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Carta a Mandela

Un tercio de los trabajadores de la minas de platino Sudáfrica han sido despedidos esta semana. Hoy convocan a huelgas pacíficas. La mayoría de ellos son africanos (gente de color) Euronews. Enero 2013

¿En qué momento claudicaste? ¿En qué momento decidiste dejar la lucha pacífica para formar un ejército de luchadores con armas? Tú que eras una persona de letras y que te martirizaste cuando mataste un gorrión y un niño te increpó por ello.

Semanas antes de tu giro, convocaste desde la clandestinidad a una huelga pacífica de quedarse en los hogares en señal de protesta. Fue sólo una semana antes. Aun cuando te tuvieron sin comer, cuando te encerraron con frazadas llenas con sangre coagulada y piojos. Aún ahí defendías la lucha pacífica. No fueron los cinco años de juicio a que los que te sometió el régimen, porque aún ahí estoicamente viajabas en pequeños buses hacinados, sentados en asientos de tablas hasta Pretoria todos los días, dos horas de ida y dos de vuelta. No aún ahí tú y tus hombres mantenían el ánimo en alto. Incluso cuando estuvieron aislados antes del juicio en aquellas barracas enormes, sub-alimentados ¡Todos bailaban! Aún pensabas que la vía pacífica era la correcta y la defendiste hasta el final.

Pero, en qué momento del final tu paciencia se colmó y pensaste que a tu enemigo había que pagarle con la misma moneda. Me gustaría entender ese momento, el momento del cambio, de tu cambio. ¿Sería en el preciso momento en que te miraste en los ojos de tus niñas pequeñas luego de verlas después de meses de vida clandestina? Sería el movimiento de sus manitas diciéndote adiós otra vez sin saber que las volverías a ver. O fueron las miles de horas de soledad, las noches trabajando por la causa libertaria en reuniones y las horas diurnas agazapado como un tigre, a veces incluso en casas de blancos, porque ya te habían buscado mucho en los barrios negros. No, no fue cuando tomaron presa a tu esposa porque eso fue mucho antes, casi al comienzo. Hay cambios que llegan como las luciérnagas, en la noche y te enceguecen. ¡Cambiaste! Y contigo cambió tanta gente! Fue necesario encerrarte 28 años en la cárcel en una isla incomunicado para que no siguieras influyendo a tanta gente. Ese momento, ese preciso momento del quiebre de tu paz y resilencia me gustaría entenderlo y preguntarte ahora a tus 94 años, si piensas que el cambio, ese cambio, valió la pena.

Por Francisca Celta

Julio 5 de 2013

Fuente fotografía

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