Prosur: Continúa la (des) integración

Ha muerto UNASUR, larga vida a PROSUR. Con el giro a la derecha (otra vez), los gobiernos latinoamericanos parecieran estar pidiendo disculpas al neoliberalismo, reestructurando el escenario geopolítico después de una década en que las distintas administraciones se acercaron al neodesarrollismo como nuevo proyecto de la centroizquierda o izquierda progresista, esa que abrazó el neoliberalismo con tintes sociales para lograr el progreso de la región. La creación de esta organización responde a la intención conjunta de Chile y Colombia para diluir la UNASUR, organismo del cual desde hace un tiempo venían retirándose algunos países de la región.

No obstante, esta apología regional no es nueva y tampoco sus mecanismos. De hecho, al revisar la historia, se observa que el ciclo actual es una repetición de un patrón histórico, cuyo comportamiento pendular se sostiene en argumentos ideológicos, esta vez en la coyuntura venezolana, haciendo aparecer a la organización impulsada por la derecha conservadora como único remedio para un supuesto declive continental.

Hace unos días, se dio la creación de un nuevo organismo para la integración regional, la “Propuesta sobre una Integración de América del Sur” –PROSUR–, para terminar con la Unión de Naciones Sudamericanas –UNASUR–, debido a un supuesto alejamiento de sus principios y objetivos, su polarización y postura política militante, junto al estancamiento producto del consenso en su interior y al poder de veto de algunos países, particularmente de Venezuela. Ante este escenario, PROSUR buscaría no repetir sus errores, creando un nuevo espacio “sin ideologías”.

Al día siguiente nace esta organización con la firma de los presidentes de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Perú y Paraguay junto al embajador de Guyana en Argentina, Brasil, Chile y Georgia, junto a la presencia de Bolivia, Uruguay y Surinam quienes se abstuvieron de firmar. El acta de fundación señala que PROSUR surge para lograr una integración más efectiva con la cual fomentar el crecimiento, progreso y desarrollo de América del Sur, abordando infraestructura, energía, salud, defensa, seguridad y prevención y manejo de desastres naturales. Lo anterior mediante políticas públicas, la defensa la democracia, independencia de poderes y una economía de mercado junto a una agenda social sostenible, tras lo cual se encuentra el objetivo de aislar geopolíticamente a Venezuela como proyecto político-ideológico de Colombia, con apoyo de Chile.

Lo anterior se encuentra en el marco de acción del Grupo de Lima, nacido como respuesta a la creación de la Asamblea Nacional Constituyente por parte del gobierno de Maduro en Venezuela, país en conflicto político, económico y social, del cual el grupo señala que no es más una democracia, incumpliendo requisitos y obligaciones de la ONU para con los derechos humanos, viéndose la región “obligada” a tomar medidas ante la no denuncia de dicha situación por parte de UNASUR.

Esta organización surgió en su momento como respuesta a la crisis neoliberal arrastrada desde los 90, momento en que la región se vuelve al modelo neodesarrollista como proyecto de desarrollo, que, a diferencia de las políticas y reformas de apertura de dicha década, fortaleció el rol estatal y la cooperación sur-sur mediante políticas e instituciones comunes no centradas en privados ni en el mercado, para corregir la asimetría del desarrollo neoliberal de la región. Para esto, liberarían “cuellos de botella” en pos de la integración de la infraestructura con la cual consolidar mercados regionales y garantizar el acceso al mercado global, buscando mayor participación y legitimación social en dicho proceso.

El surgimiento de esta organización permitió a los países desarrollar nuevas estrategias de integración a la globalización, dentro de las cuales se apadrinó la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana (IIRSA) la cual nació por la intención de algunos presidentes de la región, con apoyo de la CAF, BID y FONPLATA, donde se reestructura el subcontinente en 10 Ejes Estratégicos para el fomento del mercado y la exportación de la explotación de recursos naturales, entre otros, mediante la integración energética, vial y de telecomunicaciones, de la cual los países de la región han sido beneficiados con recursos y el desarrollo de sus proyectos. Esta inversión busca la integración económica para mejorar la competitividad de los países, conectándolos para el mercado, no para la integración de los territorios, por lo cual la existencia de UNASUR no se contrapuso al modelo neoliberal, sino que planteó una estructura neodesarrollista para lograr el desarrollo, adoptando el uso del mercado para el sostén de políticas sociales sin modificar la estructura regente en la región.

Lo anterior es tangible cuando se observa la inversión de la IIRSA. A 2015, la cartera de proyectos eran 593, por una inversión estimada de US$182.435,7 millones. Este total incluye la Agenda de Proyectos Prioritarios de Integración (API) la cual correspondía a 103 proyectos por US$21.135,5 millones. De esta API, entre 2011 y 2016 se concluyeron once proyectos por US$1.327 millones, y a 2017 se estimaba una inversión a 2022 de US$11.087,8 millones en 42 proyectos en Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela.

A pesar de desarrollar lo anterior en países que hoy buscan su disolución, estos crean PROSUR argumentando que UNASUR vendió “un falso sueño de integración … en función de intereses ideológicos y partidistas”, según Lenín Moreno, quien además señala que se debe sostener el proceso de integración físico como herramienta para el fomento y desarrollo de mercados que empujó UNASUR. Así, el “falso sueño de integración” se vuelve una falacia discursiva ya que en cada país de la región se han invertido miles de millones de dólares en el desarrollo de carreteras y sistemas energéticos, producto de la intervención de UNASUR, creada en su momento por la intención de Brasil para movilizar mercancías y acceder a puertos del pacífico.

En resumidas cuentas, PROSUR no va a eliminar la IIRSA. Esto ya que el nuevo bloque político-ideológico de la región responde a un proceso histórico acorde al amén político mediado por intereses glocales, respondiendo además al interés de EEUU, siendo la marginación de Venezuela el motivo para crear un nuevo organismo y tratar de desmarcarse del neodesarrollismo, usando la estrategia del cambio de nombre como parte de su acción ideológica como un supuesto “borrón y cuenta nueva” producto del interés concertado de la derecha regional como acto político e ideológico, justamente en las antípodas de la argumentación que funda PROSUR, en un contexto neoliberal que encuentra a la izquierda regional con sus figuras cuestionadas, enjuiciadas y/o encarceladas. Hoy, lo que está en juego es de quien es el balón y quienes pueden jugar, porque no está en discusión el proyecto neoliberal, sino su administración.

Por Simón Rubiños-Cea
Ingeniero Constructor, Universidad de Valparaíso, Chile. Tesista de la Maestría en Políticas Públicas de la Universidad Nacional de Colombia. Miembro del Grupo de Investigación en Desarrollo Territorial, Paz y Posconflicto (GIDETPP) – UNAL.

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