¿Tu hijo adolescente es un poco torpe? Paciencia

Es que su cerebro aún no logra alcanzar el ritmo de su cuerpo después del estirón.

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De acuerdo a un nuevo estudio, los adolescentes hombres que experimentan un crecimiento rápido (o se pegan el estirón) se vuelven torpes porque sus cerebros no alcanzan a estar a la par con el cambio repentino de sus cuerpos, informa The Independent.

Investigadores italianos estudiaron la forma en que los adolescentes se mueven y encontraron que los que habían crecido 3 centímetros en tres meses tenían la tendencia a ser más incómodos e imprecisos en sus movimientos.

Pero los científicos agregaron que un número de otros factores podrían estar involucrados en las habilidades motoras de los jóvenes, a los que se refirieron como cambios “socio-emocionales”.

“Un repentino aumento en la estatura afecta en la capacidad del cuerpo para controlar las habilidades motoras existentes, como por ejemplo la de caminar. Los adolescentes tienden a mostrar un control previo del cuerpo cuando están creciendo, pero el comportamiento del control motor se organiza de acuerdo a las dimensiones corporales”, explica la Dra María Cristina Bisi, de la Universidad de Bologna, autora principal del estudio publicado en Biomedical Engineering OnLine.

“Después de un estirón, el cuerpo necesita tiempo para adaptarse a los cambios. Durante ese tiempo, un adolescente puede moverse con torpeza”, agrega Bisi.

Los investigadores estudiaron a 88 niños de 15 años provenientes de la misma escuela; los midieron, los pesaron y registraron sus datos. Después de tres meses los volvieron a medir y pesar. En el tiempo transcurrido, 19 de los chicos habían crecido 3 cm o más.

Luego se les equipó con unos sensores en la columna lumbar y piernas y se les pidió que caminaran de ida y vuelta por un corredor de 10 metros para monitorear su caminar. Después tuvieron que hacer lo mismo, pero esta vez haciendo aritméticas mentales –contando en retroceso desde un número al azar en unidades de ocho– para “medir la relativa demanda cognitiva del control de la caminata”. En otras palabras, para medir si los chicos podrían usar su cerebro en calcular al mismo tiempo que lo empleaban en caminar.

Los púberes que no habían crecido repentinamente, sino gradualmente, “caminaron con más fluidez y su zancada fue más regular… especialmente cuando estaban realizando la tarea cognitiva”.

Así es que, padres y madres, si su hijo adolescente se pegó el estirón, tengan paciencia con su “torpeza” (que no es sinónimo de tontera) y entiendan que su cerebro va más lento que su cuerpo, y que ambos están pasando por un importante proceso de adaptación.

Traducción CCV El Ciudadano

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