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Renuncio a la docencia…para EDUCAR (Carta de renuncia de un profesor)

Santiago, 12 de Septiembre de 2013

Colegio Rafael Sotomayor Baeza

De mi consideración:

A través de la presente carta, deseo comunicarles que estoy renunciando de manera irrevocable a mi puesto de Profesor del colegio Rafael Sotomayor Baeza, y deseo que esto se haga efectivo a partir del día 12 de Septiembre de 2013

El motivo de mi decisión está relacionado a mi crecimiento profesional e ideológico y tiene como causa, el haber comprendido el mal endémico que aqueja a la educación chilena, el lucro. Esta palabra, tan usada entre los estudiantes en las protestas sociales desde el 2011 en adelante, cobra aún más sentido cuando se trabaja en un colegio en Chile.

Hoy estoy más convencido que nunca, que la educación es un derecho y no un privilegio, que no es una mercancía transable como piensan los empresarios de la educación en este país y mientras esta siga en manos de corporaciones, empresas familiares o pequeños sostenedores, jamás tendremos una educación liberadora y con aspiraciones de cambio social.

En este caso personal, las razones que motivan mi determinación son varias y me daré el tiempo de explicarlas. Uno de los males inmediatos que aquejan a la educación subvencionada en sectores populares es la infraestructura. En mi experiencia profesional de cortos cuatro años, he vivido el flagelo de no contar con salas acondicionadas para una educación de calidad. Me refiero a salas frías, con mobiliarios antiguos y en mal estado y maquillados año a año con pintura para disimular su deterioro. Los patrones, convencidos de que las escuelas son sus feudos, no son capaces de invertir en una infraestructura digna para educadores y educandos y no se cuenta con los materiales necesarios para realizar clases de calidad, con metodologías innovadoras y entretenidas que hagan del proceso de aprendizaje un momento especial, de alegría y creación.

Pero no es solo la infraestructura el problema. No sacamos nada con tener un edificio de lujo y salas modernas si no concebimos la educación como una herramienta para transformar la realidad. Los colegios son dispositivos de coerción y coacción y tienen metodologías afines a la sociedad autoritaria que hemos creado desde la época de los totalitarismos. Toda su simbología y los roles en su interior cumplen la función de institucionalizar la prohibición y el castigo como ejes de trabajo, y lo hacen justamente porque el rol de la educación en los sectores más populares es explicarles a los “niños pobres” quienes mandan y quiénes deben obedecer.

Este autoritarismo y verticalidad en los centros educacionales no es solo en la relación escuela-alumno, sino también dirección-profesores. Los sostenedores de colegios, incurren en los más indignos tratos para con los educadores y en general con todo aquel que consideren subordinado. Las órdenes muchas veces se hacen a través de gritos y amedrentamientos, que los profesores acatan porque saben que sus contratos penden de un hilo, que la ley cortará siempre en favor de los patrones. Bajo esa misma lógica de abuso y sinvergüenzura, los sostenedores arman cursos al límite de lo permitido por la ley y dejan a los profesores a cargo de verdaderas jaulas de 45 estudiantes y a la vez reducen las horas del docente con tal de ahorrarse dinero y engordar sus bolsillos.

Pero donde derechamente se extralimitan es en la falsificación de las asistencias porque saben que desde “subvención” jamás llegarán a fiscalizar y por tanto se dan el lujo de inventar la asistencia de estudiantes que muchas veces ni siquiera el docente conoce. Esto se da sobre todo en las escuelas nocturnas que participan del sistema 2×1.

Los profesores, rara vez tienen tiempo de preparar sus clases y las planificaciones se tornan una formalidad que rara vez el o la jefe técnico revisa. Por otra parte, los consejos de profesores son una tediosa instancia de chismes sobre los alumnos, donde los docentes hacen gala de quien es más duro e injusto y comparan los castigos y humillaciones a “los niños”.

Por estas razones y otras más que no expondré aquí, es que renuncio. Porque mi conciencia no me deja tranquilo al pensar que soy cómplice de un sistema que reproduce injusticias y encubre el enriquecimiento de un o una sostenedor (a) a costa de decenas de jóvenes que año a año se ven obligados por su miserable realidad a estar en un colegio para la obtención del famoso “cartón” de cuarto medio.

Por último y dejando atrás las razones de mi renuncia, quisiera agradecer la oportunidad de haberme desarrollado profesionalmente aquí, a don Francisco Donoso, Inspector de la noche, que con palabras sabias y conducta recta, supo brindarme apoyo para enfrentar el día a día y de quien puedo decir, aprehendí realmente lo que es educar.

Aún con todo lo dicho anteriormente, no me retiro de la enseñanza, seguiré en ella porque quien nace educador, morirá como tal y desarrollaré mil experiencias más en la “pobla”, en los barrios, en las ferias libres y asambleas de estudiantes, junto a mis compañeros y mis vecinos disputándole a los poderosos los territorios y destruyendo su maquinaria de ignorancia y superexplotación. Me retiro de esta perorata con una reflexión nacida en las calles durante las protestas sociales de la década recién pasada, porque en esta etapa de mi vida, casado, hombre de familia, la rebeldía cobra más sentido y el sueño de construir una sociedad más justa solo se logra bajo una sola enseñanza:

“(…) en la calle, sin permiso, yo me educo y organizo”

Pablo Simón Sandoval B.
Profesor de Historia
Militante de las Escuelas Populares de Chile

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PabloSandovalBelmar
Licenciado en Historia de la Universidad de Concepción y tesista en la maestría en Historia de la Universidad de Santiago de Chile. Profesor a honorarios y viajero.
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