Por Cristóbal Ortiz-Vilches & María Luisa Méndez, Núcleo Milenio sobre Inseguridad y Cohesión Urbana NUMIC
En tiempos de desafección política, polarización y desconfianza, la promoción de la participación a nivel local representa una alternativa real a la deslegitimación de las instituciones democráticas y un eslabón clave para fortalecer la cohesión social.
Los chilenos confían más en sus vecinos que en el Estado, el barrio es el lugar de mayor identificación social, y aunque el sentimiento de inseguridad ha permeado la confianza entre vecinos, la fortaleza de los vínculos locales es sin lugar a dudas una de las claves de la recomposición del tejido social y el mejoramiento de la democracia.
Ahora, este tejido ha cambiado. En algunos lugares se ha envejecido o deteriorado, en otros se ha vuelto más diverso en composición migratoria, y es importante tener esto en cuenta para no caer en una romantización de su potencial.
Además, aunque los vínculos vecinales han tenido una gran resiliencia, la participación en juntas de vecinos y organizaciones locales es actualmente muy baja en todos los estratos sociales (Méndez & Ortiz-Vilches, 2025) y las condiciones para formar las nuevas generaciones de dirigentes se han vuelto más complejas.
El poder desde lo local se ha expresado en iniciativas de participación ciudadana que buscan profundizar el sistema democrático desde abajo hacia arriba (es decir, una gobernanza bottom-up).
La premisa es simple: fomentar la participación en el seno de organizaciones territoriales permite dar voz a los sectores históricamente marginados de la esfera pública; coordinando así intereses comunes que, de otra manera, se perderían en un mar de demandas fragmentadas.
Aunque la Ley N° 20.500 reconoce el derecho a participar, se advierte que ni esta norma ni su reforma permiten una participación vinculante (Delamaza, 2025). Sus mecanismos de democracia directa —como iniciativas ciudadanas y referendos locales— son impracticables por sus altos costos operacionales.
Además, no se han articulado con la asociatividad local, un rol ejercido tradicionalmente por las Juntas de Vecinos, cuya eficacia se encuentra obstaculizada por su rezago normativo y sus mermadas capacidades de gestión.
En el Día Nacional del Dirigente de Juntas de Vecinos (7 de agosto), creemos que la promoción de políticas públicas de participación y gobernanza local puede ser el sustento de la cohesión social. En esta tarea, las Juntas de Vecinos son un organismo clave e irremplazable para ejercer una gobernanza comunitaria que entregue protagonismo y poder a los actores locales.
Los y las dirigentes vecinales desarrollan una labor fundamental, pero requieren de más herramientas y potestades amparadas en leyes y normativas acordes a los desafíos actuales.
La recomposición del vínculo social en Chile nos lleva a la tarea ineludible de cómo articular el poder vecinal en nuestro entramado institucional. Se trata de reconocer el protagonismo de los actores territoriales y hacerlos converger en un proyecto nacional, sin dejar a nadie fuera.
Promover la participación y gobernanza local es importante para fortalecer a la sociedad civil, pero debemos formalizar este proceso en instituciones ciudadanas vinculantes y articuladas. Asimismo, debemos tener en cuenta que los actores locales son más diversos que antaño, pero que también pueden aportar con nuevas y renovadas energías.
Referencias
Delamaza, G. (2025, 16 de septiembre). Proyecto de Reforma a la Ley de Participación: Empecemos a conversar https://gonzalodelamaza.cl
Méndez, M. L., & Ortiz-Vilches, C. (2025). La política urbano-territorial como promotor de la cohesión social. REDES. Revista del Ministerio de Vivienda y Urbanismo, 3(6), 21-24. https://centrodeestudios.minvu.gob.cl
Foto Portada: Juntas de Vecinos de Huasco (archivo)
