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La gente cambia: Estudio a gran escala confirma que nuestra personalidad está en constante evolución

Puedes ser esencialmente tú hasta el día en que mueras, pero no esperes que tu personalidad permanezca inmutable por toda la vida.

Un importante estudio realizado con 50.000 personas a lo largo de varias décadas, encontró que la noción tradicional de personalidad (como fija y sin cambios después de la adolescencia), en su mayoría es errada.

Las personas incluidas en la muestra mostraron una tendencia común a medida que envejecían, disminuyendo en las cinco principales métricas de personalidad en las que se ha apoyado la psicología tradicional.

Los psicólogos han escrito sobre la personalidad por casi tres siglos. Como ejemplo está el famoso texto «The Principles of Psychology» (1890) de William James, quien confiando en la observación personal, escribió que la personalidad queda «grabada como yeso» después de los 30 años.

A más o menos un siglo desde que se publicó ‘Los principios de la psicología’, los psicólogos reconsideraban la personalidad y la percibían más bien como fragmentos.

En 2003, la Asociación Estadounidense de Psicología observó un cambio en el modelo. había consenso entre los miembros de este campo de investigación, quienes comenzaban a considerar a la personalidad más como una evolución constante, incluso a través de la vejez.

El último estudio combinó 14 estudios longitudinales que recopilan información sobre las personalidades de los individuos que incluyen datos de Estados Unidos, Europa y Escandinavia.

Muchos de los sujetos ya habían llegado a la edad adulta, lo que les dio a los investigadores una perspectiva única sobre los cambios de personalidad. Por lo general, los estudios se inclinan hacia los jóvenes.

De los cinco rasgos de personalidad principales: neuroticismo, escrupulosidad, apertura, extroversión y amabilidad, los cinco mostraron grandes fluctuaciones en las vidas de los participantes individuales.

Y todos los rasgos, excepto la amabilidad, mostraron tendencias a la baja de alrededor del 1 a 2 por ciento por década en todos los estudios.

En parte, esto sugirió a los investigadores que el llamado efecto «Dolce Vita» era real: que cuando las personas envejecen, disfrutan de menos presiones sociales y pueden tener más libertad para hacer lo que deseen.

Las personas pueden volverse menos neuróticas en pos de ajustarse al grupo, menos abiertas a probar cosas nuevas, menos concienzudas a medida que se vuelven más egoístas y menos extrovertidas, ya que guardan más para sí mismos.

Estas tendencias aparecieron en casi todas las etapas de los 14 estudios y se mantuvieron casi estables en diferentes regiones geográficas, aunque algunas regiones se desviaron de la norma.

La gente de EEUU mostró disminuciones significativas en la extroversión a medida que envejecía, lo que les indicó a los investigadores una especial conformidad con respecto a no querer parecer muy sociable.

La gente no está tallada en yeso, como afirmó William James hace 128 años. Somos más como el barro, moldeándonos constantemente por sus circunstancias cambiantes.

El Ciudadano, vía Science Alert

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