Un día no decide esta elección

Queda mantener la esperanza en el pueblo, la convicción en que la gente se manifestará en las urnas para elegir a quienes permitan redactar un documento constitucional que establezca el resguardo de nuestros derechos

Por Felipe Cornejo

Navegando por las redes sociales, lo primero que aparece es la constante crítica a la participación ciudadana en estas multi elecciones. Ciertamente es algo lógico si se aprecian las cifras de participación entre las “comunas del rechazo” y el resto en que, recordando la elección anterior, ganó el apruebo.

Este proceso es muy distinto, por una serie de factores, dentro de ellos algo fundamental, la posibilidad de asistir el sábado 15, o bien desde las 8 de la mañana del domingo 16 de mayo. La pandemia fue el detonante de esta determinación, aquello y la cantidad de determinaciones que debe hacer la ciudadanía, cuatro papeletas y, algunas de ellas enormes (la de constituyentes, por ejemplo), no es una situación rápida de poder llevar, más aún considerando que hay que doblar cada voto y pegarle el autoadhesivo, no aplicarle saliva como se hacía antes, quizá ahí radica el error del presidente Piñera al emitir sus sufragios.

Recordando las opiniones que se escuchan en la calle, o se ven en nuestras pantallas personales, si ha ido gente a votar, y era una visión común. Hasta por lo menos las 3 o 4 de la tarde, había gente haciendo válido su derecho a decidir, pero remitiéndose a lo comprobable, los números indican otra cosa, por más filas o gente votando que se haya informado en los noticiarios de la tevé a color, o hayan contado familiares en los grupos de WhatsApp. 

Para explicar esto se pueden argüir muchos planteamientos y, como en todo hecho humano, puede que todos estén en lo correcto, sin embargo, hay un elemento que parece fundamental y se ciñe a momentos cruentos de este país, la dictadura. 

Siempre recuerdo a mi abuelo contándome acerca del plebiscito para la constitución del 80, cuando el fraude marcó la victoria de la constitución elaborada por la comisión Ortúzar, ya lo cuentan los distintos análisis históricos y jurídicos.

La mención a la dictadura cívico-militar y su fraude no es por hacer una mera crítica a ese nefasto momento, sino aduce al miedo a la manipulación que podría ocurrir con los sufragios registrados hasta hoy, miedo que se ve acrecentada con las acciones en las que ha incurrido la administración actual: violaciones a los derechos humanos, represión y un desinterés casi criminal sobre las condiciones de vida de la población que, si no hubiera sido porque debieron salir a manifestarse, no hubiera tenido ayuda alguna.

Además, se da que la figura de las fuerzas armadas y carabineros no goza de gran apoyo y credibilidad, aunque estas organizaciones pretendan plantear que es culpa de los medios y la izquierda, los únicos responsables han sido ellos (los que mantienen la hegemonía del uso de la fuerza), que han desfalcado al estado y cometido muchos otros delitos graves.

Recuerdo a una señora que me dijo días atrás que ella iría a votar el domingo por este temor al fraude, y contraviniendo la falacia del todo por la parte, no fue solo ella quien lo ha dicho, sino se lee en constantes opiniones. 

A estas alturas de la noche o de la mañana del domingo, lo único que queda es mantener la esperanza en el pueblo, la convicción en que la gente se manifestará en las urnas para elegir a quienes permitan redactar un documento constitucional que establezca el resguardo de nuestros derechos. El pueblo no se dejará engañar, ni se quedará en sus casas, la tarde del 16 de mayo será la fiesta de la gente, en dignidad, en la Villa Francia, en La Bandera, La Victoria, y todos los lugares olvidados y vejados a lo largo de la historia de Chile. Ahí recordaremos a Allende: «Les digo que se vayan a sus casas con la alegría sana de la limpia victoria alcanzada. Esta noche, cuando acaricien a sus hijos, cuando busquen el descanso, piensen en el mañana duro que tendremos por delante, cuando tengamos que poner más pasión, más cariño, para hacer cada vez más grande a Chile, y cada vez más justa la vida en nuestra patria».

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