Tuvimos que gastarnos nuestras pensiones, ¿y ahora qué?

La profunda crisis en que se encuentra el sistema de AFP se agravó aún más con la pandemia. Las medidas económicas y laborales del gobierno de Sebastián Piñera -incluyendo el IFE de 65 mil pesos celebrado por Sebastián Sichel- forzaron a millones de chilenas y chilenos a retirar sus fondos previsionales hasta vaciar sus cuentas, lo que hizo más real que nunca el fantasma de trabajar hasta la vejez y morir en la miseria.

Las AFP fueron creadas para invertir en el sistema financiero y asegurar el lucro privado a costa de las pensiones de las jubiladas y jubilados. Por esto creamos la Coordinadora NO+AFP hace casi una década y repletamos las calles exigiendo un verdadero sistema de seguridad social público, solidario y tripartito, con el objeto de reemplazar a las administradoras de la dictadura.

La masividad de esta demanda fue notoria durante la revuelta social. Interrogados por las “principales demandas”, “pensiones” fue la respuesta más reiterada por quienes protestaban en Plaza Dignidad durante noviembre del 2019 y por la amplia mayoría de la población. Por lo mismo, el proceso constitucional alberga esperanzas de mejoras concretas en materia previsional. Especialmente para las más afectadas/os por la capitalización individual, es decir, quienes trabajan informalmente, o cuyas trayectorias están marcadas por la discontinuidad y la rotación laboral, e igualmente quienes efectuaban labores domésticas y de cuidados sin ninguna remuneración; mayoritariamente mujeres.

La profunda crisis en que se encuentra el sistema de AFP se agravó aún más con la pandemia. Las medidas económicas y laborales del gobierno de Sebastián Piñera -incluyendo el IFE de 65 mil pesos celebrado por Sebastián Sichel- forzaron a millones de chilenas y chilenos a retirar sus fondos previsionales hasta vaciar sus cuentas, lo que hizo más real que nunca el fantasma de trabajar hasta la vejez y morir en la miseria.

¿Qué proponemos para afrontar esta crisis en el corto y largo plazo?

Crear un sistema de seguridad social universal, guiado por criterios de solidaridad intra e intergeneracional y administrado por un órgano público autónomo que cuente con la participación de las y los trabajadores, elegidos democráticamente.

Esto contempla una pensión básica universal que sea suficiente para vivir dignamente -calculada en función del salario mínimo (el que también debe ser aumentado)-, y un componente contributivo, basado en el aporte de quien trabaja, de quien emplea y del Estado, con el objeto de crear un fondo solidario que permita pagar las pensiones futuras, pero también las actuales.

El traspaso de los fondos de las cuentas individuales de las y los trabajadores al nuevo sistema será completamente voluntario, a diferencia de las mentiras que han tratado de instalar las AFP y sus defensores.

En definitiva, pretendemos recuperar el derecho a una vejez digna, pese al severo daño producido por las políticas del Ejecutivo frente a la emergencia sanitaria y a la ninguna voluntad de los gobiernos de los últimos treinta años en materia previsional. El Chile que nace tiene que priorizar a quienes han trabajado toda su vida, de forma remunerada o no remunerada. Y hoy es tan necesario como posible conseguirlo.

Andrés Giordano Salazar, dirigente sindical y candidato a diputado independiente por el D9 de Apruebo Dignidad.

Nicole Martínez, Magíster en Gestión y Políticas Públicas y candidata a diputada por el D10 por Apruebo Dignidad.


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