El miércoles 26 de agosto se realizó en la U. de Santiago el seminario «La Crisis de Naciones Unidas: Medidas para superarla, propuestas de Reforma al sistema», organizado por la Asociación de Juristas por la Democracia y la Comisión Chilena de Derechos Humanos.
El espacio contó con la participación de destacados expositores: Joan Garcés, jurista internacional, ganador del premio Nobel Alternativo (Suecia, 1999); Atilio Borón, sociólogo, politólogo y catedrático argentino; Claudio Nash, coordinador Cátedra de Derechos Humanos de la U. de Chile; Fernando Estenssoro, académico de IDEA USACH; Breno Altman, periodista, escritor, analista y fundador de Opera Mundi (Brasil); Claudia Rocca (Argentina), presidenta de la Asociación Americana de Juristas, AAJ; Mónica Bruckmann, socióloga peruana, académica de la U. Federal de Río de Janeiro; y Anjuli Tostes, abogada, vicepresidenta de la Asociación de Juristas por la Democracia, AJD (Chile).
Todos ellos formaron parte del primer panel del seminario, moderado por Sofía Brito, directora de la AJD. Un segundo panel, en tanto, estuvo integrado por las y los embajadores de Cuba, Palestina, Sudáfrica, China, México, y el ministro consejero de la Embajada de Rusia, mesa que fue moderada por el director de El Ciudadano, Javier Pineda, en su calidad de secretario general de AJD.
El discurso de apertura del seminario estuvo a cargo de Carlos Margotta, presidente de la AJD y director de Relaciones Internacionales de la Comisión Chilena de Derechos Humanos. En su intervención, el jurista advirtió que «no puede haber un derecho internacional para nuestros aliados y otro para nuestros adversarios».
«Lo que hoy está en cuestión no es solamente el funcionamiento de una organización internacional. Está en cuestión una idea mucho más profunda: la posibilidad de que las relaciones entre los Estados estén sometidas a reglas comunes y universales, y no exclusivamente a las relaciones de fuerza», planteó Margotta.
En este punto, se refirió a lo que está ocurriendo en Gaza: «La Corte Internacional de Justicia ha dictado medidas provisionales vinculantes en el marco del procedimiento iniciado por Sudáfrica bajo la Convención sobre Genocidio. El derecho internacional humanitario establece obligaciones precisas respecto de la protección de la población civil. Diversos órganos de Naciones Unidas han formulado reiterados llamados a proteger a la población y garantizar la asistencia humanitaria. La Corte Penal Internacional ha dictado orden de detención contra Benjamín Netanyahu, por su responsabilidad en el Genocidio. Sin embargo, la política de exterminio y el consecuente drama humano, ha continuado en Palestina».
«Gaza nos obliga entonces a formular una pregunta incómoda pero indispensable: ¿qué valor tiene un orden jurídico internacional si sus normas pueden ser aplicadas de manera diferente dependiendo del Estado involucrado, de sus alianzas o de su poder político, económico o militar? No puede existir un verdadero Estado de Derecho internacional si las normas son obligatorias para algunos y negociables para otros», enfatizó el presidente de la AJD.
El seminario también fue informado por el boletín de la U. de Santiago. Allí, se destacó que «durante las exposiciones, los ponentes coincidieron en la necesidad urgente de fortalecer el multilateralismo a través de una refundación estructural del sistema de Naciones Unidas».
Asimismo, agrega el reporte, entre las principales propuestas realizadas en el seminario están «limitar o eliminar el derecho de veto, estableciendo su prohibición estricta ante casos de genocidio, crímenes de guerra y violaciones masivas a los derechos humanos, y avanzar hacia un fortalecimiento institucional que garantice una igualdad jurídica real entre todos los Estados, eliminando los privilegios de las superpotencias».
También se propuso una «reforma profunda del Consejo de Seguridad para ampliar su representación y otorgar una presencia resolutiva al Sur Global (América Latina, África y Asia) y empoderar a la Asamblea General mediante mecanismos que otorguen carácter vinculante a las decisiones mayoritarias de la comunidad internacional frente a la parálisis del Consejo de Seguridad».

«No existe orden jurídico con excepciones permanentes»
Javier Pineda valoró la realización del seminario resaltando «la presencia de actores que surgen con una voz que no ha sido considerada en los debates, como es África, y también con las reflexiones de dos países que están padeciendo actualmente la crisis del sistema internacional, Palestina y Cuba».
«Nos hacemos parte en ese sentido al llamado de urgencia, que no es solamente una reflexión por la generación de saber, sino que también implica hacernos cargo de una responsabilidad que tenemos como humanidad. Aquellos que pensábamos que no iba a volver a ocurrir, después de las grandes guerras mundiales, hoy día lo vemos incluso en forma televisada y periódica, y eso requiere que dentro de nuestros distintos ámbitos y responsabilidades, actuemos», remarcó el secretario general de la AJD.
