Por Javier Molina Johannes[1]

La Moneda está siendo convertida en un templo y, con ello, la precaria democracia chilena está tornándose una teocracia. Las misas guiadas por Mariano Irureta, capellán schönstattiano del palacio, no eran suficientes para la diversidad religiosa que tiene este (des)gobierno. También están sus queridxs especímenes evangélicxs y protestantes, según informó la propia Secretaría General de la Presidencia, para habilitar este nuevo espacio para sus cultos: “la decisión responde a la necesidad de contar con un espacio adecuado y disponible para la atención espiritual de quienes profesan cultos evangélicos y protestantes, y también al deber de garantizar un trato igualitario entre las distintas confesiones religiosas”.
Entre católicos, evangélicos y protestantes hacen tantas misas y cultos que no les da para compartir el mismo espacio. Mariano Irureta ofrece el rito católico cuatro veces por semana, además de las veces que hacen otras misas “especiales” los propios ministerios. La comunidad evangélica estaba siendo acorralada, entre tanto schönstattiano, Opus Dei y otros especímenes neoconservadores y tradicionalistas que pululan por el Palacio.
Por lo tanto, hicieron su propia reforma: convirtiendo una ex-oficina de la Secretaría de Comunicaciones en una nueva capilla evangélica. Excelente simbolismo, ¿no les parece? Comunicaciones de La Moneda depende, absolutamente, de la(s) teología(s). En otros términos, se evidencian los poderes teológico-políticos y el sustento de cualquier política que surge del actual palacio gubernamental. Veremos cuál de estas corrientes teológicas hegemoniza las políticas del gobierno de Kast en los meses venideros, y si los/as cristianos/as tienen tanta fuerza como para implementar su Día Nacional de la Oración y el Día de la Biblia.
Así, lo que era una oficina, ahora cuenta con sillas cubiertas de telas blancas, una mesa con una cruz, un baúl que dice fe e intercesión, oraciones impresas por el recinto y el cartel de la entrada que se convirtió en viral durante esta semana que destaca: “silencio, actividad en curso”. Por el momento, los cultos se realizan dos veces por semana y, como se aprecia en los videos que circularon, los cánticos pueden escucharse fácilmente en los pasillos de la Secretaría de Comunicaciones.
En las observaciones de la Contraloría, que ha expuesto el supuesto carácter laico del Estado, al menos constitucional desde 1925, se confirma que es la Presidencia quien toma las decisiones sobre el empleo de las instalaciones del Palacio. Por lo tanto, desde la Segpres se asegura que, por el denominado “derecho a la libertad religiosa”, se puede “habilitar un espacio adicional para una de las capellanías responde justamente a la necesidad de ordenar y compatibilizar de mejor manera los distintos usos que actualmente conviven al interior de La Moneda”. Lo anterior, a pesar de que el dictamen de abril permitía que las tres capellanías -católica, evangélica y judía- funcionasen en la misma capilla, sin hacer referencia a una nueva dependencia, ni a otras religiones claramente.
Ahora bien, podría leerse como una expulsión del mundo evangélico y protestante de la capilla principal de La Moneda. Sin embargo, consideramos más pertinente leer esta redistribución como la sacralización de un espacio político más, es decir, la pérdida de un espacio público y laico en beneficio de las creencias de algunxs. De este modo, se renueva una intensa actividad del Señor y el Espíritu Santo, que buscan bendecir al país o, en términos concretos, el avance de esta teologización de la política.
…sabemos que el incremento de la religiosidad es inversamente proporcional con gobiernos democráticos. En otras palabras, más teología equivale a menos democracia.
Por otro lado, Sara Concha, Francesca Muñoz y sus cómplices del gobierno teológico-político han impulsado proyectos para implementar el Día Nacional de la Oración y el Día de la Biblia [sic]. De este modo, la fuerza teologizante que veníamos exhibiendo en las entregas anteriores retoma su potencia. Sumada a cierta romanización de La Moneda y del Santos x Chat de Lavín Infante, se suman estos proyectos teologizantes, los cuales promueven una destrucción de la democracia, porque sabemos que el incremento de la religiosidad es inversamente proporcional con gobiernos democráticos. En otras palabras, más teología equivale a menos democracia. Y eso se sabe, al menos, desde el Tratado Teológico Político.
A pesar de ello, Muñoz señaló que, a partir de la Constitución chilena, “(…) el Estado debe contribuir a crear las condiciones sociales que permitan la mayor realización espiritual de las personas. La oración y la Biblia forman parte esencial de la fe cristiana, y de ellas emanan principios como la dignidad de la persona humana, la solidaridad, el respeto y la protección de la familia”. Por su parte, la diputada Concha agregó que la oración aporta para “(…) quienes ejercen autoridad y también por nuestro país”. Además, comentó que la oración habría fortalecido el funcionamiento de nuestra sociedad [sic].
Y no, no es una política específica del Partido Social Cristiano, sino que cuenta con el apoyo de Renovación Nacional y del Partido Republicano, a través de la participación de Eduardo Durán y Benjamín Lorca, respectivamente. De hecho, Lorca destacó que la oración “une más allá de los credos y de las distintas confesiones religiosas”. Inclusive, agregó que, a pesar de las diferencias ideológicas, necesitarían encontrarse, orar y pedir sabiduría a Dios, lo que -según él- mejoraría las decisiones políticas. Finalmente, Durán destacó que este proyecto sería un hito importante, porque “significaría que Chile, como República, reconoce estas expresiones de fe y el aporte espiritual, social y cultural que el cristianismo ha realizado a nuestro país a lo largo de su historia”.
Con lo difícil que ha sido laicizar al Estado y avanzar en ciertos parámetros democráticos mínimos, ahora viene esta nueva potencia de la reacción conservadora. Con estas nuevas simpáticas caras, hablando de amor y Cristo, para retroceder en derechos civiles y empujarnos a una teocracia cristiana. Lo anterior, aunque parece absolutamente fuera de lugar, tiene fuertes conexiones transnacionales. Cabe sólo recordar que el término de la ideología de género, el cual es tan útil para la proclamada batalla cultural de las derechas actuales, viene del Vaticano.
Todo este proceso no es algo novedoso. Por ejemplo, considerando el corto plazo, en febrero de 2026 tanto Benjamín Lorca y Stephanie Jeldrez, del Partido Republicano, como Mauro González, de Renovación Nacional, habían participado como representantes del actual presidente Kast en el Desayuno de Oración Nacional en Estados Unidos -sí, en el corazón del Imperio– para forjar una diplomacia religiosa basada en la fe y en la unidad espiritual, con un discurso de apertura del fanático emperador Trump. En términos de la propia diputada Jeldrez: «es una instancia para resguardar los valores cristianos que, en este contexto mundial, han sido tan atacados», dando continuidad al ya conocidísimo discurso de la batalla cultural por la Civilización Cristiana Occidental.
Por Javier Molina Johannes
[1] Investigador sobre las derechas latinoamericanas | especímenes de la reacción: @especimenesdelareaccion
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