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21 sobre 27 en el Parlamento Europeo

Hace algunos años, cuando la Unión Europea integraba solo quince países, once de ellos tenían un gobierno social demócrata. Hoy por hoy la UE integra 27 países, 21 de los cuales tienen un gobierno conservador.

Las elecciones al Parlamento Europeo de ayer dejaron en evidencia que la larga agonía de la social democracia europea, si no ha terminado, se encuentra en estado avanzado. Allí donde aun está en el gobierno la SD sufrió derrotas significativas o derechamente aplastantes.

En Gran Bretaña el “progresista” Gordon Brown obtuvo apenas un 15% de apoyo popular, y llegó tercero detrás de los conservadores (29%) y de los eurófobos de Ukip (17%). En España el PSOE perdió frente al Partido Popular que lo distanció por cuatro puntos (42,2% contra 38,05%).

En Francia el PSF obtuvo apenas un 16% y pasó de 31 diputados a solo 14, frente a un Sarkozy que obtuvo casi un 28% y vio aumentar sus diputados de 18 a 29. En Italia, el partido de Berlusconi, esa “cosa” como la califica Saramago, se dio el lujo de obtener un 34,7%, mientras que el Partido Demócrata bajó del 33% que obtuvo en el 2004 a un magro 26,5%. En Alemania, la conservadora Angela Merkel obtiene 38%, contra un 20,8% para sus “aliados” socialdemócratas que sufren la peor derrota de su historia.

Solo en Grecia y en Holanda la izquierda logra mantener o aumentar su votación. Ambos países representan menos del 1% de la población europea…

La crisis financiera y económica en curso afectó a los gobiernos europeos en modo diferenciado: los gobiernos de derecha salieron fortalecidos, los gobiernos de izquierda (si uno osa llamarles así) pierden apoyo.

De nada sirvió que Harlem Désir, cabeza de lista de los socialistas franceses en París, declarase a última hora: “La época del social liberalismo quedó atrás”. La imagen y la acción privatizadora, destructora de los servicios públicos y de los derechos laborales les quedó impresa en la frente.

Ante la catástrofe -una vez más-, los social demócratas europeos llaman a la “unidad”, a la “renovación”, a resolver el problema de “identidad”, a la “modernidad”, a la “estructuración de un programa”, a terminar con el “triste espectáculo de las  divisiones internas”.

En los últimos años la derecha europea recuperó para sí misma el discurso de la izquierda, sus partidos se llaman “populares”, el de Berlusconi derechamente… ¡Partido de la Libertad!, ante la crisis los gobiernos conservadores no han dudado en nacionalizar la banca o en financiar con dinero público las empresas a mal traer, sus programas plantean la defensa de los derechos de los trabajadores, del “pueblo”, de los “ciudadanos”, sí, sí, del “pueblo” y de los “ciudadanos”.

El resultado de ayer lo explican algunos elementos demasiado simples como para ignorarles: desmovilización de los asalariados y de los sectores más desfavorecidos y vulnerables, confusión creada una social democracia ansiosa de demostrar su apego al mercado y su afección por el mundo de las finanzas, una derecha populista que no duda en utilizar en su provecho el lenguaje y las reivindicaciones que alguna vez fueron propios a la izquierda.

Cuando la social democracia gobernaba 11 países de los 15 que conformaban la Unión Europea, nunca intentó marcar la construcción comunitaria con el sello de lo social.

Ahora que la derecha conservadora controla 21 gobiernos sobre 27, además del Parlamento Europeo, no cabe duda de que pondrá en práctica sus políticas más reaccionarias.

Por Luis Casado

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