En octubre, el enviado especial de Estados Unidos contra el antisemitismo incluyó a Chile entre los países que conversan para adoptar la definición de la Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto (IHRA), con miras a una conferencia en noviembre.
Chile no ha tomado ninguna decisión, y este es el momento de advertir lo que está en juego.
El marco de antisemitismo propuesto por la IHRA fusiona incorrectamente la crítica a Israel con antisemitismo.
Si esta definición se impusiera en el marco legal chileno, tendría el efecto de criminalizar el movimiento por los derechos del pueblo palestino.
Declaramos con claridad que criticar a Israel o ser antisionista no es ser antisemita, y que al contrario, habemos en el mundo muchos judíos antisionistas.
En este momento político, el interés por integrar esta definición en el marco regulatorio chileno es precisamente el de censurar la protesta a los horrores que ha cometido Israel sobre el pueblo palestino.
La definición viene acompañada de once ejemplos, y siete de ellos se refieren al Estado de Israel. En los países donde se ha aplicado, esos ejemplos se han usado para tratar como antisemitas marchas, consignas, investigaciones académicas y campañas de solidaridad con Palestina.
Amnistía Internacional, Human Rights Watch y la organización israelí B’Tselem han calificado como apartheid la situación de la población palestina, y Amnistía fue acusada de antisemitismo por hacerlo. Si eso le ocurre a una de las organizaciones de derechos humanos más reconocidas del mundo, puede ocurrirle a cualquier estudiante, académico o periodista.
En Chile, donde vive una de las comunidades palestinas más grandes fuera de Medio Oriente, esto podría afectar a quienes se expresan sobre Palestina en universidades, medios y espacios públicos, y entraría en tensión con la libertad de emitir opinión sin censura previa que garantiza el artículo 19 de nuestra Constitución.
No lo decimos solo nosotros. El principal redactor de la definición original, Kenneth Stern, advierte que su uso actual instrumentaliza el antisemitismo y hace a los estudiantes judíos menos seguros.
Más de cien organizaciones pidieron a Naciones Unidas no adoptarla. Y Brasil se retiró de la IHRA en 2025, tras constatar su uso para perseguir a estudiantes, políticos e intelectuales.
Esta confusión tampoco nos protege a los judíos. Al identificarnos con las políticas de un Estado, nos expone a la hostilidad que dice combatir.
Chile puede enfrentar el antisemitismo sin silenciar a nadie, aplicando la Ley Zamudio, registrando los incidentes de odio y fortaleciendo la educación sobre el Holocausto y el racismo.
Por eso pedimos al Gobierno que declare públicamente, antes de la conferencia de noviembre, que Chile no adoptará esta definición, y al Congreso y a las universidades que no la incorporen en leyes ni reglamentos.
Como judías y judíos comprometidos con los derechos humanos, sabemos que el antisemitismo existe y debe combatirse con firmeza. Los ataques a sinagogas, los estereotipos sobre un supuesto poder judío o la negación del Holocausto son antisemitismo, y deben enfrentarse sin ambigüedad.
Por eso mismo rechazamos que se use su nombre para silenciar otras voces.
Criticar a un Estado no es odiar a un pueblo. Defender a Palestina no es atacar a los judíos.
Agrupación Judía Diana Arón (AJDA)
Santiago de Chile, octubre de 2026
