El Chile que añoro

El Chile con el que con sueño es un país que posee un gobierno democrático y representativo

Por CVN

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Chile / Ciudadanos al Poder

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El Chile con el que con sueño es un país que posee un gobierno democrático y representativo. Es un estado que respeta a cada una de sus etnias, religiones y géneros. Entre otras palabras, es un país que no discrimina ni margina a su pueblo, sino, que integra y une a su gente.

Es un país que posee una constitución de un origen democrático y de una práctica democrática. Es decir, un país donde su pueblo mande y rija sus propias vidas. Una constitución que además protege y ampara a cada uno de sus ciudadanos, sin importar su condición u origen. También añoro un estado que posea un conjunto de leyes que no permita a privados y grandes empresarios jugar al «Monopoly» con la vida de sus ciudadanos.

También sueño con un país laico y con una educación laica. Es decir, un estado que no promueva religión alguna y que se mantenga al margen de todo tema espiritual, el cual solo concierne a cada uno de sus ciudadanos. Para eso, se necesitan instituciones públicas plenamente laicas y una educación estatal que no enseñe «religión», sino que en vez ayude a formar una ciudadanía soberana y participativa.

Busco hacer de mi país una república donde sus decisiones no sean tomadas desde los sesgos, sino que desde la razón y el corazón. Una nación de personas libres y capaces de todo, donde no existan murallas para lograr lo imposible.

Para eso último, es necesario un país que fortalezca su propia educación. Que valore a sus profesores, quienes son los encargados de forjar los futuros diamantes de nuestra nación (hoy en día, la gran mayoría terminan siendo solo «diamantes en bruto» o convirtiéndose en un mero carbón). Una enseñanza que por sobre todo integre y no discrimine, que sea un derecho y no un servicio del mercado, y que por sobre todo, haga de nuestros niños ciudadanos íntegros y no simples máquinas de trabajo.

También me desvelo día y noche, pensando en la triste realidad que viven gran parte de los niños de nuestro país. Es un estado que no solo no ha sido capaz de proteger y cuidar a sus hijos, sino que también en un montón de ocasiones estos han terminado siendo maltratados por quienes deberían defenderlos.

Y aún así, en caso de que esto último cambiara, el estado y el pueblo chileno, estaría en deuda con ellos… Los niños no solo viven de pan y abrigo, sino que también de cariño. Son posiblemente los seres vivos que más pueden entregar y recibir amor. Pero la realidad, o mejor dicho, nuestra trágica realidad, es que tenemos una nación que condena a gran parte de sus hijos.

Además se necesita un país que respete a su tierra, flora y fauna. Para que sirve tanto desarrollo y tanta tecnología, si al final vamos a terminar viviendo en una tierra donde gran parte de su diversidad natural se haya extinta y en la cual sus maravillosos paisajes se hayan perdidos para siempre. Chile necesita ser un país sustentable y que se preocupe de proteger a cada uno de sus seres vivos. No somos los únicos en este planeta y ni siquiera somos lo mejor de el (esa es una verdad que tarde o temprano hay que aceptar).

Por último, sueño con un país solidario, no solo con sus propios ciudadanos (donde el deber del estado es augurar el cumplimiento de sus derechos), si no que también con los demás países y en especial, con quienes son sus vecinos. La existencia de rencillas con los países vecinos se entiende, pero para cada pelea se necesitan aunque sea dos combatientes, basta que uno abogue por la paz y la integración, para lograr términos que favorezcan a todos. Chile no solo ganaría una mejor y más tranquila posición geopolítica con esto, sino que también podría reducir su gasto en armas, para invertirlo en la educación y salud de sus propios ciudadanos.

Para eso también es importante cambiar nuestra política de inmigración por una más acorde a los DDHH, osea, pasar a tener un modelo de desarrollo humano, que respete la humanidad de cada extranjero sin importar su nacionalidad.

Aún me cuesta entender la posición individualista de cierta parte de la ciudadanía chilena. Es cierto, a la gran mayoría de las personas le gustaría tener mayores comodidades y hasta lujos, pero… si solo sacrificar un poco de todo eso bastara para cambiar la realidad de todo el mundo que lo rodea ¿Por qué no hacerlo? Es uno quien gana viviendo un país con un pueblo feliz e íntegro.

Al final, depende de cada uno lograr hacer de este un país mejor. Yo pondré mi ladrillo, pero se necesitará que todos pongan el suyo para lograr construir un país mejor y que este sueño se convierta en una realidad.

Por Alejandro Basulto, militante Juventud Radical de Chile

 


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