Los recortes de Kast

Vivimos preocupados mientras la salud mental toca fondo

El país enfrenta un grave problema de salud mental, con un 18,5% de la población afectada. Aumentan los gastos en seguridad y cárceles, pero se recortan fondos para salud mental. Sin un compromiso político real, la situación seguirá empeorando el próximo año sin cambios significativos en políticas o financiamiento.

Vivimos preocupados mientras la salud mental toca fondo

Por Verónica Aravena Vega

El país duerme mal. La ansiedad y la depresión no paran de subir y la soledad está en su nivel más alto desde la pandemia. Cada tanto, alguien decide que ya no vale la pena seguir. Esta semana el Termómetro de la ACHS y la Universidad Católica volvió a ponerle número: la peor salud mental en cuatro años, un 18,5% de la población con algún problema, casi seis puntos más que el año pasado. Las mujeres y los jóvenes son los más golpeados, y la sensación de tener a alguien con quien contar se vino al suelo. Las cifras son malas y todo indica que van a empeorar.

Esa misma semana, mientras salían los datos, en Lo Barnechea se montaba un festival de bienestar y salud mental, con Finlandia de país invitado y un documental sobre el país más feliz del mundo. En el teléfono, una app que te recuerda respirar. En la oficina, un taller de mindfulness. Octubre es el mes de la salud mental y las empresas lo saben: se pintan el logo de color y mandan un correo con tips de autocuidado, mientras mantienen las mismas jornadas que enferman a su gente. El mensaje siempre es el mismo: cuídate y aléjate de lo que te hace mal.

Todo esto tiene algo en común: es barato y no le molesta a nadie. Un festival gratis, una frase bonita en una historia de Instagram. Es la manera en que un país entero se preocupa por su salud mental sin gastar un peso ni cambiar nada de fondo. Nos alarmamos con la cifra y volvemos a casa con la sensación de habernos hecho cargo. Sentirlo se parece bastante a hacer algo. No lo es.

El mensaje, además, traslada la culpa. Si la salida es que cada uno se cuide y aprenda a gestionar sus emociones, estar mal se vuelve una falla personal. No dormiste porque no apagaste el teléfono; te hundiste porque no supiste poner límites. Así, si la estás pasando mal, el problema es tu actitud, y el sueldo que no alcanza o la vejez sin red quedan fuera de cuadro. Sale barato y le sirve a quien manda, porque corre la responsabilidad desde el Estado hasta tu velador.

Hay una manera simple de saber qué le importa de verdad a un país: mirar dónde pone la plata. Y justo estas semanas, mientras nos preocupábamos, entró al Congreso el primer presupuesto del gobierno de Kast. El gasto total sube un 1,5%: poco, pero por dentro la plata se mueve con fuerza. Seguridad, más de nueve por ciento. Gendarmería, cerca de 18, sobre todo para construir cárceles. En salud los grandes números suben, pero el recorte fino va por dentro: ya en abril Hacienda había pedido estudiar la eliminación de más de cien programas, y entre los que el proyecto propone recortar aparece, con nombre, el de salud mental en la atención primaria, el que atiende justo a quien no puede pagarse un psicólogo particular. El mismo mes en que el país tocaba su peor salud mental, el Gobierno decidía gastar menos en ella.

La salud mental lleva unos 30 años clavada en torno al 2% del presupuesto de salud, con administraciones de derecha y de izquierda, mientras los planes oficiales repiten hace el mismo tiempo que debería llegar al cinco.

Ahí se ve la distancia entre lo que un país dice que le importa y lo que financia. Un festival de bienestar no le cuesta nada a nadie con poder y por eso lo tenemos. Un sistema público que atienda a la gente cuando se está hundiendo cuesta plata y molesta, así que se recorta. En el consultorio, pedir hora con un psicólogo puede tardar meses; la cárcel nueva ya tiene el presupuesto asegurado.

Y no es idea de este gobierno. La salud mental lleva unos 30 años clavada en torno al 2% del presupuesto de salud, con administraciones de derecha y de izquierda, mientras los planes oficiales repiten hace el mismo tiempo que debería llegar al cinco. Treinta años diciendo que nos importa y sin poner la plata. Kast se encontró ese abandono y lo profundiza y encima decide hacia dónde va lo poco que hay.

Porque el bienestar de la gente es material. Respirar hondo no arregla un sueldo que no alcanza ni una vejez sin red. Las decisiones que de verdad mueven una vida las toma la política y esto se votó, con el 58% de los votos. La salud mental es política y seguimos votando a quien la empeora.

El próximo año la cifra será peor. Nos vamos a preocupar otra vez, durante un día. Y la plata va a seguir yéndose a las cárceles.

Por Verónica Aravena Vega

Psicóloga. Doctora en Estudios de Género y Política. Universidad de Barcelona. Máster en Masculinidades y género. Máster en Recursos humanos. Máster en Psicología Social/organizacional. En Instagram

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Las expresiones emitidas en esta columna son de exclusiva responsabilidad de su autor(a) y no representan necesariamente las opiniones de El Ciudadano.

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