¿Quién está en las calles?

He leído con atención la reciente columna de Daniel Matamala en el diario La Tercera titulada “Ocaso del idiota” y me he encontrado con varios elementos relevantes, pero no mucha claridad sobre el núcleo de la idea. Comparto la noción de “idiotez” que viene desde los griegos, también lo he utilizado como recurso para dar cuenta de la necesidad de participación política frente a los supuestos a-políticos. Por otra parte, en concreto identifico que el clivaje está errado. 

En primer lugar es necesario aclarar que la impugnación que ha realizado la movilización al modelo neoliberal y a la Constitución del 80’ es evidente, cuestión no menor si consideramos que es precisamente lo que han defendido por años las élites económicas y la derecha política. Durante años la política fue cooptada por los defensores del modelo y excluyeron de la política a gran parte de la sociedad. El divorcio entre la política y la sociedad implicó varios procesos: despolitización de la sociedad, desocialización de la política y mercantilización de ambos.

En resumidas cuentas, el poder económico (en categorías de mercado) se comió la política y la sociedad, campos en los que no permitió resistencias. Por otra parte, la coyuntura actual ha resucitado la necesidad de una vuelta de mano desde el mundo social. Las llamadas demandas sociales hacen frente a tal cooptación para lograr socializar la política (ejemplo de esto es la demanda por una Nueva Constitución) y socializar la economía (ejemplo de esto es la propuesta aún no muy definida sobre una economía social de mercado vs el modelo neoliberal). 

Al dar cuenta de la relación neoliberal de los tres campos ya impugnada por la movilización, así como la nueva relación que se propone -insisto, aún sin completa definición-, permite entender los actores en juego. En primera instancia los acorralados son la derecha política y la derecha económica, cuestión evidente pues se les cae su propio modelo. De frente está el mundo social que ha reclamado durante años estas transformaciones y que ahora la coyuntura le permitió acelerar el ritmo en la disputa. En otro rincón se encuentra la izquierda política (no la centro-izquierda) que por su carácter propio, ha sido parte de las demandas del mundo social durante todos estos años. 

En fin, podemos aclarar que la cuestión no es ciudadanía vs elite, pues lo que está en juego es la llegada del mundo social al campo político, un mundo que sobrepasa completamente la “ciudadanía”. Dentro de él no sólo encontramos ciudadanos, sino que encontramos diversidad y heterogeneidad social con los excluidos de siempre. En las calles se encuentran niños, niñas, adolescentes, indigentes, abuelos, mujeres, trabajadores, cesantes, pobladores, mapuches, etc. Este mundo exige ser parte en tanto sociedad, no en tanto ciudadanía. Así el clivaje en realidad se complejiza y asume formas de pueblos antes que de ciudadanos, incluso pueblos originarios. 

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Para concluir, me gustaría recomendar leer este período histórico en comparación a la Independencia Nacional, considerando que en el Antiguo Régimen el soberano era el rey y por lo tanto asumía por derecho divino todo el poder, hasta que el Rey Fernando VII fue capturado por las tropas napoleónicas. En esa coyuntura el cuerpo social que le debía lealtad al rey exigió la libertad del soberano, movilizándose en las calles de España. Lo notable fue que tuvieron un problema que en su resolución nos compromete hasta hoy: si el soberano está capturado, entonces ¿quién manda?. El “pueblo” fue la respuesta y comenzó a dotarse en la conciencia de ese cuerpo social heterogéneo que el pueblo era el soberano mientras el rey estuviese capturado, a esto los historiadores lo llaman Vacatio Regis (Vacancia del Rey).

Conocemos el final de la historia: en nuestro país el problema de la soberanía se leyó y respondió de la misma manera, sin embargo, en la práctica fue una élite criolla la que asumió como representante del “pueblo”. Hoy en día volvemos a discutir y exigir un nuevo orden, pero con la claridad de que la soberanía popular no será nuevamente alterada y limitada por una nueva élite criolla. 

Por Franco Vargas
Estudiante de Licenciatura en Historia Universidad Alberto Hurtado.

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