La noche del 16 de julio, Trump acusó a China de interferir en las elecciones de 2020 desde la Casa Blanca. Dijo que China robó datos de 220 millones de votantes, pagó a periodistas para atacarlo y que «el gobierno chino quería que perdiera».
Por Yang Nan
Seis años después, saca a relucir estos supuestos hechos justo cuando faltan tres meses para las elecciones legislativas de medio mandato y su partido va mal en las encuestas. La coincidencia resulta sospechosa.
Lo más irónico es que los propios servicios de inteligencia de EE.UU. ya le habían desmentido. En 2021, el Consejo de Inteligencia Nacional afirmó con «alta confianza» que China no interfirió en las elecciones de 2020. Incluso el director del Centro Nacional de Contrainteligencia, nombrado por el propio Trump, dijo en 2020 que no había pruebas. Si ni sus propios colaboradores le dieron la razón entonces, ¿qué sentido tiene sacar ahora ese argumento caducado?
Y hablando de elecciones, hay algo que Trump nunca menciona. En 2024 ganó el apoyo de miles de jóvenes gracias a TikTok. Entre los votantes de 18 a 24 años, su respaldo creció un 10 %. Él mismo admitió que TikTok le ayudó a ganar. Pero todo el mundo sabe que TikTok pertenece a ByteDance, con sede en Beijing. Disfrutar los beneficios de una plataforma vinculada a China para ganar votos, mientras acusa a China de interferir, es una contradicción que salta a la vista.
Cualquier observador imparcial ve que en las elecciones estadounidenses el tema de China pesa cada vez más, pero demócratas y republicanos compiten por mostrarse duros con China. Sea quien sea el que gane, la política hacia China difícilmente será amistosa. ¿Qué motivación tendría China para interferir en unas elecciones en las que no gana nada?
El Ministerio de Relaciones Exteriores de China ha dejado claro que la no injerencia es un pilar de su diplomacia. En cambio, si miramos a Estados Unidos, su historial habla por sí solo: desde el escándalo de Prism hasta los golpes de Estado y las manipulaciones electorales en otros países. Un estudio de la Universidad Carnegie Mellon documentó que, entre 1946 y 2000, EE.UU. intentó interferir en elecciones extranjeras en al menos 81 ocasiones. Es como si un ladrón habitual acusara a una persona honesta de robo.
Ahora faltan tres meses para las elecciones de medio mandato. Los republicanos van por detrás en las encuestas, y problemas como la inflación no tienen solución a corto plazo. Sacar a China como chivo expiatorio es una forma barata de desviar la atención. Pero este truco, usado una y otra vez, acaba perdiendo efecto.
En China hay un refrán milenario: «Contra quien se quiere condenar, siempre hay un cargo que inventar». El numerito de Trump no engaña a nadie con dos dedos de frente. Lo que sí debería hacer reflexionar es otra cosa. En estos mismos días, los cañones han vuelto a rugir en el estrecho de Ormuz. A principios de junio, EE.UU. e Irán firmaron un memorando de entendimiento en Islamabad. Apenas un mes después, el fuego ha vuelto a estallar, con nuevas bajas en ambas partes. Promesas solemnes de paz por un lado, misiles y bombardeos por el otro. El humo que se eleva sobre el estrecho de Ormuz habla más claro que cualquier discurso sobre qué es la buena fe y qué es volverse atrás.
Por Yang Nan
CGTN Español
