A propósito de la reforma: historia, memoria y mercado

            El ramo de historia en los programas escolares tiene una doble función, la primera de ellas es relativamente evidente, y es que los estudiantes comprendan el proceso de creación de instituciones, costumbres y órdenes sociales

Por CVN

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            El ramo de historia en los programas escolares tiene una doble función, la primera de ellas es relativamente evidente, y es que los estudiantes comprendan el proceso de creación de instituciones, costumbres y órdenes sociales. La segunda es la creación de la memoria.

            La primera función está relacionada con un cierto ámbito de “objetividad” de la ciencia histórica, aún cuando a la vulgata posmoderna le incomode tanto lo de “objetivo” como lo de “ciencia”. Por cierto que esta objetividad no es neutral, ni en la selección de los contenidos ni en la profundidad que se le confiere a cada uno, pero su criterio último no puede ser su posición política, sino la “verdad” sobre la que esa posición se sustenta.

            Recalcar esto es importante, pues por poner un ejemplo común, los buenos profesores de historia pueden estar a favor o en contra del golpe de Estado de manera legítima, lo que no pueden decir es que fue un acto democrático. En otros términos, la asignatura de historia asegura cierto margen de discusión sobre hechos, no sobre meras opiniones; lo que nos brinda un apreciado marco de posibilidades de razón y una línea más o menos certera con la que juzgar la ignorancia.  

            La segunda función, la de crear memoria, es tanto o más importante que la primera y es en realidad, el gran motivo por el que se enseña historia en los colegios.

            Los países y sus naciones, están compuestos por individuos, pero tan cierto como eso, es que esos individuos pertenecen a comunidades con historias y con memorias que le otorgan un sentido y visión de mundo a las personas particulares. No nacemos con una visión de mundo, sino que la vamos construyendo a lo largo de nuestras vidas, en base a valores y memorias heredadas.

            La inclusión de la historia en el currículo escolar, tuvo precisamente la intención de construir una memoria común en el país, la cual se ha ido disputando en la medida que diferentes actores sociales han logrado “infiltrar” la escuela. Con todo, nos guste o no la memoria que la historia construye, el espacio generador de esta es principalmente la institución escolar.

            Esa memoria, es la que en la medida que se disputa nos puede dar la consciencia de pueblo y de unidad mínima que las élites tanto temen. Por ello la reforma del Presidente Piñera que establece su opcionalidad en el currículo en los momentos de mayor capacidad crítica de los estudiantes, tercero y cuarto medio. Si no es la escuela la que construye memoria será el mercado, el de las películas patrioteras, el de los desfiles, el mercado de la fonda y la cueca de los Huasos Quincheros, el del tío facho en la sobremesa, el de la opinión fácil de las encuestas y periodistas de dudosa independencia.

            La memoria es la base de todo tejido social posible, por ello disputar y defender la historia es uno de los deberes más importantes que un pueblo puede asumir.

26 de abril de 2019, América Latina.

Jamadier E. Uribe Muñoz
Director
Núcleo 12 de Octubre de Pensamiento Decolonial


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