hacia sectores estratégicos que generen empleo, salarios dignos y reduzcan la concentración económica”, señaló. 

Por último, Silva, explicó que el no alineamiento es una tradición con décadas de historia: “Hoy, en un contexto de disputa tecnológica entre China y Estados Unidos, los países del sur deben preguntarse cuál es su rol. La dominancia tecnológica define las cadenas globales de valor, y el desafío es cómo avanzar en ellas”.

El investigador señaló que esto implica políticas estatales activas y cooperación internacional, tanto regional como en países líderes, con el objetivo de transferir, adaptar y desarrollar tecnología. 

A continuación, puedes revisar el programa completo, cuya producción es realizada por El Ciudadano y la Fundación Rosa Luxemburgo: 

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