En la misma línea, Anjuli Tostes, vicepresidenta de la AJD, recordó que «hace 24 siglos, Trasímaco sostuvo que lo justo es simplemente la conveniencia del más fuerte. Naciones Unidas nunca logró refutarlo del todo, pero consiguió algo que no es menor, porque obligó al poder a justificarse ante los demás. Lo que no consiguió fue que la norma valga igual para todos, y ahí está su crisis».
Para la abogada, «no existe orden jurídico con excepciones permanentes. Si primero decidimos quién es amigo y quién es adversario, y solo después cómo tratar el caso, ya no hacemos Derecho, y lo que administramos es poder con vocabulario jurídico. Y sigue siendo la única institución universal que tenemos, de modo que corresponde reformarla y no abandonarla», alertó.
En este punto, sostuvo que la reforma decisiva «exige que el mismo criterio rija para los aliados y para los adversarios, y esto no demanda cambiar una sola palabra de la Carta. Porque la justicia, en su mejor sentido, es la capacidad de reconocer que la regla que invocamos contra otro tiene que valer también contra nosotros».
Embajadores
En el segundo panel del seminario, el embajador de China, Niu Qingbao, sostuvo en su intervención que «el mundo está experimentando cambios sin precedentes. Por un lado, aumentan la inestabilidad y la incertidumbre, y las acciones hegemónicas, arbitrarias y de intimidación están causando graves daños».
«Los déficits en materia de paz, desarrollo, seguridad y gobernanza siguen ampliándose, y el mundo ha entrado en una nueva etapa de turbulencia y transformación. Son situaciones muy graves, pero no debemos perder la esperanza», manifestó el diplomático chino.
«Creo que debemos tener la certeza de que, por otro lado, la tendencia histórica hacia la paz, el desarrollo, la cooperación y el beneficio mutuo es imparable. La voluntad de los pueblos y la tendencia general de nuestros tiempos conducirán finalmente a un futuro brillante para la humanidad (…) los tiempos que vivimos están llenos tanto de desafíos como de esperanzas», puntualizó Niu Qingbao.
Por su parte, Vera Baboun, embajadora de Palestina en Chile, enfocó la crisis de la ONU desde la situación de su pueblo-nación, que actualmente -recordó- es víctima de una ocupación ilegal por parte de Israel.
«Palestina es quizás el ejemplo más claro y prolongado de esta brecha. Durante décadas, la cuestión palestina ha sido objeto de cientos de resoluciones de la ONU, en el Consejo de Seguridad, Consejo de DDHH y en decisiones de tribunales internacionales. Sin embargo, la catástrofe palestina iniciada en 1948 continúa», dijo la embajadora Baboun.
En este punto, la representante palestina cuestionó que, en la práctica, hoy, «algunos actores pueden vulnerar la Carta de la ONU y el Derecho Internacional sin consecuencias efectivas», advirtiendo seguidamente que «tal como señaló el secretario general de Naciones Unidas, el mundo enfrenta una era de impunidad».
«La experiencia palestina demuestra que el problema no es la falta de normas internacionales, sino su aplicación desigual y cumplimiento efectivo», agregó Baboun.
En tanto, en su intervención, Óscar Cornelio Oliva, embajador de Cuba, reiteró el reclamo de su país por una «reforma integral y profunda del Consejo de Seguridad de la ONU, para transformarlo en un órgano más democrático, transparente, representativo y eficaz».
«El funcionamiento actual del Consejo no responde adecuadamente a las necesidades de la comunidad internacional, ni a los reclamos históricos de los países del sur», recalcó el diplomático cubano, añadiendo que ellos han reiterado la necesidad de «ampliar la composición del Consejo, en sus dos categorías: miembros permanentes y no permanentes».
«También defendemos la eliminación del poder de veto, al considerar que este mecanismo obstaculiza la adopción de decisiones esenciales. Permite bloquear iniciativas respaldadas por una mayoría de Estados, y debilita la credibilidad del órgano encargado de mantener la paz y la seguridad internacional, porque es el único órgano cuyas decisiones son de obligatorio cumplimiento, según la Carta de las Naciones Unidas», indicó el embajador cubano.
«Cuba apoya la propuesta de que sea la Asamblea General, un órgano mucho más democrático, la que tome las decisiones fundamentales, y no el Consejo de Seguridad», subrayó Óscar Cornelio Oliva.
En el panel también participaron el embajador de Sudáfrica en Chile, George Monyemangene, y el ministro consejero de la Embajada de Rusia en Chile, Vladimir Finyutin.
El Ciudadano
