2018: El año en que nos despertamos

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Sin duda este año que terminó estuvo lleno de hitos culturales y vale la pena repasar algunos: comenzamos el año con la partida de nuestro gran antipoeta Nicanor Parra. En febrero recibimos el anuncio del primer Oscar para Chile en la categoría de Película Extranjera con “Una mujer Fantástica”. La música chilena también nos trajo buenas noticias cuando nos enteramos que más del 51% de los chilenos declaró escuchar muchísima música nacional, contra todo augurio de los intereses radiales multinacionales. El teatro este año, nos presentó temáticas de género, inclusión y multiculturalidad convocando a más de 265.000 espectadores solo con las 10 obras más vistas. Terminamos el 2018 con el reconocimiento a Diamela Eltit con el Premio Nacional de Literatura y Adriana Valdés como primera presidenta mujer de la Academia Chilena de la Lengua. El 2018 fue un año de mujeres fantásticas en la cultura que nos permiten enorgullecernos de nuestras creaciones y artistas.

A nivel institucional también hay cosas que decir. La inauguración del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, cuyo nombre luego de largas horas de debate parlamentario logra a lo menos desde la palabra, reconocer a Chile como un país de diversas culturas. Su implementación, que coincide con el cambio de gobierno, tuvo un complicado inicio marcado por una rotativa de ministros, donde uno de ellos solo duró 92 horas. Lo que parecía el peor de los escenarios para artistas y creadores, terminó significando un espacio activo donde el mundo de la cultura dijo “NO” con tanta fuerza que al propio Presidente le quedó claro que los artistas, creadores y gestores pesan. Recuperada la calma y con nueva Ministra, vino un segundo capítulo institucional, marcado por las bajas presupuestarias que impactaban directamente a organizaciones colaboradoras del Estado, aquellas encargadas de darle cuerpo en el territorio a la política pública. Esta vez los Gestores Culturales, movilizados por la certeza, dijeron “NO” y lograron, tras duras negociaciones respaldadas por artistas y creadores, recuperar el presupuesto asignado a estas organizaciones.

Sin embargo, y a modo de recuento, es interesante detenerse un momento en otros hitos culturales, esos que si bien no están relacionados con nuestra creación artística representan nuestra identidad cultural, el cómo somos, qué nos pasa, qué nos preocupa, conmueve y convoca a los chilenos.

Este año 2018 Chile promulgó una Ley de Identidad de Género, que permite el cambio de nombre y sexo registral para las personas que no se identifican con el sexo asignado al nacer, transformándose en una primera señal de un cambio cultural que nos permite considerarnos iguales antes que portadores de un sexo.

En junio las noticias de abuso laboral y acoso sexual recaídas en los directores de televisión y cine, Herbal Abreu y Nicolás López, nos tocan la puerta para recordarnos que somos parte de un mundo que nos parecía lejano. El debate que instaló esta polémica nos permitió que las lógicas de abuso se producen en todos los campos, incluido nuestro sector que ha reaccionado de manera activa diseñando protocolos frente a abusos de poder, que se están implementando en diversos equipos de trabajo.

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Por otra parte, nos tocó enfrentarnos (aunque venía arrastrándose por años) al oscuro mundo de abusos de la iglesia. Sin duda este episodio ha significado para todos cuestionarnos la naturaleza de estas estructuras de poder, instaladas como propias al hombre, gobernadas por el abuso hacia los más débiles.

En noviembre, la muerte del comunero Mapuche, Camilo Catrillanca, nos sorprendió desde la fuerza de las imágenes. El conflicto en la Araucanía ha acumulado víctimas por años, no es este el primer Mapuche muerto, pero su registro audiovisual le entrega la carga ineludible de la realidad.

La pregunta que nos deja, es ¿qué es lo que muere con la muerte de Camilo? Lo que muere junto a Camilo es la aceptación de nuestra realidad pluricultural. Nos hemos dedicado por siglos a invisibilizar al diferente, temerosos de que nos usurpen nuestra identidad, cuando en realidad es esa diversidad la que nos constituye como sociedad chilena y es desde ahí que debemos construirnos.

La imagen proyectada por el artista Octavio Gana en plena Plaza Italia nos recuerda esta pregunta.

Terminando el año nos sorprende la decisión del Gobierno de no adherir al pacto migratorio, un gesto poco afortunado que debemos revisar, en un mundo globalizado donde la migración es parte de la lógica natural.

El 2018 debemos recordarlo como el año en que cuestionamos espacios que nos resultaban incuestionables. Hemos descubierto que no estamos exentos de corrupción, y abusos de poder incluso en instituciones que nos parecían intachables. Es el año que recordaremos como aquel donde los artistas, gestores y creadores tuvimos fuerza y tenemos el deber de expresarnos en asuntos de nuestra identidad como sociedad.

En este sentido, el desafío es enorme y entusiasmante. Los artistas, creadores y gestores tenemos la posibilidad de crear desde lo más oscuro de nuestra sociedad algo que tenga sentidos estéticos, espejos de nuestros comportamientos y propuestas de nuevas miradas.

La Cultura es eso, la capacidad de crear relatos que por un lado están construidos por nuestro adn ancestral, pero también por elementos renovadores y cohesionadores y cargados de creatividad.

Los Gestores y Gestoras Culturales somos responsables de hacer conversar a los artistas con las temáticas sociales y la propia sociedad.

AdCultura les desea a toda la comunidad cultural del país un año próspero y creativo.

Tehani Staiger

Presidenta de ADCULTURA